
I
Capítulo 1
No recuerdo bien el día que era, mucho menos
la fecha, y la manta de nubes que cubría el cielo de esta destruida y
deprimente ciudad al borde del colapso -por las incontables batallas libradas
en ella- dificultaba mucho el si quiera tratar de adivinar la hora del día. Esta
ciudad… me pareció que había estado en ella antes, ¿ayer? ¿O quizás hace mucho
más tiempo? No lo sabía, pero si pude asegurar que había estado allí en
incontables ocasiones, siempre que me alejaba de ese endemoniado sitio,
aparecía vagando en sus calles de regreso, pero eso nunca había presentado un
problema para mí. A veces veía gente en ella, en sus calles, otras son solos
sombras que bailan de aquí para allá en el rabillo de mi ojo, pero en su
mayoría personas buscando alimento o cualquier recurso u objeto que les sea de
ayuda, y dudo que alguien sepa, más que yo, que sus intentos para encontrar
nada en este intento fracasado de urbe, son en vano.
La sangre que brotaba de la herida en mi pecho
recorría mi cuerpo. El fusil en mi mano derecha, mi viejo fusil, un maltratado
Ar-15 A2 que pude comprar en el asqueroso y mugriento refugio en el que crecí,
y mi mano izquierda presionando la herida que aquella chica había dejado para
luego esfumarse cuán rápido salió de la nada. No podía recordar nada más allá
de unos cuantos minutos en los que volví a estar consciente, y fue cuando me di
cuenta de que vagaba en esta peculiar ciudad una vez más. Una guarda camisa
bajo mi chaqueta cuyos bolsillos estaban llenos de objetos como munición,
papeles y una que otra golosina y una bermuda con camuflaje boscoso en la cual
también llevaba munición y cosas que ni siquiera recordaba, mis botas y mi
casco, todo un conjunto, rasguñado y bastante maltratado, lo único que me
abrigaban del terrible frio que azotaba la ciudad. Un rasguño en mi mejilla que
cubría con una gaza y una gran herida en la frente, las muestras de que nada ha
sido color de rosas para mí.
Un fuerte estruendo me sacudió, tenía que
salir de en medio de la calle lo más pronto posible. Apresure el paso mientras
oía algo acercarse, algo enorme y peligroso que sacudía las calles con fuerza,
Salí corriendo como si supiese a dónde diablos me dirigía, como si algo me
jalara de la cintura, el estruendo sacudía los edificios y la brillante idea de
correr por un callejón en medio de dos departamentos se convirtió en una
completa estupidez, pues las vibraciones hacían caer pedazos de ladrillos,
materos en los bordes de las ventanas, tierra, todo lo que se podría encontrar
en las paredes de un departamento. Zigzagueaba para evitar lastimarme con estas
cosas pero no podía evitar todo lo que callera, y muchos menos hacerlo sin
tropezar con las ridículas cantidades de basura que se hallaba en el piso de
ese callejón. Conseguí salir, bastante sucio y maltratado, y aun así tenía que
seguir corriendo sin rumbo, algo se acercaba y no quería estar ahí para cuando
llegase. ¿Qué demonios está pasando? ningunos
de los que estamos en esta guerra lo sabe, nacimos en combate, vivimos en
combate, moriremos en combate.
Huyó despavorido. Mis pies ya estaban cansados,
el pueblo en ruinas no poseía rincón alguno en el que pueda ocultarme, mi rifle
ganaba peso conforme caminaba, el peligro se alejaba, lo podía sentir, pero yo
también, estaba perdido, ¿Cómo podría
estar perdido en una ciudad que ya he recorrido hasta el cansancio? Esta
ciudad tiene un aire de misterio desde el primer día en el que la vi, como si
se reinventara con cada visita, solo conocía un lugar al cual ir mientras
estuviese aquí, los suburbios, ahí me sentía como en casa, pero para llegar
tendría que atravesar media ciudad, nada que no hubiese hecho antes.
Empezó a llover, El dolor de mi pecho
desapareció por un momento, me sentí aliviado, pero como de costumbre, sabía
que no duraría mucho en este estado, tenía que encontrar medicinas o cualquier
cosa para curarme, y rápido. Mas callejones, caminar por ellos es más seguro
que ir por la calle, tenía que encontrar refugio rápido y el trotar por
callejones húmedos no ayudaba a concentrarme. Como si yo hubiese dicho “Esto no
puede empeorar”, la ciudad fue invadida por una morosa neblina que no hacía más
que entorpecer mi camino, las luces parecían mucho más brillantes, las calles
parecían alargarse con cada paso, y una verja oxidada apareció de entre la
densa neblina, me vi forzado a rodearla y me encontré con una puerta de
alambres semiabierta que daba con una especie de estacionamiento privado, como
si algo me llamara al interior de esta extraña localidad, atravesé y cerré la verja,
el abandonado estacionamiento no me inspiraba mucha confianza, pero el
imponente edificio que le precedía sin duda llamaba la atención “Tal vez sea la parte trasera de un centro
comercial”. No sé si era el frio de la lluvia y la neblina, la pérdida de
sangre, o simplemente una señal del destino, pero yo nunca habría entrado a un
lugar como este, y menos de la forma tan relajada en la que lo hice. Una puerta
en un anexo de este edificio me invito a pasar, tenía algo escrita en ella con
una especie de pintura roja, con muchísima dificultad deduje lo que tal vez
podría decir; “Zona Segura”, ¿Podría
ser? ¿Un refugio al fin?, solo había una forma de saberlo. La rechinante y oxidada puerta solo era una
referencia de lo que me encontré en ese lugar. Algunos huesos humanos cubiertos
por harapos, libros, cuadernos, algo de comida y muchas hojas de papel con
cosas escritas, era lo que cubría el amplio y frio suelo de ese lugar. No le di
importancia, deje caer mi rifle y junto a él, mi cansado y abatido cuerpo, me
recosté a la pared mientras veía como la sangre que teñía mi mano se secaba, y
me pregunte ¿en verdad este es el final?
¿Tantos años en combate, sin siquiera
saber cuál era el objetivo? ¿Sin saber qué hacer, ni quién era el enemigo? ¿Mi
destino estaba unido al de los esqueletos en este lugar?
No tenía ni idea, y la verdad no quería ni
pensármelo dos veces, solo sabía, que tenía mucho frio, pero tan rápido cerré
mis ojos para intentar dormir un poco por primera vez después de varios días,
un pequeño ruido, me causó unos intensos escalofríos, como si de un verdadero
combate se tratase, tome mi rifle, y sentado en el piso, recostado de la pared,
apunte a todos los rincones de la devastada habitación y… allí estaba… detrás de los escombros, al otro lado de la
habitación, una joven y hermosa chica, mis ojos no podían dejar de verla, mi
corazón no dejaba de latir como loco, y mis manos temblaban, mientras ella me
miraba con unos profundos e hipnóticos ojos casi como si ya nos conociéramos,
como viendo y examinando mi alma, mientras yo contemplaba la suya, algo dentro
de mí me decía; Es ella.
Una mirada fría, pero al mismo tiempo tan
dulce. Parecía como si pudiera ver a través de mis ojos, como si estuviera
escaneando mi ser. Tenía un corto y hermoso cabello color castaño con destellos
de miel que llegaba hasta su cuello el cual cubría con una especie de bufanda,
un delgado suéter de rallas bajo un grueso chaleco antibalas y un pantalón de
campaña que terminaba en una grandes botas, un rostro limpio, definido,
simplemente hermoso, y unos grandes y maravillosos ojos cafés. Nos quedamos
viendo por, lo que a mí me pareció una eternidad, era la chica más hermosa que
había visto jama, el pulso me temblaba mientras ella con un libro entre las
manos me examinaba con la mirada.
Paso un largo rato hasta que uno de los dos
pudo decir algo.
— ¿Qué haces? —Dijo ella con una voz casi
angelical.
—Hola… eh… nada… —En el momento en el que
me hablo me dieron ganas de vomitar, como si sus palabras, me sacudieran por
dentro.
Y casi como un susurro me dijo; —Está bien. —Volvió a enfocar su mirada
en su libro.
Yo estaba impresionado. Mientras mi corazón
latía más y más fuerte más sangre fluía de mi herida, pero, eso no pareció
importarme, me tenía hipnotizado cual cavernícola con el fuego, era, de verdad,
la chica más hermosa que jamás había visto. No, no me cansaría de decirlo.
—
¿Quién eres? —Le pregunte después de
respirar profundo para calmarme un poco.
— ¿Quién eres tú?
Yo llevo aquí mucho tiempo y jamás te había visto.
—Eh, si…
disculpa, me llamo Lucas.
—Pues hola, me
llamo Anair.
—Un placer Anair.
Anair... el nombre más hermoso que había
escuchado… Tenía unas inmensas ganas de hablar con ella, de mantener una
conversación, pero algo en mi interior me lo impedía al mismo tiempo que una
voz en mi cabeza me decía; “es ella… por
eso estamos aquí, por algo llegaste a este lugar, por eso entraste a este
refugio, por algo no has muerto aún”.
Su hermoso cabello obscuro con destellos color
miel, su rostro, sus hermosos ojos café, no podía dejar de verla me tenía
hechizado.
—Disculpa… ¿qué haces aquí?, digo, es un,
extraño lugar en donde podría estar una chica como tú —Anair cerró su libro
y me miro con una expresión de incomodidad y de molestia.
-¿A qué te
refieres a una chica como yo?
Me puse nervioso, más de lo que ya estaba—. Eh, no… digo... es que, eres… —“Piensa, piensa, piensa”—, eres tan hermosa como para estar en un
sitio, tan… desastroso y muerto como este —“buena jugada”. Su mirada cambio de golpe a una de indiferencia;
—Bueno… algunas personas preferimos vivir en
un chiquero solitario, a morir en un campo de rosas.
No solo era hermosa, era… inteligente, o
quizás había leído eso en un libro, daba igual. Me acerque un poco a ella sin
levantarme del piso.
—Y dime, Anair… eh… no… no sé, siendo
sincero, solo quisiera conversar un rato.
—Pues no sé,
creía que los hombres eran quienes tomaban la iniciativa.
—Pues sí, pero a
veces los nervios no te dejan pensar con claridad ¿sabes?
Volteo a verme con ojos extrañados y con un
tono casi burlesco—. ¿Estás nervioso?
—me pregunto acompañada de una risa nasal.
—
¿Qué? No… eh bueno, sí, un poco.
—Jajaja, ¿por qué
estas nervioso?, ni que fuera la primera chica a la que ves.
Nunca una tan hermosa, pensé. Se levantó de la
roca en la que estaba sentada, tomo su mochila y dijo— Bueno, yo me voy a dormir, estoy cansada, nos vemos luego Lucas —Dio
media vuelta y empezó a caminar.
— ¡ESPERA!
— ¿Si? —Respondió casi
de inmediato
— ¿me podrías
decir algo?
—Eh, creo, dime…
— ¿Qué edad
tienes?
—jajaja, no sé
por qué me imaginaba que preguntarías algo así, tengo 17, pero mis amigas
siempre dicen que aparento más. Jajaja nos vemos.
¿17 años? Como es posible que… — ¿Qué? —pregunte sorprendido—. ¿Amigas? ¿Quieres decir que hay más personas
aquí?
—Claro, este es
la zona segura, aquí no pueden hacerte daño, por eso muchas personas se quedan
aquí por un tiempo, y como puedes ver, algunas también mueren aquí, buenas
noches.
—Con su libro y mochila en mano desaparece por un pasillo obscuro y tenebroso
cuyo fin era una puerta con muchas cerraduras.
—Buenas… noches. —dije suavemente
mientras la veía atravesar aquel curioso portal.
Solo 17 años, 3 años menor que yo, y me había
cautivado totalmente, no sabía qué hora era, ni siquiera el día en el que
estábamos, lo único que sabía es que esa chica era única, era la más hermosa
que jamás había visto, y algo en mi interior insistía; “ ¿Es ella la razón por la que estoy aquí?” sin duda acababa de
sentir algo, algo que no sentía desde hace mucho tiempo, ya sabía
identificarlo, estaba… ¿Enamorado’.
No lo sé, había llegado a este lugar y sin
dudas no era el momento de matarme la cabeza con teorías románticas, o bien no
por ahora. Me sentía muy cansado como para seguirla por el pasillo o para
siquiera levantarme de ese comodísimo y frio piso, mejor dormir un poco, me
quite mi casco y mi chaqueta, la doble y la use como almohada. Era hora de
descansar un poco.
°°°
Hace mucho, unos 5, 6 años tal vez, estuvimos
muchas personas reunidas en un refugio que se asemejaba bastante a un bar, era
un Bunker, paredes de ladrillos bastante húmedas, lámparas de aceite, algunos
charcos de agua en el piso y muchas mesas, las personas gustaban ir a ese lugar,
pues estaba protegido por alguna especia de gobierno o régimen que prohibía y
penaba todo acto de violencia dentro del área del bunker, no obstante había
algo de agresión por parte de alguno que otro antisocial dentro de las
instalaciones. Se dividía en varias y amplias habitaciones, una especial para
el descanso de las personas llena de literas de hasta 3 camas, podías pasar
hasta 3 noches seguidas por un módico precio, habían zonas comerciales en lo
amplio y largo de los pasillos diferentes al área comercial oficial del bunker,
habían pequeños establos internos en el bunker que protegía al 70% de la
población del ganado del mismo, el otro 30% yacía afuera en pequeñas granjas,
esto se hacía para asegurar la supervivencia alimenticia de los visitantes,
pues el robo de ganado era algo común, y por ultimo había un enorme comedor,
Todo el mundo hablaba y muchos gritaban por gente que supiera hacer cosas, “¿quién
tiene munición 9mm?” “alguien que sepa de rifles de francotirador” “vendo pan
de ajo” entre muchas otras cosas, parecía un mercado teniendo en cuenta la
muchedumbre de que comerciaba en los pasillos comprando y vendiendo, me acerque
a la barra en la que se ordenaba todo tipo de comida y bebida, aproveche a tomarme una soda, de repente, una
chica grito:
—
¡¿ALGUIEN AQUÍ SABE DIBUJAR?!
Esa última exclamación llamó mi atención,
puesto que, como pase mucho tiempo en ese lugar, busque un pasatiempo y
descubrí que el dibujar se me daba muy bien.
—Yo sé dibujar —Dije nervioso a la
misteriosa chica.
— ¡Excelente!
Mucho gusto, me llamo Alice.
—Tenía el pelo
largo y obscuro, y usaba gafas, se veía linda y tierna al mismo tiempo, cargaba
una máquina de escribir para todos lados, quería ser escritora y hacia
historias muy buenas a mi parecer.
—El placer es mío, eh… ¿necesitas alguien que
dibuje? —Comente mientras me sentaba en la mesa en la que Alice estaba,
junto a un sujeto que parecía dormido, ebrio o muerto.
—SI, he estado buscando a alguien que sepa
dibujar, quisiera… hacer algo de dinero, y me parece que, hacer retratos o algo
así sería una excelente forma de ganar un poco.
—Mmm… interesante, pero… no crees que sería
muy poco probable que alguien en… bueno, en esta situación…
—Hehe, si… tienes
razón, y que te parece si… —Se quedó pensando un segundo, tomo sus gafas,
limpio los cristales de estos con el ruedo de su suéter y se los coloco una vez
más–. ¡Ya se! —Exclamo exaltada—, ¿Y si dibujamos una historieta? Yo podría
escribir los guiones y tu hacer los dibujos. Muchos los comprarían, hace falta
algo de entretenimiento en este lugar.
Reí
suavemente —Me parece una mejor idea.
—Nos levantamos de la mesa y con un apretón de manos cerramos el trato.
Pasamos conversando toda la noche, hasta que
prometimos vernos el día siguiente, y así fue, durante semanas, teníamos
muchísimo en común, pasábamos horas hablando hasta que formamos una hermosa
amistad, yo la quería y ella a mi casi como amigos de toda la vida, como si
fuéramos hermanos, y eso era suficiente para saber que estaríamos el uno para
el otro en cualquier momento. Una noche, me encontraba revisando mis cosas para
ver si nadie me había robado en un momento de descuido, lo cual solía ser común
en los búnkeres, en mi mochila tenia algunos cuadernos, algo de ropa, y un
viejo sobre que decía “no abrir hasta estar listo” nunca supe de quien era, o
que contenía pero siempre espere tener la mayoría de edad para abrirlo, creía
que a esa edad, según lo ponía el sobre, estaría listo, una creencia y/o teoría
algo peculiar.
Me di cuenta de que tenía dinero suficiente
para pagar una cama, por fin podría dejar de dormir en una silla en el comedor
o en los pasillos abrazando con fuerza mi mochila. Me dirigí a la zona de
habitaciones, pague una cama y al acostarme busque mi viejo cuaderno de dibujo
y empecé a dibujar, lo de siempre, rostros de personas, siempre tuve una
curiosidad por saber; ¿Quién diablos eran las personas a las que dibujaba?
Bueno, siempre lo hacía, dibujaba rostros al azar y los conservaba, dibuje a
Alice. Esa misma noche soñé con ella, soñé que estábamos corriendo en un bosque
algo no muy fuera de lo común. Cuando de repente, un fuerte estruendo me
despertó, me levante de la cama, y a mi alrededor; un escenario de
desesperación, gritos y lamentos, habían bombardearon el lugar.
La gente corría, se arrastraba y se retorcía
del dolor, el fuego lo consumía todo, tome mi rifle y una pequeña bolsa que
contenía parte de mi munición, por más que mire y busque, no encontré mi mochila,
estaba enojado pero no quedaba tiempo, tuve que salir corriendo.
La gran mayoría sobrevivió y escapo, lamento
no poder decir eso de muchos otros, varios metros lejos del bunker se podía
escuchar sus gritos de dolor, pidiendo auxilio, la impotencia colectiva llenaba
el ya de por si trágico escenario, con más angustia y dolor. Yo por mi parte
estaba desesperado, mi mochila de seguro ya no era más que cenizas y Alice no
aparecía por ningún lado. No fue sino hasta 4 minutos después, los que me
parecieron los 4 minutos más largos de mi vida, que, vagando en los alrededores
del bunker la encontré, recostada junto a un árbol, con los brazos cruzados
sobre sus rodillas.
—Alice… ¿estás
bien? —le
pregunte mientras me agachaba para acercarme a ella.
— ¿Qué? —Levantó la
mirada hacia mí, los ojos le brillaron
al verme — ¡LUCAS! estoy bien, ¿y tú?
—Algo cansado… y
encabronado, perdí mi mochila, hay tenía muchas de mis cosas.
—Cuanto lo
siento, creo que… se nos arruino el negocio —Dijo tratando de animarme.
—Jajaja ¿de qué
diablos hablas?
—Ya no hay Bunker… ya no hay clientes
—JAJAJA, estás
loca… bueno, por lo menos tú si lograste salir con tus cosas.
—Sí, menos mi…
bueno, no importa.
“Menos su… ¿su
qué?”
Nunca lo supe, y me daba algo de... pena, preguntar, así que decidimos seguir
adelante, y más adelante nos topamos con un amigo que también había estado en
el ataque del refugio, se llamaba Frank, así que decidimos hacer equipo y
viajar juntos, incluso nos conseguimos una paloma mensajera, a la que llamamos
mesi, Alice la entreno muy bien, no tengo idea de cómo, pero lo hiso, por si uno de nosotros se extraviaba,
estuvimos mucho tiempo juntos, pero ellos tenían que tomar caminos diferentes…
—Lucas… Frank —dijo Alice con una voz
baja mientras descansábamos en una gran tienda de campaña en medio de una
pequeña zona en un bosque que establecimos como campamento.
— ¿Si?
—Tengo que… decirles algo… yo, estoy buscando
un lugar, creo que tendremos que separarnos.
—Sí, yo también creo que… sería lo mejor…
para los 3 —Añadió Frank mientras fumaba un cigarrillo
—Frank, Alice… ¿hablan… en serio? —Ya me
había acostumbrado a la compañía de ambos, y perderles así de la nada, era impensable
para mí.
—Yo no, yo la
verdad quisiera estar solo… —Dijo Frank
—Lucas, yo sí… TENGO, que ir a cierto lugar,
espero y entiendas…
—Eh… si es lo que quieres, no hay problema…
—Por más que le quisiera no podía hacer nada, pues era su decisión.
—No te preocupes, tendremos a mesi para
mantenernos en contacto.
—PUES NO SE HABLE
MAS
—Exclamo Frank mientras se levantaba de su colcha, tiro el cigarrillo ya
consumido y apagado—. Lucas, Alice, fue
un placer conocerlos. —Encendió otro cigarrillo, recogió sus cosas y se
fue, así sin más.
—Alice… —Dije casi como un susurro. La
luz que emitía la fogata hacia que su rostro se viera hermoso, la tome de los
hombros, suspire y fuerte—. Quiero que
sepas… que todo este tiempo que hemos estado juntos, yo… me eh… enamorado de
ti. —Alice se sonrojo y me dijo:
— ¿De verdad?
¿Hablas… en serio?
—Sí, digo. No de…
la forma convencional en la que se enamoran las personas, digo… como amigos,
Yo… te amo Alice.
—Yo también te amo Lucas. Espero y nunca nos
separemos… bueno… en espíritu jajaja —Rio con los ojos húmedos, tal vez
para cubrir este hecho.
—Jejeje si…
Esa noche dormimos abrazados, algo que jamás
habíamos hecho. Dormí como nunca.
A la mañana siguiente desperté solo, en una tienda
de campaña abandonada, las brasas de la fogata muriendo despedían pequeñas
cenizas que volaban danzando en el lugar en el que hace un par de horas
estuvieron las tiendas de campaña de mis amigos. Bajo mi almohada, algunas
hojas que contenía una historia que Alice había escrito llamada “amor a luz de
luna” ella sabían que amaba esa historia. Junto a ella una nota que decía: “espera la visita de mesi. Con amor Alice ~
<3”.
Mesi fue la única forma en la que Alice y yo
pudimos seguir comunicándonos, cada semana, todas las semanas durante ya casi 4
años. Y a estas alturas, el rostro de Alice, su voz, su presencia, solo puede
ser emulada por un vago recuerdo de ella a luz de la melancólica fogata de esa
noche. Sueño con verla de nuevo.
°°°
Después de un profundo sueño, algo que llevaba
meses sin saber lo que se sentía, me levante. Recordé haber tenido una extraña
especie de pesadilla en la que me encontraba inerte en el piso, rodeado de
tierra, como en un agujero. —Que… ¿qué es
esto? No, no me puedo mover —Recuerdo decir una y otra vez mientras trataba
de sacudir mis brazos y piernas. De repente algo empieza a caer sobre mí, algo
pesado—. Q… ¿qué demonios? Esto, ¿esto es
tierra? —Efectivamente, era tierra lo que caía sobre mí.
Como si alguien me estuviera sepultando vivo,
quería gritar, sentía como mis cuerdas vocales se desgarraban pero no hacia
ningún ruido, gritaba y gritaba, o bien eso intentaba, pero es como si fuera
mudo, solo mi cabeza y parte de mis piernas quedan ausentes de la pesada y
húmeda tierra, y mientras mi visión se nublaba poco a poco, pude ver al
enterrador, o mejor dicho, la enterradora, Anair, llenando con tierra mi propia
tumba con una cara de insatisfacción, como si fuera parte de su rutina diaria,
pero la pregunta es; ¿Por qué soñaría yo eso?
En mi cabeza trataba de hallar una razón, una
explicación a mi sueño, pero era inútil, estoy consciente de que en el mundo de
los sueños siempre hay mensajes ocultos, pequeñas pistas del “mundo
subconsciente”, el cual influye en el mundo real, pero este quizás solo había
sido un sueño raro. Pase un buen rato tratando de analizar la situación hasta
que mi día fue iluminado por la llegada de mesi, el ave mensajera de Alice,
pues sabía que fuera lo que fuera que estuviera escrito en la carta, sería bueno
y divertido de leer. El ave golpeaba una pequeña ventana en la parte superior
de la pared, como si estuviésemos en un sótano. Mi sorpresa fue grande al notar
que por alguna razón la carta estaba en blanco, y la utilice para responderle; “Alice, me acabas de jugar una broma
tremenda, ¿cómo pudiste enviar una carta en blanco? jajaja”, enrolle el
papel y lo guarde en el compartimiento en la espalda del ave, le asome por la
ventana y salió volando mientras yo le veía con un sentimiento de “Alice sigue
conmigo”.
Saque una barra de chocolate que tenía
guardada en el bolsillo de mi chaqueta, estaba dispuesto a comerla cuando de
repente, unas pisadas, alguien se acerca, viene lentamente del estrecho pasillo
del lado opuesto de la habitación, era… ella… la chica de ayer, Anair, el
recordar su nombre me hiso sentir una extraña presión en el pecho, y el verla
me estremeció todo el cuerpo. Salió del pasillo, me miro a la cara y trate de
dibujar una sonrisa en mi rostro, pero en lo que logre hacerlo ella giro la
cabeza soltó su aparentemente pesada mochila que llevaba consigo y se sentó
sobre un trozo de escombro, saco su libro de la mochila y empezó a leer, nunca
en mi vida me había sentido más incómodo.
Me dije a mi mismo; “bueno, ya que, por lo visto, planea ignorarme… creo… que debería hacer
lo mismo” me levante, me quite mis zapatos y calcetines, y empecé a hacer
ejercicio después de unos calentamientos básicos, llevaba semanas sin hacerlos,
pero en cierta forma quería llamar su atención. El dolor era intenso pero mi
fuerza de voluntad fue más poderosa que él, me sorprendí a mí mismo al ver que
pude hacer más de 15 flexiones seguidas, ¿sería el hecho de que estaba más
fuerte? ¿O simplemente su presencia me había llevado a hacerlo? Lo más probable
es que allá sido esa fuerza llamada “presunción”, seguidamente hice abdominales
y sentadillas, termine muy exhausto y adolorido, no paraba mi pesada
respiración ni podía detener las gotas de sudor que recorrían mi cara, de
repente Anair voleo y me miró fijamente, “no
pasa nada, estoy bien, solo fue un pequeño calentamiento” eso fue lo que
intente aparentar mientras con una sonrisa voltio su mirada a su libro. Me
decido ser yo quien dé el primer paso;
—
¿Qué lees? —Pregunté de forma…
tratando de parecer jovial, ¿Era eso posible con una respiración tan pesada e
irregular como la que me atacaba?
—…
—Ni siquiera se inmuto, simplemente seguía atrapada en su libro.
—
¿Anair? —insistí.
—
¿Si?
Su voz, cual flauta fantasmal acariciaba mis
oídos, tenía una hermosísima voz, y se me revolvieron las entrañas de tan solo escucharla.
—Bueno… —le dije—, ¿Qué lees?
—Un libro… —Me respondió con un tono casi
de fastidio.
—Jeje,
sí, eso ya lo note… —“No quiere hablar,
mejor quédate callado”—. Y… ¿de qué
trata? —“imbécil”.
—No te lo diré…
—Es algo…
¿personal?
—No.
—Mmm… y, ¿Por qué
no me lo quieres decir…?
—Por grosero
—Que… ¿qué? ¿Por
qué dices eso?
—Pues… comienzas
una conversación haciendo una pregunta, sin siquiera saluda, eso es grosero —Me dio una
impresión de amargada, algo muy extraño teniendo en cuenta su hermosa y tierna
apariencia.
—Eh si… disculpa.
—Mnah, tranquilo —No dio mucha
importancia al tema, y se enfocó una vez más en su libro.
—Y… ¿cómo estás? —“¿eso es todo? Amigo, eres un idiota”—. ¿Cómo… dormiste?
—Pues bien, bien... —Estaba muy
extrañada, tal vez no estaba acostumbrada a hablar con los demás, o si quiera
hablar, o simplemente nadie le había hecho ese tipo de preguntas antes, mi
cabeza era un revoltijo.
—Ah, genial…
…
…
…
La conversación no seguía, no progresaba, se quedó
cual agua en un charco, estancada, y en ese momento sentí que quisiera que ese
“charco” se transformara en un rio.
—
¿No… sabes donde hay agua en este lugar?
—Afuera del refugio… es el único lugar en el
que puedes encontrar agua limpia. —Respondió sin apartar la mirada de su
libro.
—Genial, Pues iré a buscar un poco. —Me puse
mi chaqueta y mi casco, no quería cargar con mi rifle y el agua, se me hiso
algo tedioso y molesto tener que cargar con tantas cosas, así que busque unos
guiñapos que estaban en el refugio y envolví el rifle en ellos y le deje junto
a mi casco, solo necesitaba mi pequeña y confiable glock—. ¿Más o menos donde se encuentra el agua? —Pregunte.
—He marcado el camino con unas marcas en forma
de gota, las encontraras al cruzar la calle, dos edificios a la derecha,
síguelas y encontraras una llave de agua bajo una caja con cinta adhesiva,
junto al parque cerca del mirador.
No
entendí casi nada de lo que dijo, solo estaba contemplando sus ojos y sus
labios moviéndose al hablar. — ¡Genial! ¿Quieres…
que te traiga algo?
—Mnah… estoy bien
así.
—Está bien… te
traeré un poco de aire fresco en un frasco jajaja. —Dije a modo de
broma, tratando de hacerla pestañear al menos.
—Jajaja… si… no estaría mal un poco de aire
fresco —LA HABIA ECHO REIR, eso fue para mí una señal excelente de que no
le caía pesado, me sentí en la cima del mundo por un momento—. Ahora que lo pienso bien… si, ¿podrías
traerme agua a mí también? —Me preguntó mientras sacaba de su mochila 2
grandes frascos de agua, como si hubiera estado lista para el momento.
“TODO LO QUE TU
QUIERAS”
—Eh… seguro.
—Pues bien, te espero, aunque, se ve que
llevaras muchas cosas enzima, ¿te presto mi mochila?
—Seria genial
—Está bien, solo
déjame sacar unas cosas…
Me quede perplejo al ver que sacaba unos
cuantos cuadernos con dibujos que deduje había hecho ella, eran hermosos, pero
mis ojos se centraron en una consola portátil que luego colocaría junto a la
pila de libros y cuadernos, le gustan los videojuegos, no había visto uno en
años, en mi interior una voz me decía “amigo…
ella es… Wow” Claro que, era estúpido sorprenderse con algo así.
—Aquí tienes, suerte.
— ¡Oye! Te gustan
los videojuegos por lo que veo. —le dije mientras metía en la mochila las
botellas plásticas vacías.
—Sí, un poco, después de leer es mi actividad
favorita, ya sabes, para matar el tiempo, pero al parecer está rota la consola,
no importa.
—Oh, está bien… pues —Tome la mochila y
la coloque en mi espalda—. Me voy a por
el agua.
Caminé
hacia la puerta, cuando de repente mi corazón se detuvo por completo al
escuchar—; ¡ESPERA! —Volteé a verla, me
observo directo a los ojos, el nerviosismo me ataco a lo que ella continúo
hablando.
—No te mueras, me empieza a agradar tu
compañía. —Me dijo con una extraña sonrisa en el rostro. Mi corazón se
volvió loco, no sabía ni que pensar, miles de cosas pasaron por mi cabeza, a lo
que añadió—: Digo, porque si te mueres…
como recupero mi mochila…
Ella…
es un amor.
Le veo fijamente de una forma… amorosamente
despectiva, si es que eso existe. Con una gran sonrisa en la boca, volteé y
salí por la puerta. “me empieza a agradar
tu compañía”, “me empieza a agradar
tu compañía”, “me empieza a agradar
tu compañía”, “me empieza a agradar
tu compañía”… No podía sacarme esa frase de la cabeza, la forma en la que
lo dijo, sus ojos cuando lo dijo, obviamente hiso un chiste después de eso,
pero me daba igual, ella disfruta de mi compañía, PERO… solo es la segunda vez
que nos vemos… MNAH, Aunque una vez alguien me dijo: “Cada broma tiene su grado de verdad, ¿entiendes? Hay pequeñas verdades
atrapadas en cada chiste”. Moría por saber que parte de lo que había dicho
Anair era verdad y cual solo un chiste, pero el simple hecho de que lo hubiese
dicho era suficiente para mí.
Capítulo 2
Con una sonrisa de oreja a oreja fui cruzando
la calle o bien lo que parecía fue en una oportunidad una calle, la ciudad era
algo fría, teñida de un tenebroso azul obscuro y gris. Edificios no muy altos abandonados,
pequeños comercios y tiendas en ruinas, inútiles para saquear pues no parecía
haber nada de valor o al menos de utilidad en ellas. Unas calles después me
topé con el primer símbolo en forma de gota, era el camino correcto, no me
costó mucho trabajo encontrar la siguiente, y la siguiente, y la siguiente. Sin
darme cuenta mientras caminaba despreocupadamente por el sendero de gotas de
agua, la imagen del hermoso rostro de Anair estaba haciendo pedazos mi mente,
no logre sacarla de mi cabeza. Cada señal que me indica que sigo el camino indicado
es una imagen más de su rostro en mi mente, otra gota en el piso de un
callejón, otra vez su rostro, una gota más en la pared al final del callejón
señalando a la derecha, su voz, una gota más en la salida a la calle, sus
labios, emocionado sigo caminando con un paso apresurado, entusiasmado de encontrar
la siguiente señal, de pronto, final del callejón, y un par de metros más
adelante una especie de acantilado que dejaba ver un hermoso y apocalíptico
horizonte, jamás había visto algo más hermoso, los rallos de sol se colaban
entre las grises y espesas nubes, iluminando la pradera y un pequeño poblado
desolado al final de una carretera que podía distinguirse a lo lejos, parecía
que allí se estuviese librando una batalla, algo en él mostraba destellos
erráticos de aquí para allá, una violenta danza de balas en el aire. Obviando
esto último, todo en ese lugar fue hermoso, la brisa movía mi cabello, abrí mi
chaqueta para refrescarme aún más, una serenidad y una paz me invadió, cerré
los ojos y suspire fuertemente, me quite la mochila de Anair y la coloque en el
piso junto a mi mientras me sentaba en el piso para disfrutar mejor del
momento… me recosté en el piso y, al abrir los ojos, entre las nubes mi mente
dibuja el rostro de Anair en la hermosa barricada de nubes en el cielo, en ese
mismo momento sentí como si algo presionara mi pecho, “no puedo creer, lo niego totalmente, no puedo estar enamorado de esta
chica… ¿o sí?”
Volteo la cabeza hacia la derecha, y allí
esta, la caja con cinta adhesiva. Me levante del suelo y me acerque para
apartar el cajón y debajo de él estaba una llave de agua, di paso al agua y de
unas pocas y tristes gotas paso a ser un débil hilo de agua, bebí como loco,
como si no hubiera bebido nada en días, saque las botellas de la mochila y las puse
junto a la llave para que llenarlas, la presión del agua se debilito, tardaría
un rato en terminar.
—Hola. —Una voz de la nada, casi
espectral, mis ojos se abrieron por completo sorprendidos mientras mi corazón
se aceleraba.
—Eh… ¿hola? —Respondí a tan inesperado
saludo. Era una voz extraña un tanto chillona, era una chica, lo sabía, pero,
jamás había escuchado a alguien con esa voz, bueno, no que yo recordara.
—
¿Qué haces? —Me pregunto como si ya
me conociera, con una calma fuera de lo normal.
—Estoy… —“Síguele la corriente y quizás regreses al refugio con vida”—. Recogiendo agua.
—
¿Puedo ayudarte? — Yo no quería voltear… no la quería ver, ¡¿QUIEN DIABLOS ERA?!
—Ah… está bien —se escuchó algo
desilusionada, La intriga me consumía hasta que le pregunte—: ¿Quién eres?
—Voltea y lo sabrás —respondió con un forzado
tono de coqueteo.
La tensión consumía el aire de mí alrededor,
volteé lentamente mientras mis manos se preparan para desenfundar mi arma, mi
glock, del cinturón rápidamente. Logre voltear, era una chica, diría que de mi
edad, el verla me hiso sentir un poco mal, se veía muy maltratada, la ropa echa
un desastre casi parecían unos harapos, los brazos rasguñados y el cabello muy
duro e inerte, como si no lo lavase en semanas, a decir verdad, parecía que
fuera todo hecho a propósito, no parecía nada accidental, como si ella llevara
un disfraz de andrajos y ropa maltratada.
— ¡SOY YO! —Exclamo con
entusiasmo para luego Saltar y me abrazarme como si yo supiera quién diablo
era.
—Disculpa, ¿pero quién eres? —Le pregunte
mientras la separaba de mí de forma “gentil”.
—Soy yo, Karen —En verdad parecía que me
conociera, como si con decirme su nombre yo sabría de quien se trataba—. Discúlpame pero jamás en mi vida te había
visto…
—Eres lindo… —no me prestaba nada de
atención a lo que decía, simplemente inclinaba la cabeza de un lado con cada
respuesta que me deba—. Eh… muchas
gracias pero… esto… es incómodo… ¿necesitas algo? ¿Quieres que te ayude en
algo? ¿Qué necesitas?
—A ti… —Desenfundo su arma y me apunto
directo en la boca.
—
¡HEY HEY HEY! Qué diablos pasa, ¿dije
algo malo? —Dije asustado al levantar las manos.
—Nunca lo has hecho —El movimiento que
hacía con su cuello al inclinar la cabeza dejo de parecerme molesto a parecerme
completamente tétrico y algo psicótico. No sabía qué diablos estaba pasando; “¿de dónde diablos salió esta chica? ¿Quién
diablos era? ¿Estoy a punto morir?” No quería a morir… y menos estando
seguro de que alguien, Anair, me estaba esperando…
—
¿Qué diablos quieres de mí? —Te grite
mientras me apuntaba a la cara con su arma, en verdad temía por mi vida.
—Solo, necesito a alguien, que me acompañe. —Respondió
con un tono de desesperación y una cara de cinismo.
—
¿Qué te acompañe a dónde? —cada vez
me sentía más y más confundido.
— ¡NO LO SE! —Gritó—. ¡ALGUIEN QUE ESTE CONMIGO! No sabes lo que se
siente, estar perdida, en un maldito lugar en el que ni siquiera sabes que
hacer, a donde ir…
—Escucha, no puedo ayudarte, yo… también
estoy perdido — “No le digas nada
sobre el refugio”—, Solo, estoy aquí porque
encontré agua yo…
—Me pareces lindo.
—De… ¿¡QUÉ!?... —Cada cosa que
decía solo me generaba más y más preguntas.
— ¿Quisieras ser
tu quien me acompañe?
—Eh, es que yo… —Dibujaba una
gran sonrisa en su cara por cada palabra que salía de mi boca, lo que la obligo
a bajar un poco la guardia, ese era el momento—, tal vez si… — “¡AHORA!”
Sujeté su arma y la aparte de mi cara, tome su brazo y di unos pasos hacia
atrás mientras le jalaba hasta que logre derribarla, quite el cargador de su
arma y lo lancé lo más lejos que pude de nosotros, desenfunde mi glock y le
apunte mientras estaba en el suelo.- Oye, no quiero hacerte daño, quisiera
ayudarte, pero… no puedo acompañarte a ningún lugar…
—
¡LO SABIA! ¡No puedo confiar en nadie! —Gritaba
mientras se levantaba del piso, yo por mi parte me aleje un poco de ella sin
dejar de apuntarle a su pantorrilla, lo menos que quería hacer era dispararle o
hacerle daño, pero si algo pasaba dispararle allí sería lo más conveniente y
seguro para inmovilizarla. Pero solo se quedó viéndome de pie a unos pocos
metros de mi con cara de tristeza, como si le hubiera hecho un mucho daño, baje
un poco la guardia pues el sentimiento de culpabilidad por haberla tirado y
desarmado abrazo mi corazón, y de golpe, cual tigre cazando, se abalanzo sobre
mí tirándome contra el suelo.- ¿Qué demonios haces? -la sujete fuerte mientras
entre empujones y algarabías rodábamos en el piso, pero había olvidado algo
importante, estábamos junto a un acantilado, recordé ese detalle muy tarde y caímos
juntos mientras rodamos hacia abajo, ella jalaba mi chaqueta y mi cabello,
gritaba de la ira mientras yo trataba de abrazarle para que no nos
lastimásemos. Para nuestra suerte el acantilado no era muy… vertical, así que
la vegetación amortiguaba la caída y los golpes, mientras que una que otra roca
nos golpeaba cada vez con más y más fuerza, de repente, no siento nada,
desapareció la tierra, las rocas, los arbustos, sentía que flotaba,
literalmente lo hacía, final del acantilado, caíamos al vacío y no quería mirar
abajo, solo veía la orilla del acantilado alejándose rápidamente conforme caía;
“¿Es este el fin? ¿Moriré con esta chica?
Tanto esperar ¿por terminar así? Adiós para siempre… Anair”
Fue como si el tiempo se hubiese vuelto cada
vez más y más lento, Karen dejo de gritar y me miro a los ojos, con una mirada
de lastima fue acercando su boca a la mía trate de evadirlo pero justo en el
momento en el que casi se unen nuestros labios, mi espalda golpeo con fuerza el
suelo. El golpe me levanto de una cama, ¿Qué
demonio? Pensé mientras rápidamente despertaba bajo el agua, me percaté de
que estaba en un lago, en el fondo del acantilado, el golpe me aturdió y casi
ni podía moverme, solo veía lentamente como Karen, quien aprecia muerta,
flotaba suavemente mientras yo me hundía, mi visión se apagaba hasta el punto
en el que quede inconsciente.
°°°
Hace Mucho tiempo, tuve una compañera, si,
suena loco, y muchos no lo creen cuando se los cuento…
Fue hace 4-5 años, durante mi estadía en el
bunker en el que conocí a Alice, conocí a una chica llamada Vanesa, no era la
chica más linda que digamos, pero tenía unos hermosos sentimientos. La conocí
en un grupo de dibujo, en un pequeño salón, éramos varios aficionados al arte
que dibujábamos juntos 2 veces a la semana.
Ella y yo habíamos charlado un par de veces,
compartido dibujos, darnos consejos, lo normal. Solo que la mayoría de las
veces, nuestras interacciones no pasaban de un saludo. Solo en ocasiones casi
exclusivas manteníamos una larga conversación.
—Hey, Lucas, —Susurró un
colega mientras dibujábamos
— ¿Sí? Dime
—No es por nada,
pero, me parece que Vanesa te observa mucho, digo, no deja de mirarte.
—Q-¿qué? ¿Hablas…
en serio?
—Si quieres
mírala ahora mismo —Hizo un gesto con su cabeza señalando a
Vanesa.
Levante la mirada y efectivamente, estaba
observándome, giró la cabeza rápidamente y siguió dibujando, suspiró profundo y
me seguía mirando por el rabillo del ojo hasta que subió una vez más la cabeza,
nos vimos a los ojos, y le salude desde lejos levantando las cejas y dibujando
una sonrisa en mi cara a lo que ella me devolvió el saludo levantando la mano
de la mesa, solo para volver a enfocarse en su dibujo muy velozmente, note que
estaba algo apenada.
Tiempo
después estando con algunos de los chicos del grupo:
—Oye, creo que, le gustas a Vanesa —Me
dijo uno de los chicos.
—Jajaja ¡¿qué dices?! —Obviamente quería
aparentar el indiferente al tema, la verdad me asustaba por alguna razón.
—Es en serio, la forma en la que ella te
mira, se nota que esta flechada por ti… —añadió este mientras presionaba su
pecho con ambas manos, y reía ligeramente, le empuje un poco del hombro y cerré
el tema de conversación diciendo—: debes
estar bromeando…
Pero era cierto, ella gustaba de mí, y eso
basto para que yo sintiera algo por ella. En mi vida le había gustado a
alguien, con tan solo el hecho de que me era difícil hacer amigos… Unas 2
semanas después, Vanesa y yo conversábamos, por medio de cartas, pasándolas por
entre un agujero que había en la pared entre las habitaciones de chicos y
chicas, en la que estaba con Alice;
— “Lucas, ¿crees que soy linda?”
—pregunto Vanesa en el pequeño trozo de papel después de un largo rato
charlando.
— “eh, sin duda, eres muy bonita, quisiera
preguntarte algo, me lo han dicho muchos, pero no sé si sea verdad, por eso
quería preguntarte, ¿yo te gusto?” —Tardo varios minutos en responder, pero
lento y seguro, me paso a través del pequeño agujero la respuesta a mi pregunta
en el papelito.
—“si”
—“sabes, porque yo creo que tú también me
gustas”
—“¿podríamos, ser compañeros, o algo así?”
—“¿Por qué no?”
Desde ese momento, como si de un contrato se
tratase, permanecimos juntos durante muchísimo tiempo, jugábamos juntos,
hablábamos todo el tiempo, íbamos a por suministros juntos, pero, siempre me
molestaba que no nos manteníamos ocultos cuando explorábamos, lo cual podría
llegar a ser muy peligros, pues ella,
era muy escandalosa, en ocasiones me hacía pasar vergüenza en público pues su
actitud era muy infantil, yo sin embargo trataba de ser más maduro, pero era
inevitable, ella simplemente era así.
—
¿Lucas…?
— ¿Si?
—Crees que…
¿Estaremos juntos para siempre?
—No lo sé, seria
genial…
Si hay algo que odio más que perder o alejarme
de mis amigos, es no poder cumplir las promesas que les hago.
Vanesa y yo pasamos 4 meses juntos antes de
que ella decidiera irse con un sujeto de un supuesto escuadrón de asalto, para
luego cambiarle por alguien que nunca llegue a conocer, un extraño lio del cual
nunca supe más. Han pasado casi 4 años, y aún conservo un viejo anillo que me
había prestado y nunca pude devolverle, pero que desde entonces, he querido
hacerlo
°°°
Ya en la superficie, en la orilla de tierra
disuelta que separaba el lago con un extraño bosque, me desperté una vez más, y
mientras recobraba un poco de fuerzas, agradecía a cuanta fuerza invisible
hubiese hecho que yo no hubiera muerto. Asustado, sorprendido y completamente
mojado no tenía idea de dónde diablos estaba Karen, tampoco quería saberlo,
solo sabía que se había llevado mi arma y la poca munición que llevaba conmigo,
o simplemente la había perdido, no tenía idea de qué diablos había pasado, solo
quería regresar al refugio… con Anair, pero era de noche, y con mi ropa mojada
seguro moriría de frio.
Tras un par de minutos, mi ropa se secaba con
la estela de aire caliente que emitía la improvisada fogata que hice, pero aun
así, mi cuerpo temblaba de frio, me sentía confundido, una chica no sale de la
nada y te ataca con una excusa tan estúpida como esa, todo se sentía muy
extraño, cuando de repente, a unos metros de mí, el brillo de un par de ojos me
dejo paralizado, alguien o algo me observaba con un par de ojos azules casi a
ras de suelo, sus pupilas estaban dilatadas y yo sentía como si pudiese ver a
través de mí, como si viera no solo mis ojos, sino también el aura de mi alma o
bien eso fue lo que pensé en ese instante, todo pareció ir muy lento mientras
este par de ojos retrocedía y se hacía paso entre los arbustos y árboles de los
que vino. No tengo idea de si habrá sido un sueño, si estoy loco, o tragar
tanta agua me había afectado, pero, podría haber jurado que un par de ojos paso
a unos metros de mí. Fuera lo que fuera, en el fondo yo sabía que si lo hubiera
querido me hubiese matado.
Decidí no darle mucha más importancia ni más
vueltas al asunto y me predispuse a dormir, lo cual hice un par de veces, cada
sueño era más corto que el anterior, pero en todos, Anair irrumpía como si de
verdad quisiera volverme loco.
Al día siguiente deje la fogata, me puse mi
bermuda y mi chaqueta junto a mis botas y camine, no sabía bien hacia donde
caminaba, pero por suerte del destino me encontré con una vieja y abandonada
cabaña, habían muchas botellas con agua, un poco de comida, y muchos cuadernos,
como si alguien viviera en este abandonado y
rustico lugar, tome uno de los cuadernos e improvise una especie de
mapa, trace el camino de vuelta a la fogata, solo para poder ver el lago y la
orilla del acantilado, así me podría hacer una idea de en donde estaba antes de
caer.
Regrese a la cabaña y seguí por un intermitente
sendero que desaparecía poco a poco, hasta que a lo lejos logre divisar una
especie de carretera, velozmente llegue hasta ella y seguí caminando en la
dirección que suponía estaba la ciudad, una señal que decía “bienvenido a
Marquise City” se asomaba entre los altos y descuidados arbustos que limitaban
la carretera con el bosque, y aun con tano oxido que esta tenia alcance a
leerla. Allí me encontraba, la ciudad a la que había llegado vagando hace un
par de días, la ciudad en la que estaba ella, seguí la carretera que se me hiso
eterna hasta que logre ver el acantilado que por alguna razón limitaba la
ciudad era raro de ver, pero trate de ilustrarla en el mapa, me oriente por donde creía estuviese el acantilado,
cruce un par de calles hasta llegar a un conjunto residencial de departamentos,
algunos de pie y otros que ya habían cedido, aquí logre dar con el grifo de
agua, y allí estaban todas las botellas de agua, llenas y cerradas, como si
alguien las hubiera llenado y me las hubiera dejado, no tenía ni la más mínima
idea de quién pudo ser, todo es tan extraño para mí a estas alturas.
Coloque las botellas con agua en la mochila de
Anair, al cual estaba a varios metros de la llave de agua, había una nota
dentro de esta: “gracias por la munición
y el arma” y bajo el mensaje, un dibujo de una carita mandando un beso—. ¿¡SERA CABRONA!? —Por fin, tenía el
agua, y también tenía una especie de mapa, así que me propuse a completarlo con
el refugio y sus alrededores, vi a lo lejos, a unas calles de donde pude
imaginar que estaría el refugio, un edificio que parecía un hospital, lo utilice
como punto de referencia pues sabía que si en efecto era un hospital, me seria
de mucha ayuda en caso de necesitar medicamentos o algo por el estilo, en el
caso de que aun hubieses.
Volví a el refugio, gracias al mapa, esta
ciudad (si se le pude decir así a los restos de lo que en su tiempo fue una
ciudad) empezaba a tomar forma. Llegue a la entrada del refugio, pero creí poder
continuar un poco más con el mapa antes de volver con Anair. Salí hasta la
avenida, hecho un vistazo, dibujo lo que logro ver, y de repente, el sonido de
las balas que chocan contra una pared en a unos metros de mi me hacen correr
directo a un lugar seguro en un callejón, asomo la cabeza y veo como una chica
corría mientras un sujeto le trataba de disparar en los pies, quise ayudar,
pero no pude, sin armas, sin nada ¿qué pude haber hecho?
Volví al refugio.
—
¿ANAIR? —Nadie contestó, la soledad
del refugio me estremeció cual brisa helada en el invierno—. Ya se —exclame, se me había ocurrido una
idea, “¿y si la consola de Anair solo
necesita baterías nuevas?”, con eso podría ganármela en cierta forma, lo
apreciaría muchísimo. Deje la mochila con las botellas de agua cerca de la roca
sobre la que ella siempre se sienta a leer, y decidí ir a ese viejo edificio
que parecía hospital, en los hospitales siempre hay una tienda en la que venden
todo tipo de cosas… ¿no?
Tome mi rifle, seguía bajo las capas y capas
de harapos e ignore por completo mí ya maltratado casco, esta vez decidido a no
soltar mi rifle por nada del mundo ya que mi glock había sido robada por
Karen…. La loca de Karen… mire por última vez antes de salir el lugar en donde
yacía Anair y suspire de amor, la bocanada de aire más profunda de mi vida,
Salí del refugio, cruce la verja y vi el supuesto hospital a unos metros del
refugio. Lento pero seguro camine hacia
él imponente edificio recubierto de intactos cristales, los lúgubres y
desolados pasillos que encontré al entrar en el que resultó ser un hospital me
helaban la espina y mis oídos escuchaban cosas detrás de cada pared, la
sensación de que alguien me seguía con cada cauteloso y silencioso paso que
daba a las entrañas del edificio era una tortura para mí, pero justo en el
momento en que decidí dar media vuelta y regresar, casi con una tonada
celestial apareció la tienda que tanto estaba buscando.
El ver las golosinas me volvió loco, hacía ya
mucho que no veía papas ni nachos y menos comerlas, tome cuantas me entraron en
los bolsillos de la chaqueta y en un par de bolsas que estaban allí. Deje la
tienda patas arriba hasta que por fin encontré las baterías para la consola de
Anair y con una sonrisa en la cara, decido regresar al refugio.
Después de un agitado regreso, me sentía
nervioso, ¿por qué? Por Anair claro, el solo ver su rostro se había convertido
en un pequeño e instantáneo ataque al corazón, si, solo la había visto un par
de veces, pero el imaginarlo tenía el mismo efecto, llegue al refugio, abrí la
puerta y allí estaba ella, recogiéndose el cabello, se había una cola de
caballo hermosísima, tuve que soportar y tratar de ignorar la especie de aguja
que atravesaba mi pecho, lo sé, soy un estúpido.
—
¡VOLVISTE! —exclamo Anair con una
gran sonrisa.
Levante mi mano en señal de saludo y en ese
mismo momento, me di cuenta de que la “aguja” que atravesaba mi pecho no era el
“amor” que sentía, lo había olvidado, el dolor de mi pecho, la herida, me había
distraído tanto por Anair y con todo lo demás, había perdido mucha sangre y ni cuenta
me había dado, me sentía mareado, me desmaye al instante y caí sobre el suelo
golpeándome la cabeza…
II
Capítulo 3
Lo podía escuchar, como mi corazón latía, como
la sangre corría en mis venas, como mi estómago digería aquellas papas que me
comí antes de llegar al refugio, ¿estoy muerto?
—Ojala pudiera… mover mi cuerpo. —Podía
sentir como si estuviese flotando en una piscina, pero era inútil tan siquiera
mover un dedo, solo podía ver como un intenso blanco me rodeaba, era
frustrante, desesperante. Notaba como todo se volvía más obscuro con cada
parpadeo a tal punto que no quise seguir parpadeando por temor a quedar en
penumbras y fue cuando los ojos se me secaban con más rapidez y comencé a
parpadear como loco, no podía evitarlo, la desesperación me había consumido y
mis parpados ya estaban fuera de mi consiente control mientras mi cabeza
repetía las mismas dos preguntas; “¿Dónde
estoy? ¿Cómo llegue aquí?”, el lugar se obscurecía pasando de ser un lugar
con un incandescente blanco a un melancólico gris, pero aun así muy tenebroso.
Estaba desquiciado, podía escuchar como mi corazón latía cada vez más y más
rápido y su sonido era como si alguien golpeara un tambor detrás de mi cabeza,
incluso podía escuchar el parpadear de mis ojos, mi sangre fluía más rápido y
más caliente que antes, un calor abrasador consumía mi cuerpo y el sudor de mi
pecho y de mi espalda se concentraba en mi franela y luego en mi chaqueta, ¿Qué diablos pasa? ¿Qué diablos va a pasar?
¿Dónde demonios estoy? Con gran esfuerzo cerré mis ojos al punto que me
dolieron y con un aliento de máxima desesperación grite como jamás en mi vida
había gritado en mi vida;
— ¡AYUDAAAAAAAAAAAA…!
…
…
…
Todo en mí alrededor quedo en completa calma,
y quedo en un silesio total, temía por abrir los ojos y encontrarme con
absoluta obscuridad, pero mi curiosidad pudo más que mi miedo, poco a poco fui
abriendo mi ojo derecho, todo seguía como antes, una resplandeciente y segadora
claridad, pero aun no podía mover nada más que mis ojos. De la nada, frente a
mí, se empiezo a definir una figura obscura, a materializar una línea tenue pero
sólida, luego esta línea se fue tomando grosor poco a poco hasta que logré
definir con mi imaginación una especia
de… ¿extremidades?, si, totalmente, un par de piernas y brazos se sumaron a esa
tétrica figura en un inexistente horizonte en el blanco escenario, como si de
una persona se tratase, efectivamente era una persona que por lo visto estaba
caminando hacia mí.
Llego un punto en el que logré definir
claramente a esta “persona”, como era común en mi me concentre en observar su
entrepierna con la ilusión de definir si es hombre o mujer, de sus manos
brotaron una especie de garras muy largas y su cuerpo empezó a tomar un aspecto
más femenino , lo que hace unos segundos fue curiosidad e intriga se convirtió
rápidamente en miedo al observar que en su calva cabeza se podían ver como sus
“ojos” parecían inexistente, de hecho, se veía claramente cómo, en vez de ojos,
tenía lo que deduje eran focos, se detuvo, se quedó inerte sin más, a lo que yo
calcularía como un campo de futbol de distancia y aun así podía verla con
claridad.
“¿Quién eres? O
mejor dicho, ¿Qué eres?” Me preguntaba a mí mismo, las interrogantes
recorrían mi cabeza una y otra vez. Y de pronto, una especie de susurro resonó
en mi subconsciente; -Tú sabes quién soy, y por fin te encontré de nuevo.
Empezó a correr hacia mí a toda velocidad cual
bala saliendo del cañón de un arma, mi corazón estaba por estallar mientras
este ser a pasos agigantados corría y corría sin inmutarse, sin distracción
alguna, estaba decidida a hacer algo, y sea lo que sea tenía planeado, no era
nada bueno, y además, estaba por conseguirlo. Esta cosa, básicamente estaba
sobre mí. Presa del pánico solo pude cerrar mis ojos, sentí como esta cosa se
detuvo, freno en seco, no sentí su presencia, tal vez desapareció o pasó de mí
así como así, o por lo menos eso quería creer. Al abrir mis ojos al cabo de un
par de segundos de calma me encontré con la horrorosa verdad, se encontraba
frente a mí, cara a cara, desgarraba mi alma con sus fríos y profundos ojos
blancos. Levanto la mano lentamente y me señalo con su horrorosa y pesadillesca
garra, todo el lugar se fue apagando poco a poco hasta quedar en una penumbra
fría y absoluta.
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
…
—
¿Hey, estas bien? —Escuche—. Pregunte que si estás bien
—
¿Q… quién es?
— ¿Cómo que quien
soy, acaso no reconoces tu propia voz?
Aun con la vista completamente anegada, podía
sentir la tierra y el césped húmedo sobre el cual estaba sentado, y un árbol
bástate alto que sostenía mi espalda, mi cuerpo seguía sin poder moverse por
más que yo intentaba lo contrario, era inútil.
—Mi… ¿propia voz? —pregunté mientras
recuperaba lentamente la conciencia de lo que había pasado.
—Jajaja, ¿esta
vez casi nos atrapa no es así?
—Casi… nos…
¿atrapa?
—Mmm… ¡ah claro! —Dijo este
extraño sujeto que insistía en hablarme—,
Ya lo recordé, uno no escucha su voz real cuando habla, suele ser más aguda, ¿o
más grave? Ya ni recuerdo, ha de ser por eso que no me reconociste.
—Quien… ¿Quién diablos
eres tú? —No
dejaba de pensar y hacer preguntas, esperando que se me aclarara la situación.
— ¿Pues quien
más?
—Podía escuchar como caminaba hacia a mí, y de pronto, un resplandor me cegó,
una lámpara, una bombilla colgaba de una de las ramas del árbol en la que
estaba recostado, la luz me ilumino todo el lugar, y fue cuando le vi—. ¡Soy TU!
Una especie de… de MI, estaba hablándome,
estaba ahí, de pie observándome, como un clon, no lo podía creer—. ¿De dónde diablos has salido?
—De tu cabeza, obviamente, o ¿Dónde te
piensas que estamos?
—Estoy… ¿durmiendo?
—Eeeeeh... Algo…
parecido…
—Explícame —Seguía sin
poderlo creer, este tipo de cosas no es ni siquiera normal en mis sueños.
—Estas en coma. —Me dijo con un tono de
despreocupación extrema, no lo podía creer… básicamente, yo estaba muerto…
—
¿Cómo paso? —le pregunte con la
cabeza baja, analizando la situación, pensando en todo, y al mismo tiempo en
nada.
Mi otro yo caminó hacia mí, y se puso en
cuclillas—: Pues, en resumen, estabas tan
ocupado pensando y haciendo cosas por esa chica, Anair, que habías olvidado por
completo el hecho de que te estabas desangrando por esa herida que tienes en el
pecho. —Su forma de hablar, como si fuese lo más normal del mundo hablarse
a sí mismo, hablarme a mí, me caía mal.
—Y… ¿Cuánto tiempo llevo… en coma?
—Pues más o menos… —hiso un pequeño gesto
de introspección con los ojos volteados y la mano en el mentón—, ¡NO SE! jajaja, no tengo idea, aquí, en la
mente no hay tiempo, por así decirse, así que podrías llevar días, incluso años
en coma, añadiendo el hecho de que no puedes medir el tiempo a partir del
momento en el que despertaste sentado aquí, pues… has de haber pasado ya por un
sueño, o por 100, cada uno con una duración diferente y ni siquiera lo recordarías.
—
¿Es posible despertar?
—WOW, sí que
haces preguntas. No lo sé. Sé exactamente lo mismo que tú, soy tu, ¿lo
olvidaste?
Se siente extraño, suelo entrar en confianza
muy rápido con las personas, pero, ¿hablar conmigo mismo? Esto es algo ridículo,
y el sujeto por alguna razón no dejaba de caerme mal—. Sí, tiene razón… —Dije al cabo de unos segundos de completo
silencio.
—
¿Estas… llorando?
—Un… un poco, si… —Me era
imposible disimular que estaba llorando, todo era una pesadilla hecha realidad,
curiosa forma de describirlo, pues estaba soñando.
—
¿Por qué llo…? Ah, ya veo.
—Como quisiera
que no supieses lo mismo que yo en este momento.
—Si… —Suspiró—, Esa chica te pego fuerte… ¿cuánto hace que
no nos pasa eso?
—Creo que… 2 años… —Abrí los ojos. El
húmedo forraje, una penumbra a varios metros de mí rodeando el área, como si
estuviésemos flotando en un vacío sobre un pedazo de bosque, por más consiente
que estaba del hecho de que dormía, no podía controlar nada, pues había leído,
es decir, sabía que usualmente al darnos cuenta de que estamos en un sueño
podemos controlar nuestro entorno, o más sencillo, controlarlo todo, pues al
fin y al cabo es nuestra cabeza en la que estamos, unas cuantas plantas, el
árbol en el que estaba recostado, objetos extraños, aleatorios algunos que ya
había visto antes (Puertas, muebles, papeles, lápices) y muchos otros extraños
como Letras echas de objetos brillantes, formas irregulares, básicamente un vacío
mental, un limbo onírico. Mi otro yo solo se quedaba observándome, con pena,
sentía lastima de sí mismo, yo también lo haría para ser honesto. De la
penumbra empezaron a emerger otras “islas flotantes”.
—
¿Qué son esas cosas? —Pregunte a mi
otro yo.
—Son islas flotantes. —Estaba claro que
sabíamos lo mismo—. Aunque… ¿ves esa de
allí? —Añadió señalando una que se encontraba a mi derecha, tenía una forma
un tanto simétrica, en vez de pasto tenía una especie de cemento, y sobre él
una litera vieja y oxidada en la que estaba acostado un sujeto sin rostro en la
parte superior, y en la cama de abajo estaba… yo, con una libreta,
escribiendo—, Somos nosotros, en aquella
cama en el bunker del oeste, ¿recuerdas?
No daba crédito a mis ojos, ¿Cómo es que…?—, Mira esa de ahí. —Dijo él una vez más, señalando detrás del árbol,
en el que estaba recostado, me incline hacia un lado y voltee la cabeza hacia
atrás para observar, era un bosque, o bien un trozo de bosque flotando en el
vacío, y estaba otro yo, pero esta vez hablando con alguien más mientras
caminaban, el camino que ya habían recorrido se iba disolviendo mientras que
uno nuevo aparecía frente a ellos, como una cinta caminadora echa de bosque.
—Yo diría que son… recuerdos.
— Fragmentos de
memoria —Dijimos
al unisonó. La tétrica obscuridad que nos rodeaba empezó a poblarse de docenas,
no, cientos de estas “islas flotantes” cada una con momentos diferentes de mi
vida, recuerdos. Mientras todos parecían emerger del horizonte y desaparecer
varios metros más arriba, uno en particular se elevó para quedarse estático
cerca del cacho de tierra en el que me encontraba, parecía hecho de un mineral
precioso, muy llamativo y a la vez discordante a los demás recuerdos. Una tenue
y lúcida neblina resaltaba su importancia, mis ojos estaban clavados en ella,
por lo que me puse de pie y me dirigí lentamente a ella. Mi otro yo solo me
observaba fijamente, como prediciendo cada uno de mis pasos.
Llegue
al borde del islote en el que me encontraba, y observe mejor a este extraño
recuerdo.
—
¿Qué es aquello? —Le Pregunté a mi
otro yo.
—
¿Qué es qué? —dio unos cuantos pasos
hasta estar detrás de mí, pero lo suficientemente cerca para observar lo que se
encontraba en aquella “isla” —, Ah, al
parecer es tu mochila, bueno, nuestra mochila.
—
¿Por qué estará allí?
—No lo sé, podría ser por cualquier cosa, un
recuerdo reprimido, fragmentos de memoria esparcidos por este sueño, un objeto
conocido que por alguna razón apareció aquí… o tal vez ha de ser por el hecho
de que nunca abriste ese sobre que siempre has llevado contigo.
—Tal vez… podría ser por cualquier cosa,
pero… ¿Por qué ahora?
—Ni idea. —Contesto mi
otro yo levantando los hombros y arqueando la boca.
La mochila empezó a agrandarse, y se estiraba
de formas imposible, haciéndose cada vez más grande, mientras entrecerraba mis
ojos para enfocar la mirada y definir mejor lo que le pasaba a la mochila, no
me percaté de que estaba caminando hacia ese recuerdo, como si una especie de
vidrio transparente me separara del vacío mientras me ayudaba a llegar a ese
fragmento de tierra flotante. Mientras más cerca estaba de mi mochila, esta
parecía perder detalles, había desaparecido los compartimientos laterales, los
cierres, incluso los tirantes, y lo que fue tela hace unos momentos se
convirtió en una especie de, ¿Piel? Como si de una persona se tratase, la
mochila, si es que aún se le podía llamar así, empezó a levantarse con un par
de piernas que poco a poca adoptaba a su deforme cuerpo, luego un par de brazos
para tomar algo de equilibro y para terminar una cabeza. Este ser era más o
menos de mi estatura, la mochila viviente estaba adoptando la forma de una
persona, de una chica, mi corazón salto hasta mi garganta al confirmar lo que
mi mente sospechaba y mi corazón deseaba, era Anair, Caminé lentamente hacia
“Anair” con el corazón a punto de saltar de mi pecho, mientras mi otro yo seguía
observándome con una expresión de “que
patético” en su rostro. Me encontraba frente a la proyección de Anair, su
precioso cabello, sus tiernos labios, sus hermosos ojos, toda ella era un
completo vaivén de mi aliento.
—Wow, En verdad estás loco por ella ¿verdad?
—comentó mi otro yo.
—Demasiado. —Respondí, Levante mi mano y
lo situé sobre el hombro de “Anair”.
—Es gracioso porque… ¡ni siquiera la conoces!
Solo la has visto un par de veces, y las conversaciones con ella son casi
nulas, no la conoces, no sabes quién es, no sabes de donde viene o a dónde
quiere ir, no sabes sus temores, sus gustos, no sabes cómo es en verdad, no sabes nada sobre ella más allá de su nombre
y de que le gusta leer…
—Yo la amo.
— ¿Qué dijiste?
—Yo… creo que, la
amo… Estoy enamorado de ella.
—No, solo crees
estar enamorado de ella.
— ¡NO! Estoy
seguro de lo que siento…
—Sabes que no
eres muy guapo y tus “talentos” son de lo más corriente, sumando el hecho de
que estas gordo. Eres completamente reemplazable en todos y cada uno de los
aspectos que crees que te hacen destacar, ni siquiera eres bueno con las armas,
ni siquiera pudiste mantener una simple amistad con Vanesa.
— ¡No me
interesa! Si de hay algo que pueda hacer para gustarle, lo hare, nunca había
estado tan seguro de estar enamorado tanto de alguien en toda mi vida, y
luchare hasta el cansancio porque ella lo sepa, y porque ella… me quiera.
— ¿En serio le
dirías eso?
—Si… pero… no sabes
la impotencia que siento.
—De hecho si…
—Ojala estuviera
vivo…
—Una gran y tibia lágrima recorrió mi mejilla. Mientras que cruzado de brazos,
mi otro yo suspiro profundamente, pude sentir la llama dentro de mi apagarse
lentamente con cada segundo en el que pasaba pensando en que tal vez nunca la
podría volver a ver—. Me pregunto si… ya
habré, estado aquí antes, en este sueño. Si ya he dicho o hecho esto antes.
—Dije con la voz entre cortada y un nudo en la garganta.
— ¿En serio le
dirías a Anair todo lo que has dicho aquí?
—Sí
— ¿En serio
harías cualquier cosa por ella?
—Cualquier cosa…
— ¿De verdad te
pararías frente a ella y le dirías “te amo”?
—Todos y cada uno
de mis días.
—Pues… hazlo…
---
La obscuridad se transformó en luz, la
penumbra en una habitación fría y percudida, y el sueño en solo un recuerdo. Desperté
de golpe, ¿Qué diablos? Mi corazón
estaba por salirse de mi pecho una vez más, de la impresión, como si en verdad
tal caricaturesca cosa fuese a pasar, puse mi mano sobre él, mi respiración era
muy irregular, el sudor recorría mi cara y cuerpo, como si hubiese vivido una
pesadilla, “tranquilo, todo está bien”, tuvieron
que pasaron varios segundos para que me normalizara un poco, el recuerdo de lo
que había pasado iban y venían, mientras mis dedos sobre mi pecho tallaban
suavemente mi guardacamisa, había cierta irregularidad, desvié mi atención de
los erráticos recuerdos a mi pecho, había algo sobre él, y no era mi ropa, “¿Qué rayos?”, al levantar mí
guardacamisa me encontré con un vendaje, que recorría mi pecho, pasando bajo mi
brazo, mi espalda y de nuevo en mi pecho, se sentía cálido, y me hacía sentir
cómodo, aliviado, levanté parte del vendaje, la parte donde estaba mi herida,
solo para darme cuenta de que esta estaba completamente seca, muy bien tratada
y diría yo, curada. ¿Cómo? ¿Quién?
¿Cuándo? ¿Por qué?, mi mente era solo una pregunta tras otra, es decir,
¿quién se había atrevido a hacer lo que nunca nadie había ni imaginado a hacer?
Y mi cabeza son daba a entender de que la respuesta más sencilla, era justo la
que yo quería oír.
Los pasos de alguien empezaron a resonar en el
pasillo al lateral de la gris habitación, no pude evitar ponerme nervioso,
obviamente no tenía ni la más remota idea de lo que había pasado, el ruido de
una bota se hacía cada vez más apagado, señal de que estaba cerca, contemple el
portal que llevaba al pasillo, no estaba preparado para nada de lo que podría
pasar, no sabía dónde estaban ni mi rifle, ni siquiera mi chaqueta y casco, una
mano se apoyó en la pared del final del pasillo, y con una sonrisa casi
angelical que paralizaría mi corazón, se asomó Anair. “— ¿De verdad te pararías frente a ella y le dirías “te amo”?”.
Solo pude saludarle con una sonrisa “—Todos
y cada uno de mis días”. La mano sobre mi pecho presiono con fuerza el
vendaje. Sin decir nada, me levante con algo de dificultad, al estar de pie me
acerque a Anair, quien me seguía con la mirada un tanto extrañada. Al estar
frente a ella, tome sus hombros con las manos, las cuales se estremecían de los
nervios junto al resto de mi cuerpo, me arme de valor y con la voz más dulce
que podría poner, le dije:
—Anair, Te amo…
En verdad lo había dicho,
sinceramente no podía creerlo, siempre fue difícil para mí expresarme en cuanto
a este tipo de cosas. Decir lo que siento por alguien siempre fue algo que no podía
hacer más que imaginar, y allí estaba, de pie, frente a Anair, diciéndole lo
que sentía por ella, diciéndole que le amaba. La vergüenza me golpeo justo en
la cara en el momento en el que deje de pensar en tantas cosas y observe el
rostro de Anair, estaba muy incómoda, casi molesta diría yo, y a decir verdad,
no me extrañaba para nada, lo entendía, es decir; ¿Cómo te podrías sentir si
alguien que apenas y conoces, y solo has visto contadas veces, un día
cualquiera, nada más despertar, te dice que te ama? Sabía que lo había
arruinado, como siempre, típico de mí.
—Eh… vaaale. —Dijo ella con un tono muy
sarcástico. Mientras yo no hacía más que observar su cabello en silencio, era
hermoso, pero no lo veía por esa razón, si no para evitar verla de nuevo a los
ojos. “Trágame tierra”.
— ¿Disculpa? —“Diablos, lo arruine todo… ¿Qué puedo hacer?”
—Está bien, no… no me esperaba que, bueno,
esto fuera así. —Anair forzaba sus palabras, como queriendo decir muchas
cosas al mismo tiempo —. Eh, creo que… me
iré de nuevo, veo que ya estás bien.
Aparté mis manos de ella, creo que nunca me
había sentido tan incómodo en mi vida, yo no suelo ser así, y aun trataba de
explicarme el “¿por qué?” de este arranque de honestidad tan poco común en mí.
Tenía que pensar en algo rápido, o Anair se iría asustada.
—Que… ¿Que paso? Digo, a mi ¿Qué me paso?
—Dije después de cerrar mis parpados con fuerza y sacudir un poco mi cabeza.
—Pues… mmm, ¡ah sí!, entraste al refugio y
caíste como un tronco, te golpeaste fuerte en la cabeza, pero la hinchazón ya…
desapareció.
—ah… y… —“Vamos, di algo más, algo más” —, ¿Hace cuánto que… estuve, inconsciente?
—Eh… pues, como 4 días, Quizás menos, Te arrastre
de la entrada a ese rincón, y valla que estas pesado.
—Y… ¿de dónde salieron estas vendas?
—Dije mientras las frotaba.
—Ah sí, eso, pues veraz… —Me había
tranquilizado un poco pues Anair se concentró en otra cosa distinta a lo que
acababa de pasar —. Me había preguntado
por qué te desmallaste y me di cuenta de que tenías mucha sangre en tu
camiseta, tenías una gran herida, por suerte sabía qué hacer, creo que te
pondrás mejor.
Anair básicamente me había salvado la vida,
¿Qué habría pasado si ella no hubiese estado allí, o si me hubiese desmallado
en cualquier otra parte?—. Oye, me… has
salvado la vida, quisiera agradecértelo.
—Pues… me trajiste agua, creo que con eso es
suficiente.
—No en serio,
quisiera hacerlo.
—Pues… vale, creo
que mejor me retiro, adiós.
—Está bien,
adiós, y… Gracias de nuevo.
—No es nada —Sonaba muy
fastidiada mientras se devolvía sobre sus pasos al pasillo y de nuevo, a la
puerta del fondo.
En mi cabeza trataba de maquinar el hecho
de que había pasado 4 días tirado en el piso inconsciente, y a decir verdad no
me sentía como si me hubiese pasado nada, o bien hubiese pasado nada en
absoluto, Anair se había ido y me había dejado solo de nuevo, como si hubiese
sido solo una lúcida visión. “¿Wow,
estuve 4 días inconsciente?”, estuve tan ocupado en, “Todo”, que me olvide
por completo de mi herida, en otras palabras, Anair me había echo olvidar mi
dolor, “que estúpido me oigo”, y
ahora más que nunca, pues me había curado. ¿Ha de ser así el amor? Pues que
cruel para el enamorado, ¿no? Y para mi suerte, me había tocado ocupar ese
puesto, no podía negarlo, estaba enamorado, el simple hecho de pensar en ella o
mejor aún, de verla, era algo que me hacía feliz por alguna estúpida razón. Olvidar
mis preocupaciones, mis penas, mis heridas, era algo que me agradaba, pero, ¿hasta
qué punto eso era bueno? Dejar de pensar en ti mismo y poco a poco ir cayendo
en un hoyo del cual es difícil salir, al estar enamorado no nos damos cuenta de
ello.
Después de mi corto análisis sobre
el amor, recordé un detalle muy importante, Anair se había asustado, no me
extrañaba haber arruinado todo en realidad, pero el sentimiento de vergüenza y
arrepentimiento se hacía sentir cada vez con más fuerza, y era suficiente como
para hacerme querer irme y no volver más al refugio. Tal vez lo mejor era
actuar como Anair; como si nada hubiese pasado.
La humedad de la pared de aquella
habitación me abrazo cuando me recosté en ella, me deje caer al piso hasta
quedar sentado, mis ojos se habían perdido en el suelo, mientras mi cuerpo
perdía sensibilidad, “¿Por qué tengo que
ser tan… imbécil?” Mi visión empezó a nublarse, mientras mi cabeza solo
hacia la misma pregunta “¿Ahora cómo
puedo solucionar esto?”.
—Buenos días flojonazo —Un aroma muy
peculiar se asomaba entre el olor a humedad que la habitación había adquirido
hace varios minutos —. Oye, ¿Estás bien?
— “¿Cómo puedo hacer ahora para pedirle
disculpas a Anair por lo ocurrido?” —. Bueno,
olvídalo.
¿Quién diablos me hablaba?,
despabile, me estruje fuertemente los ojos, y al abrirlos me percaté de que era
de día por la luz que entraba por la pequeña ventana en lo alto de la pared.
Probablemente me había quedado dormido mientras me ahogaba en mis propios
pensamientos.
Alguien me hablaba, y más rápido que
inmediatamente, me di cuenta de que era Anair, al otro lado de la habitación,
con una especie de cocina eléctrica, se encontraba cocinando, friendo algo para
ser más preciso, por el aroma deduje que eran huevos, Anair se veía distinta, y
no solo por su peinado, el cual ahora consistía de una cola de caballo, y un
par de mechones bordeando su rostro “simplemente
hermosa”, sino también por la energía que transmitía, se le sentía algo más
relajada y dispersa.
—B-buenos días. Disculpa por no responder,
creo que seguía algo somnoliento, Que… ¿Qué haces?
— ¿Que no ves?
Estoy cocinando ¿Te gustan los huevos fritos? —Presunto mientras señalaba el sartén
con el maltratado tenedor que usaba para cocinar.
—Pues, ¡sí! Huele delicioso —Mis tripas rugieron
cual león enfurecido mientras mi boca se derretía al verlos, la expresión en mi
rostro hablo por si sola —. ¿Cómo has
hecho para encender esa cocina?
—Pues… he traído un cable de allá atrás, al
parecer regreso la electricidad.
— ¿Hay
electricidad en este lugar?
—Ahora sí, un
amigo fue a solucionar el problema hace unos días.
“¿¡UN AMIGO!? Ha
de ser su compañero, ya, mátenme”. Sentí como un fierro ardiente quemaba mi
pecho mientras una aguja me atravesaba el corazón, algo por demás de estúpido
de mi parte, me gustaría añadir —. ¿Un amigo?
—Si, tal vez nunca lo has visto porque se la
pasa en el fondo de mi refugio, bueno, de este refugio.
— ¿A qué te
refieres por “el fondo” del refugio?
—Veras, este
refugio es enorme, es un centro comercial de hecho, esta, la entrada que usas,
es la 2 da única entrada, por lo general los que entran en la primera caen en
un agujero que se encuentra allí, y mueren, lo bueno es que no me molestan y me
puedo quedar con sus recursos.
“Es una…
despiadada”
—Pues ¿qué suerte que entre por esta no?
Jajaja.
—Si jeje, un poco, por lo general los que
entran por aquí les suelo dar una oportunidad de… bueno, pasar al fondo y
dormir allí, hasta quedarse, los que no se es… porque algunos que salen no
regresan. De igual forma, solo han sido dos personas, y tú.
—Te oyes como si
este refugio fuese tuyo —Dije a modo de broma, un intento de hacer
más llevadera la conversación.
—Sí lo es. Es una larga historia, no me
gustaría contártela… es… muy… tediosa. —Su mirada se entristeció un poco, quise
preguntarle, pero no quería incomodarla, aún más, teniendo en cuenta lo que
paso el día de ayer. Sacó un par de su mochila y una barra de pan la cual partió
en varios trozos y sirvió los huevos en partes iguales en 2 platos plásticos
que tenía junto a la pequeña cocina eléctrica.
—Aquí tienes,
huevos fritos… algo… quemados.
—Hehe, tranquila,
después de mucho tiempo, ¡esto es un manjar! Jajaja.
Comíamos mientras hablábamos,
hablamos tanto que el plato de comida parecía no acabarse nunca, enfriándose
con cada palabra, ¿eso me importaba? Obviamente no, estaba con Anair, estaba
hablando con ella, eso era lo importante para mí. Pasamos horas hablando de
todo un poco.
—Dios que delicia, muchísimas gracias
—Dije al acabar de comer.
—Por nada, es lo menos que puedo hacer
después de que me trajeras ese montón de frituras y golosinas.
— ¿te… las
acabaste?
—Acababa de recordar que había traído frituras.
—
¡sí!
—Pues… que bueno
que te gustaron —Me sentía decepcionado, pensaba en
compartirlas, pero ya no tenía caso —, oye.
Anair… —Añadí lentamente, tenía una fuerte duda dentro de mí —. Sobre esta, herida, ¿no sabía que eras
medico?
—No lo soy. Soy piloto, de hecho… una piloto
sin avión ¿lo puedes creer?
— ¿Una piloto? Y
como es que… bueno ¿Supiste como curarme?
—En realidad no
estás curado, solo logre, sanar temporalmente la herida, ganar algo de tiempo
mientras encuentras como hacerlo.
— ¿Y cómo es que…
supiste hacerlo?
Puso
su plato a un lado, el cual ya había terminado pero mantenía sobre sus piernas
mientras conversábamos y se levando del suelo. “lo arruine, otra vez, se molestó y ya se va”. De repente, empezó a
bajar el cierre de su chaqueta, mi corazón latía como loco, podía sentir como
me sonrojaba, extraño pues en las personas morenas el rubor no se nota mucho. Y
poco a poco fue subiendo su suéter, mi pulso se aceleraba hasta que, dejo ver,
unas vendas un poco ensangrentadas en su pecho.
—Yo también… tengo la misma herida. —Mantuvo
su suéter arriba tiempo suficiente para que yo llegara a sentir su dolor, al
cabo de unos escasos segundos bajo su suéter y se volvió a sentar en el piso
frente a mí.
—Dios Ani… no lo sabía… yo
— ¿Cómo me
llamaste?
—Preguntó con sorpresa.
—Eh… “Ani”, ¿por qué?
—No… por nada —Pude ver como sus
ojos se ponían llorosos, me sentí como una basura, la hice sentir mal —. ¿Y cómo es que…? ¿No hay aquí algo con que curarte? —Pregunte inmediatamente,
tratando de remedar mi sentimiento.
—No, ninguna de las personas que dejo
quedarse tienen hilo, ni ungüento… y tampoco las que mueren en el refugio.
—Respondió un poco más calmada mientras limpiaba sus ojos con la manga de su
abrigo.
— ¿hilo? ¿Para
qué quieres hilo?
—Pues veraz. En mi mochila tengo una aguja y
un poco de alcohol, podría cocer mi herida y así… curarme, por así decirlo. Y
usar cualquier tipo de hilo no funciona, lo he intentado, pero termina por
caerse, no sé, simplemente no entiendo cómo es que el hilo se descose y termino
con mi herida abierta de nuevo, solo necesito un hilo especial, hilo quirúrgico.
Me volví loco, literalmente no podía soportar
ver a Anair con sus ojos así, y menos con una herida igual a la mía, pues yo sé
más que nadie sabía lo mucho que dolía. “hilo…
hilo…” —Dios, Anair… espera un
momento. —Le exclame mientras me levantaba del piso rápidamente.
— ¿qué ocurre?
—Dame un momento. —Me puse mi chaqueta y
Salí corriendo a la entrada del refugio —. Ya
regreso.
Salí disparado por las grises y solitarias
calles, estaba lloviendo para mi mala suerte. Corrí hacia el hospital que
estaba cerca del refugio de forma “irresponsable”, no me importaba quien podría
estar merodeando o que me podría pasar, tenía un plan en mente y fe en que
funcionaria. Llegue al hospital, entre por el lobby y busque un galpón de
suministros, lo puse todo patas arriba, no encontré nada, decidí buscar
habitación por habitación, dejándolas echas un desorden, una más caótica que la
anterior. No sé cuánto tiempo tarde, pero lo único que encontré fueron agujas,
botellas de alcohol y de suero y uno que otro cadáver sobre las camas y mesas
de operaciones, lo que uno llega a hacer por amor es increíble, gazas, vendas,
yeso, antibióticos, sangre, pero absolutamente nada de hilo para sutura.
Me había dado por vencido, era imposible de
que en alguna otra parte de este abandonado hospital hubiese hilo. Baje las
escaleras de vuelta al lobby y Salí del hospital, “dios… como puedo hacer para ayudar a Anair, quiero hacerlo… pero…
¿cómo?” Pensaba mientras traba de encontrar a forma, o mejor dicho, el
lugar en donde encontrar algo de hilo quirúrgico.
Seguía lloviendo, y ya era de noche, y en el
mismo momento en el que vi la luna entre las espesas nubes cargadas de una fría
y hermosa lluvia, algo dentro de mí, en mi cabeza, gatillo un vago recuerdo de
los momentos en los que hable conmigo mismo mientras estaba inconsciente.
—
“tu mochila”
¡CLARO! Tal vez a eso se refería el sueño que
tuve, recordé inmediatamente que en mi mochila tenia algunos suplementos de
primero auxilios. Pero la pregunta era, ¿Dónde estaba mi mochila? ¿En qué
momento fue que la perdí? Y recordé, El asalto al Bunker donde conocí a Alice.
Regresé corriendo al refugio de Anair como
alma que lleva el diablo. Atravesé la puerta y no se encontraba en la
habitación, solo quedaba el par de platos con los que habíamos comido, me asome
al pasillo por el cual entraba y salía y la puerta se veía obscura y tenebrosa
como siempre, solo que con menos cerraduras esta vez, de seguro Anair se había
ido a dormir. Nunca me sentí más seguro de querer hacer algo, ¿Qué iba a hacer?
Buscar mi mochila, lo más probable es que habría algo de hilo allí ¿Por qué lo
iba a hacer? Porque estoy perdidamente enamorado de Anair, y hare todo lo
posible, por ayudarla y hacerla feliz.
Tome mi rifle el cual estaba cubierto por un extraño
pañuelo y en este, había algo envuelto, lo levante y averigüe que era, se
trataba unos bombones junto a una nota que decía -te había guardado estos chocolates –Anair-. Mi corazón se llenó de
una felicidad poderosa y algo absurda que recorrió todo mi cuerpo. Levanté mi
casco y me lo puse, tome un poco de la sangre que tenía en el pecho con el
dedo, empape una ramita con él, y escribí en el papel:
-Regresare pronto
–Con amor, Lucas-
Ya estaba listo, el casco sobre mi cabeza,
rifle en mano y una misión en la cabeza, atravesé la puerta y abandone una vez
más el refugio.
°°°
Hace mucho, mientras estaba como compañero de
Vanesa, tenía una amiga llamada Mika, a simple vista se veía que era alguien
débil y muy tierna, irónico, teniendo en cuenta el hecho de que era
extremadamente hábil con las armas, era del grupo de reconocimiento pero
llevaba una 9mm en cada mano y una uzi en su espalda, equipo extraño para un soldado
de reconocimiento, un aspecto tierno e incluso adorable, pero un carácter
fuerte y una agresividad que me asustaba en el campo de batalla, sabia jugar
muy bien sus cartas y con las 9mm era imparable. No recuerdo cómo fue que nos
hicimos amigos después de la primera vez que nos vimos en una exhibición de
armas, pero me gustaba tenerla a mi lado, era la clase de amiga que siempre te
apoyaría sin importar nada al igual que Alice.
Poco tiempo después conocí a quien se
convertiría en mi mejor amigo, Leo, un francotirador no muy bueno, pero lo que
le faltaba de puntería y habilidad, lo compensaba con un gran talento para
tocar su guitarra la cual llevaba siempre de arriba a abajo, a todos lados que
íbamos, él tenía su guitarra. Era genial acampar con él, pues siempre
improvisábamos antes de dormir, y cuando
coincidíamos en algún refugio o bunker con Alice y Mika éramos las almas de la
fiesta, tocando y cantando animábamos a casi todo el mundo, yo solía tomar un
par de cucharas platos he improvisaba una especie de batería con las sartenes y
ollas de la cocina del lugar.
—
¿Hey Lucas, como se llama esa chica, esa
amiga tuya? —Me Pregunto Leo en una oportunidad.
— ¿Quién? ¿Mika? —Respondí.
—Mika, que lindo
nombre, es… Linda.
—Sí, es muy
agradable cuando la conoces bien.
Leo y Mika comenzaron a pasar mucho tiempo
juntos, se les podía ver hablando y riendo en todas partes, mientras
viajábamos, a la hora de la comida, en todas partes, a toda hora. No puedo
evitar decir que me sentía un poco solo, pues mientras ellos dos estaban juntos
y Alice escribía sus novelas, Vanesa y yo teníamos muchos problemas, hasta el
día que me abondo. Alice se había ido, Mika y Leo fueron quienes me ayudaron a
superarlo y desde entonces nos convertimos en los mejores amigos.
Nos separamos durante un par de semanas, yo
fui a un pueblo cercano el cual estaba abandonado, pues según rumores había un
almacén lleno de comida, después de recoger unas pocas cosas de dicho almacén,
regrese al bunker en el cual nos quedábamos temporalmente en esos tiempo y la
primera persona con la que me tope a mi regreso, fue con Leo.
—Leo, ¿qué tal te fue? —Le dije en forma
de saludo.
—Bien, pude encontrar un poco de munición de
una caravana ¿y tú?
—Pues ya ves,
comida para nuestras almas jajaja.
—Jajaja. Oye,
Lucas, a que no adivinas lo que me paso esta tarde. —Dijo Leo con una
sonrisa de oreja a oreja.
—No, no puedo adivinar, me podrías decir de
una vez y evitar que me queme el cerebro.
Caminamos hacia las habitaciones hasta que
llegamos a mi cama, mientras bromeaba y se me ocurrían un montón de cosas que
podrían ser la respuesta a la adivinanza de Leo, me senté en el borde y el
junto a mi mientras le di unas frituras que había encontrado y él seguía
insistiendo.
—
¡Vamos! ¡Adivina!
—Si me vuelves a
pedir que adivine te hare tragar estas papas con todo y bolsa.
—Está bien… yo…
por fin tengo compañera…
En el momento en el que lo dijo su sonrisa era
anormal, y al ver su expresión no pude evitar sonreír yo también.
—Leo, ¿es en serio? ¡JODER! Eso, eso es
genial… que digo genial… es lo mejor, venga dame un abrazo.
—Hahaha, si, y yo
que pensaba que jamás encontraría.
—Que imbécil jajá,
y bien… ¿quién es la afortunada?
—Es Mika
— ¿Mika!? ¿En
serio? ¿Después de tanto? ¿Qué le hizo cambiar de opinión?
—Eh… ¿cambiar de
opinión? ¿De qué hablas? —Pregunto Leo bastante extrañado de mi
comentario.
—No… ¿no es mika? ¿La que consistes en grupo
de estudio?
—No. Hablo de
Mika… la… que me presentaste
En ese momento mi mente se puso en blanco,
Mika era como una hermana para mi, el simple hecho de imaginarla con alguien me
asustaba.
—Te felicito joder. —Lo abrase y le dije.
No tienes idea de cuanta suerte tienes, ella es una en un jodido millón, más te
vale cuidarla.
Pasamos la noche hablando de cualquier cosa,
hasta que me conto que decidieron ser compañeros después de besarse accidentalmente cuando uno de ello fue
empujado por una chica que pasaba por el corredor en el que estaban. Creo que
fue lo mejor que pudo haber pasado, porque fuimos como uña y mugre los 3. Mika,
Leo y yo, fuimos inseparables y no es por presumir pero, también éramos
invencibles e indetenibles, hasta que un día viajando por las ruinas de una
estación de tren;
—Hey Lucas. —Me dijo Leo mientras con una
mirada triste se recostaba a la pared en la que yo apoyaba la espalda sentado
leyendo un mapa.
—Dime.
—Creo que,
debemos separarnos…
— ¿Q… que? ¿Por
qué?
—Es, difícil de
explicar…
Me levante y me pare frente a él; —Vamos, puedes confiar en mí, ¿recuerdas?
—Claro, claro, no es que no confié en ti es… —El
rostro de leo expresaba un enojo no muy intenso, pero si incómodo —. Es… es culpa de esta estúpida carta. —Era
una carta con un borde rojo, la conocía, bueno, la había visto en otra parte,
en mi mochila, esa carta que nunca he querido abrir.
— ¿Abriste la
carta?
—Si… al parecer…
tenemos que estar solo Mika y yo.
— ¿Me podrías
decir que dice?
—No estoy seguro…
no creo, no debería.
—Vamos dime…
—De hecho, en la
carta dice que cada quien debe abrir y leer su propia carta… al parecer todas
contienen algo diferente…
—Y… ¿Qué decía la
tuya?
—Lucas… déjalo. —Me enoje un poco
en ese momento, y de hecho, me molesto que no quisiera compartir conmigo lo que
decía la carta.
—Hey chicos, ¿qué hacen? —Pregunto mika
al acercarse.
—Nada, ya… ya me iba… —Respondí mientras
recogía mis cosas del suelo.
— ¿Qué ocurre? —Dijo ella
mientras veía a Leo como sabiendo de que se trataba.
—Luca, por favor no…
—No Leo, tienes
razón, si tu carta dice que tienes que hacerlo… tienes que hacerlo, y quien soy
yo para negarlo, o impedirlo…
Mika me miraba con ojos de confusión y lastima
–. Lucas…
—Adiós Leo…
espero y les vaya bien juntos… Mika, cuídalo. —Trate de forzar una sonrisa para
despedirme —. Sean felices
—Lucas… —Dijo Leo
mientras me iba lentamente, sabía que si me quedaba o quería sacarle más
información de su partida terminaríamos discutiendo y eventualmente molestos,
era lo mejor para todos. Volteé, tenia de la mano a Mika mientras me dijo; — ¡PRONTO LO ENTENDERAS! —Sonreí y levante
mi pulgar mientras me marchaba de regreso al refugio, supe que se refería a que
lo entendería una vez abriera el sobre, el cual me vi tentado a abrir en varias
ocasiones, pero no lo hice pues no sabía si estaba listo o no.
¿Mika
y leo? Solo he sabido de ellos en 2 oportunidades, una vez que recibí una carta
de ellos donde preguntaban de cómo estaba y otra en la que decían.
“Hola Lucas, Soy
Mika.
Espero y te
encuentres muy bien, hemos encontrado un lugar, una especie de refugio en el
que somos muy felices, me gusta pensar que tú también lo eres, de casualidad
nos encontramos con un sujeto que con darle tu descripción, te puede rastrear
con ayuda de los encargados de los Bunker´s y refugios. Espero y recibas esta
carta.
Aprovecho para
decir que leo está muy bien, encontró un pequeño trabajo como maestro de música
a un pequeño grupo de jóvenes, no podríamos estar mejor.
El me pidió que
te escribiera, que nunca olvides su amistad, nuestra amistad, y que pronto “con
la ayuda de una compañera” entiendas el por qué nos tuvimos que separar, que no
abras el sobre hasta estar “listo”.
Te queremos mucho
Lucas, cuídate y esperamos estés bien. Leo y Mika.
P.D.: cumplimos
con tu petición, somos muy felices.”
—Hehe… ustedes, par de… cabrones. Los amo…
°°°
Llevaba varios días fuera del refugio el
refugio, el rostro de Anair seguía preso en mi mente, lo veía a cada momento,
no dejaba de escuchar su voz entre los arboles de aquel frio y desolado bosque
con el que fui a parar. Me preguntaba lo
mismo desde hace un par de días; ¿estoy
perdido? Imposible, jamás me había perdido en mi vida, o bien, no que yo
recordara en ese momento, estaba seguro de que pronto llegaría a lo que solía
ser el bunker en el que había perdido mi mochila.
Con esperanzas de encontrar respuestas, e hilo
para suturas, agujas o bien alguna especie de pomada o crema en mi mochila, Había
caminado constantemente, tomando pequeñas siestas en cuevas o chozas
abandonadas que encuentro a mi camino para no ser atacado mientras lo hacía, si
es que conseguía dormir, el desvelarme era mi pan de cada día, me encontré con lugares
tan hermosos que con solo verlos me hacían sentir feliz, cascadas que parecían
infinitas, que al golpear el suelo forman metros de humedad capases de abrazar
tu cuerpo entero, praderas que se pierdan en el horizonte tanto así que no
sabes dónde termina la tierra y empieza el crepúsculo, cultivos de granjas
abandonadas donde la naturaleza se ha apoderado de las pequeñas estructuras de
madera formando así un lúgubre y algo terrorífico granero junto a un delgado
molino que parece va a ceder en cualquier momento, también encontré a un grupo
de personas con el cual forme un pequeño escuadrón para avanzar a través de
montañas iguales a gigantes marchando uno tras otros hasta desaparecer en la
neblina. Estuve en un pueblo abandonado que con solo caminar entre sus calles,
hacía que se me erizara la piel, pero aun así, llegue a sentir una completa
calma recorrer mi cuerpo, lagos tan tranquilos y cristalinos cual colosales
espejos mostrando una hermosa copia del cielo nocturno en el que parece puedes
caer y perderte en el infinito universo.
He visto y estado en lugares tan hermosos que
hacían que aquel gris y húmedo bosque en el que caminaba pareciera un cadáver,
lo curioso es que en cada lugar en el que he estado no he podido evitar
imaginarme a Anair a mi lado, caminando junto a mí, o simplemente sentada,
detallando el escenario, y aquel bosque no había sido la excepción.
También solía pasarme que cada vez que
conseguía dormir un poco soñaba con ella, era en vano intentar no hacerlo, pues
entro en un estado inconsciente y no puedo controlar que soñar, era inquietante
y hasta un poco perturbador el hecho de que solo tenía dos tipos de sueño con
Anair, en los que estamos juntos y todo es alegremente perfecto, y en los que
llueve, y sin querer le hago daño, le lastimo el brazo o por accidente le golpeó
la cabeza, y siempre que lo hago ella me mira con ojos de tristeza y con una
voz a punto de romper en llanto dice; — ¡ay!
Luca, Eso duele. —Y es entonces cuando siento como si me destrozaran el
pecho, siento que soy el ser humano más basura del universo, y mi suerte me hacía
despertar solo antes de disculparme con ella.
Conforme avanzaba, el bosque parecía hacerse más
y más estrecho, como si los arboles salieran de la nada, dificultaba el caminar
entre ellos mientras mi temor de estar perdido se hacía realidad, con la noche
a la vuelta de la esquina empiezo a nevar, jamás en mi vida había experimentado
el dulce abraso de la nieve, pero tampoco podía permitirme pasar la noche en la
intemperie, y menos con solo una chaqueta y una bermuda.
Conseguí dar con una cueva después de varios
minutos, pero lo extraño no fue encontrar una vacía sin animales o peligro
buscando, igual que yo, protegerse del frio, lo extraño fue encontrar un montón
de basura dentro, como si alguien ya hubiera estado en este lugar, restos de
una fogata, huesos de animales pequeños, parecía todo un cuarto de soltero,
pero tenía lo necesario para pasar la noche, busque unas cuantas ramas que
había en la cueva, hice una fogata por demás de improvisada, me quite la chaqueta
y la coloque cerca de ella para que se secara, pues los copos de nieven habían
empapado gran parte de ella. Poco a poco el sueño me fue golpeando y con el bamboleo de mi cabeza que cada vez era
más brusco, decidí acostarme y dormir.
~~~
—Aquí tienes, huevos fritos… algo… quemados.
—Dijo Anair.
—Hehe, tranquila, después de mucho tiempo, ¡esto
es un manjar! Jajaja. —Respondí tomando el plato de plástico.
—Aquí tienes pan también.
—
¡Dios! Amo el pan, gracias, ¿de dónde lo
has sacado?
—
¿Recuerdas a mi amigo, el que estaba
reconectando la electricidad?
—Cómo olvidarlo… —Respondí
desganado, algo celoso la verdad.
—Pues trajo un poco y… luego… se fue.
—Anair me observo fijamente por unos segundos —. ¿Estás enojado?
—
¿ah? ¿Por qué lo dices?
—La expresión en
tu rostro… puedo notarla ¿sabes?
—Eh, si… Lo
siento, es que… recordé algo, no es nada.
—Está bien…
Pasaron
un par de segundos hasta que decidí preguntar algo un tanto, al menos para mí,
incomodo —. Y este, amigo tuyo… ¿qué tan
bien lo conoces?
—Pues lo conozco desde hace años… ¿Por qué lo
pregunta? —Anair dejo ver en su cara una pisca de incomodidad, y no me
extrañaba en absoluto.
—Por nada… solo tenía curiosidad. — “¿y si es su compañero ya? ¿Qué hare? No creo
que… dios no… ¿qué estoy pensando?”
—Está bien… pero me molestare contigo si no
me lo dices.
— ¿Es en serio?
—Tal vez
—Pues veraz, es
que… creo que ese “amigo” del que hablas y mencionabas, es, tu compañero…
~~~
—
¿Quién eres tú? —Me Preguntaron.
—
¿Eh?
—Se ve que estas
bastante cómodo…
—La verdad si…
espera, ¿QUE?
Me levante de golpe, ¿Quién diablos me
hablaba? No podía verle, la luz del día iluminaba la entrada de la cueva y solo
alcanzaba ver un fuerte resplandor y una
silueta, una silueta muy parecida a… mi otro yo, el de mi sueño.
—
¿hey, estas bien?... Pregunte que si
estás bien. —Me decía esta persona. ¿Estoy
soñando de nuevo?, me preguntaba yo, recostado en el suelo con mi mano
frente a mi cara en un fracasado intento de tapar mis ojos de la luz.
—
¿Quién?… ¿Quién eres? — ¡DEJA VU!
Solo que en esa oportunidad, la voz era totalmente diferente, yo estaba
aturdido, como si lo que me separara de la noche anterior y ese momento hubiese
sido solo un parpadeo.
—Yo podría preguntar exactamente lo mismo, y
también preguntar el por qué estás en mi cueva.
En una situación como esa uno no
puede mostrarse débil, y mucho menos tener la guardia baja, pero seamos
sinceros, si este sujeto hubiese querido matarme ya lo hubiese hecho, era
obvio, al menos para mí, que no se trataba de un hostil, de un enemigo, ni
siquiera de alguien con mal carácter.
—Pues al Parecer careces de “modales”, pero
está bien, responderé yo primero, me llamo… Wolf. Llámame Wolf.
—
¿Wolf? Yo… soy Lucas. —La silueta se
fue definiendo poco a poco hasta que logre definirlo, era un sujeto casi de mi
estatura, su cabello largo me recordó al mío hace unos años, su ropa era
básicamente harapos, parecía… era, piel de animales y se veía que no llevaba
armas más allá de una pequeña 9mm en la pierna y varios machetes y varas de
maderas envueltas en cinta adhesiva, como si, estuviera de expedición, pero
perdido —. Soy Lucas… un placer, no sabía
que, bueno, esta cueva, tuviese dueño.
—En verdad no es mía, solo suelo venir aquí
en varias ocasiones.
—Entonces disculpa, yo solo quería un lugar
donde pasar la noche, no quisiera incomodar.
—No te preocupe — Wolf Parecía muy buena
gente, limpiaba el interior de la cueva con los pies mientras dejaba caer un
costal que llevaba con el —. Llevo un par
de días en esta cueva, había salido por algo de comer, probablemente parta
mañana, así que puedes quedarte cuanto
gustes.
Alcance mi chaqueta, la cual estaba
seca ya —. Yo estoy de paso, busco un
lugar en particular, solía haber un bunker ahí, espero tener suerte y encontrar
las ruinas tal cual estaban hace un par de…
espera, ¿dijiste comida?
—Eh… si… ¿Por qué? ¿Tienes hambre?
—No como desde
hace días…
—Hahaha está
bien, venga… comamos algo
Wolf demostraba se sujetó bastante simple,
demasiado amigable como para no estar en un equipo, y muy pacifico de hecho,
tal vez por eso no llevaba armas, me conto que no las lleva por que no le
gustan, pero que si lleva con él una 9mm para casos de extrema emergencia, las
artes marciales y la lucha cuerpo a
cuerpo eran su especialidad, también me conto que siempre estaba en movimiento,
no le gustaba quedarse en un mismo sitio a menos de que fuera por alguien, lo
cual siempre terminaba mal. Y precisamente era por eso que llevaba mucho tiempo
en la zona, buscaba a alguien, decía que era como cazar un conejo con los ojos
cerrados, pero él nunca se rendiría.
Teníamos tantas cosas en común, gustos,
aficiones, forma de hacer las cosas y de resolver asuntos, éramos, como la
misma persona, pero él era 6 años mayor que yo. Pasamos charlando durante horas,
y la noche llego. Wolf empezó a mostrar algo de prisa, las respuestas se violan
más cortas, los temas de conversación más escasos y las llamas de la hoguera
más radiantes, y por mucho que lo intentamos, no pudimos evitar hablar de “ese”
tema.
—Escúchame Lucas.
Si sientes algo por alguien, si estás seguro de que es algo puro y sincero,
jamás pero jamás te rindas.
—Sí, pero… hay un
problema, yo la amo, estoy loco por ella, no hay duda, pero, creo que yo no le
intereso, en ningún modo…
— ¿Te lo ha
dicho?
—No exactamente…
—Pues Lucas… lo
mejor que te puedo decir es… no te rindas, hasta que veas que no se puede
avanzar más tu solo… —Wolf parecía querer convencerme delo que
estaba diciendo, no tanto como si me lo dijese a mí, sino a sí mismo, como
cuando te repites una y otra vez “puedes hacerlo” —... Trata de que tu sueños se hagan realidad, cueste lo que cueste, porque
si sientes que hacer feliz a alguien te hará feliz a ti también, o bien es más
importante que tu propia felicidad, tal vez eso sea lo correcto. Y recuerda…
—Se levantó, fue a la entrada de la cueva y volvió su mirada hacia mí —, Sé cómo
el Lobo, Solidario en la manada y Fuerte en la soledad. —Volteó y se marchó, fue la última vez que vi a Wolf.
Capítulo 4
A veces me pregunto ¿valdrá la pena esforzare?
¿Valdrá la pena hacer algo por alguien? El 80% de las veces que lo hago no lo
vale, y el otro 20% simplemente todo resulta de una forma tan extraña y confusa
que ni siquiera sé si en verdad hice o no hice bien las cosas. He visto tantas
cosas, ver colegas caer, ver personas que muere por otras, o que sencillamente
desaparecen junto a sus compañeros, esto último me causa intriga, como es que
al conseguir un compañero, una pareja, desaparecen, nadie los vuelve a ver;
¿acaso mueren en combate? ¿O simplemente se esfuman? Este mundo esta tan lleno
de cosas, cosas que desconocemos, cosas inexplicables, no me sorprendería que
las personas desaparecieran una vez consiguen compañeros, como Leo y Mika.
Podría calcular 4 semanas desde que había
dejado el refugio, y el lugar en donde una vez estuvo el bunker me parecía que
se aleja cada vez más y más. Al dormir, las visiones de Anair era mi pan de
cada día, como que me hacía querer dar media vuelta y volver al refugio con
ella. Por otro lado, Wolf recordándome; “fuerte en la soledad”, frase que me
repetía una y otra vez para seguir adelante, en el fondo sentía que mi destino
estaba cerca.
He pasado tanto tiempo solo que he olvidado lo
que es estar con alguien, o simplemente estar enamorado ¿tal vez por eso estoy
en esta condición? En el fondo, muy optimista, pensaba que Anair tal vez, solo
tal vez, me correspondiera, pero por fuera me distraía a mí mismo con el hecho
de que me tocaría levantar una gran cantidad de escombros para recuperar mi
mochila.
Después de tanto tiempo, allí estaba el
letrero que señalaba la ubicación del bunker, un trozo de madera vieja clavada
en la tierra, al pie de una pequeña colina, que apuntaba; “Zona de tregua N°
208”. Ya estaba cerca, pero algo andaba mal, todo se veía muy cuidado y
tranquilo. Seguí un pequeño y poco constante sendero que apenas y se podía ver.
La ubicación era la misma, el número de la zona también, pero algo me
incomodaba, no me fie mucho del bonito paisaje así que quite el seguro de mi
rifle y lo descolgué de mi hombro para tomarlo con ambas manos, preparado para
cualquier inconveniente.
—
¿Pero qué demonios? —Dije en vos muy
baja, casi un susurro, al terminar de subir la colina y ver que lo que una vez
fue un viejo y dañado bunker, ahora era un fresco y vivo bosque, con pinos y
demás, pasto y vegetación que alcanzaría los 5-6 metros de altura, imposible de
atravesar sin algún tipo de maquinaria o equipo especial. Ya estaba totalmente
convencido de que algo andaba mal, con precaución seguí avanzando, pues temía
que fuese un tipo de trampa. Me acerque lentamente a la gran muralla de
plantas, cuando de repente, de entre las plantas, salto un soldado, apuntándome
en la cara con una escopeta, y junto a él, otros dos sujetos con el mismo
uniforme e igualmente armados.
—
¿¡Nombre!? —Exclamo el sujeto
amenazándome con su arma.
— ¿Eh? ¿Qué
ocurre? ¿Quiénes son ustedes?
—Identifícate de
una vez ¿Cómo te llamas?
—Lu… Lucas.
— ¿Qué quieres?
¿Qué vienes a hacer aquí? —El tono de su vos cambio bruscamente, ahora
sonaba más relajado, como si mi presencia no presentara amenaza alguna.
—Yo solo, creí
que, podría encontrar aquí, algo que perdí… hace mucho tiempo. —El soldado hiso
un gesto burlón con el sonido de su nariz y bajo su arma guardia, los otros dos
se mostraban listos para disparar.
—Está bien, acompáñanos.
Uno de los soldados se colocó detrás de mí y
puso su rifle en mi nuca —No intentes
nada, ni te hagas el gracioso. —Caminamos paralelamente a la gran barrera
de matorrales y arboles hasta llegar a un arbusto de espinas, uno de los
soldados tomo este arbusto y lo hiso a
un lado como si nada, dejando ver una pequeña puerta, esta poseía una
ventanilla, la cual se abrió y un sujeto en e interior susurro algo al soldado
de afuera, abrieron la puerta y me obligaron a entrar. El tiempo pareció
avanzar más y más lento. ¿Qué diablos
está pasando? ¿Quiénes son estos? ¿Me van a matar? Estaba sudando frio, no
sabía que me esperaba detrás de esa puerta.
Para mi sorpresa, en el interior había un
montón de soldados, con radios, mapas, máquinas de escribir, straight key´s,
todo un centro de operaciones que de la tensión, no logre detallar muy bien. Me
llevaron por un largo pasillo con una puerta al final, al llegar a esta, la
abrieron y pasamos a una enorme habitación, llena de estantes con cajas, estas
cajas tenían nombres escritos con rotulador, yo seguía sin siquiera poder
imaginar que tenían en mente estos sujetos, y el suspenso no ayudaba a siquiera
pensarlo.
—Busca una caja. —Dijo, el que
supuse era el líder de entre los tres que me escoltaban, al sujeto que me
apuntaba. Este colgó el rifle en su hombro y tomo una caja desarmada de una
pila, la armo, saco un rotulador de un bolsillo de su chaleco y me preguntó; — ¿Cómo dijiste que era tu nombre?
—Lucas. —El sujeto escribió
mi nombre en la caja, mientras, otro se dirigió a la entrada de la habitación,
junto a la puerta había un Locker lleno de folios, al parecer ordenados por
orden alfabético, tomo uno de una pila sin grupo y se me acerco.
—Tú, Lucas. —Me dijo.
—S… ¿sí?
— ¿Prometes no
herir, lastimar o incluso asesinar a nadie en los límites de esta área?
—Lo… lo prometo…
—Bien, firma este
contrato.
— ¿Qué dice aquí?
—Nada en
especial, solo dice que si haces daño a alguien te cazaremos como un animal, así
que, ojo con lo que acabas de prometer.
—V… vale.
—Ahora danos toda
tu munición.
— ¿Qué? ¿Para
qué?
— ¿Quieres seguir
con vida si o no?
Quite el Peine de mi rifle y saque otros 2 de
los bolsillos de mi chaqueta, se los di y los guardaron en la caja mientras los
observaban y contabilizaban hasta las balas. —Esto lo hacemos por tu seguridad y la de todos los demás que permanecen
en el bunker, en lo que desees retirarte te serán devueltas todas tus
pertenencias, en caso de que regrese pasaras por el mismo procedimiento. —Pusieron
la caja con mi nombre y mi munición en uno de los estantes, me sacaron del
almacén y me acompañaron a otra puerta —,
deja que el guía te indique el camino al bunker. — ¿Había dicho bunker?
—En caso de que
desee retirarse puede hacerlo ahora o más tarde, si ese es el caso hágalo por
la salida oficial —Decía el guía, algo indiferente y sínico,
mientras me acompañaba por un pasillo adyacente al que daba con la habitación
con mis cosas —, hay letreros que lo
guiaran al bunker y a la salida en la cual puede retirar su munición y/o
pertenecías, para cualquier duda puedes consultar con los guías, como yo,
llevan puesto una banda amarilla en el brazo.
Todo el protocolo, todas las normativas, ¿estaba en el bunker correcto? Ya
habíamos llegado al fin del pasillo, una puerta metálica —… y bueno, bienvenido —Añadió el guía —, este es la zona de tregua 208, bunker numero… ya lo olvide, mejor…
pasemos a las preguntas, claro, si es que tienes.
—Pues… si, ¿Qué
es todo esto? No recuerdo que este lugar fuera así.
—Veraz, desde la
tragedia de hace… no recuerdo hace cuanto fue, pero desde entonces, las fuerzas
supremas han tratado de hacer este lugar mucho más seguro de cómo era antes,
así le garantizan a todos sus visitantes una estadía segura… ¿alguna otra
pregunta?
— ¿Dónde está el
bunker?
—Ya estás en el…
El guía abrió la puerta metálica, y tras ella,
había una pequeña multitud, chicos y chicas conversando entre sí, algo que no
veía en mucho tiempo, la paz, el ruido y el olor a comida en el aire que
viajaba a través de los pasillos eran cosas que extrañaba, voltee rápidamente
para hacer una pregunta más al guía, pero este ya había cerrado la puerta sin
siquiera haber esperado una despedida o agradecimiento, no me extraño que
quisiera irse, después de todo se oía muy desanimado y cansado.
Sentía como si mis ojos fueran a salirse de
sus cuencas, estaba realmente asombrado de la cantidad de personas que estaban
en ese lugar, sin querer matarse los unos a los otros, nadie corría, todos en
sana pasa de aquí para allá, el ruido algo que extrañaba, área de dormitorio,
centro social, comedor y cafetería, un paraíso, y aunque llevaba años sin ver
algo así, no me quise distraer demasiado contemplando el lugar, busque a un
guía y me dijo que efectivamente, había un área en el bunker en el que se
almacenaban los objetos perdidos, y que mucha de las cosas que se recuperaron
de después del bombardeo se encontraban allí, tenía tanta fe en encontrar hay
mi mochila, que corrí por los pasillos a dicho lugar, tropezando con más de una
persona, casi siego de la emoción, hasta que lo encontré, “Perdidos y
Encontrados”, un letrero echo en madera, y una ventanilla cerrada con barrotes,
el canoso hombre mayor, con una barba muy poblada y bastante corpulento, del
otro lado de la ventanilla, me veía sin inmutarse, aun cuando me vio ir hasta
el a toda prisa, él estaba inmerso en sus propios asuntos.
—Buenas tardes…
quisiera saber, ¿qué posibilidades hay de recuperar algo que se me extravió en
el ataque de hace 4-5 años…? —El viejo hombre se lo pensó dos veces antes
de decir nada, me veía a los ojos con una rara calma y muy despacio me devolvió
la palabra.
—Depende de que
estés buscando, ¿Qué fue lo que perdiste?
—Pues… una
mochila, para ser más exacto…
— ¿Una mochila
eh?
—El hombre suspiro muy profundamente y se alejó de la ventanilla, la puerta a
un lado de esta, se abrió chirriante, a lo que el sujeto se asomó a verme —. Ven, entra.
Pase adelante a una habitación muy bien
iluminada, estaba llena de todo tipo de objetos, costales, barriles, baúles,
estanterías con libros y cajas pequeñas, incluso armas, la habitación se hacía
más y más implica conforme caminábamos, no podía creer la cantidad de objetos
que la gente perdía. —. Hemos encontrado
una gran cantidad de cosas bajo los escombros del bunker cuando empezó la
reconstrucción —Decía el hombre con voz ronca y cansada mientras atravesábamos
la habitación en dirección a otra puerta —. Sabíamos
que tarde o temprano alguien vendría a reclamarlas, muchos de esos objetos ya
fueron retirados, espero tengas suerte y tu mochila siga aquí. —Abrió la
vieja puerta de madera con un pequeño letrero que decía “escombros”. El
interior de esta nueva habitación parecía un basurero, cajas por aquí, pilas de
ropas por allá, y un grupo de mochilas en un rincón. El hombre señalo las
mochilas haciendo un gesto con su cabeza y no dude en acercarme a ella, mi sangre
hervía, estaba sudando frio mientras mis manos temblaban, y una tras una fui
retirando las mochilas de la esquina, 1, un bolso enorme de expedición, 2, un
pequeño bolso de mujer, bastante amplio, 3, dos mochilas atadas con una soga,
una de cuero y otra azul más pequeña. 4ta mochilas y aún no veía la mía, había
perdido las esperanzas después de la 6ta, pero no me iría hasta al menos, ver
el rincón detrás de la pila de mochilas y de pronto, casi brotando de la
tierra, allí estaba, mi vieja y desgastada mochila, negra con apenas visibles líneas
rojas, algo rota y magullada, bástate vieja a decir verdad.
Mi cara se ilumino y el corazón me volvió a
latir después de varios frustrantes segundos, de solo imaginarme el montón de
cosas que había dejado atrás junto a ella me hiso feliz hasta decir basta,
sabía que me esperaba horas de, por así decirlo, retomar mi vida justo donde la
había abandonado, tomé mi mochila y ya de pie, me acerque al cargado.
—Esta es,
muchísimas gracias, en verdad, muchas gracias.
—No hay de que,
estamos para ayudar, algunas personas merecen una segunda oportunidad, y tu
chico, estoy seguro que mereces una más. —Me despedí con un apretón de manos
del tan amable sujeto y me aleje del lugar, estaba más que dispuesto a volver
al refugio con Anair, no sin antes revisar la mochila y comer algo.
Me dirigí al comedor, sin quitarle el ojo de
encima a mi maltratada mochila, “perdóname
por haberte perdido pequeña”. El comedor estaba repleto, una gran
habitación con pilaren en medio, y mesas por doquier, a un costado de esta una
barra donde varios soldados se encargaban de cobrar por la comida la cual era
de casi de todo tipo. Con gran dificultad logre encontrar un asiento vacío en
una mesa junto a unos sujetos que hablaban y discutían de mujeres, me trajo
recuerdo de los idiotas con los que siempre me topaba en los Búnkeres. Ya
sentado, “cómodo” y con gran ansiedad, abrí la mochila poco a poco, cada
segundo era una marea de preguntas; ¿Qué abre dejado aquí? ¿Estará eso aquí
todavía? ¿Qué pasaría si aquello estuviera aquí? ¿Qué estará debajo de aquello?
Hasta que por fin pude echar mano de su interior.
Un montón de recuerdos me golpearon la cabeza
cual gancho de boxeador al ver mi vieja libreta, una en la cual escribía sobre
el terreno, hacia pequeños mapas de las aéreas que visitaba por si regresaba a
ellas, y uno que otro dibujo, luego, otro golpe de recuerdos, mi viejo diario,
no podía creer que seguía aquí guardado, tampoco podía creer que YO tenía un
diario. La gente me miraba extraño, como un loco, al ver la risa y la sonrisa
tan tonta que me causaba ver estas cosas. No se cómo diablos no me había fijado
en el objeto más grande de mi mochila, mi viejo sweater gris, recuerdo cuando
muchos me molestaban porque nunca me lo quitaba, podía estar bajo el sol todo
el día y no sentía nada de calor, recuerdo que lo deje de usar una vez compre
mi chaqueta, la que uso ahora, ¡ES MAS!, me había quitado mi chaqueta y la
guardacamisa, y me puse mi Sweater, que recuerdos, todavía me quedaba bien,
deje la guarda camisa a un lado junto a mi chaqueta, la cual me pondría después
sobre el sweater. Debajo de eso había una carpeta, la cual a simple vista, ya
sabía que tenía algunas hojas, dibujos y el sobre que nunca me atreví a leer,
ese por el cual Leo y Mika se marcharon, también estaba mi vieja billetera, y
me sorprendí y alegre al ver que tenía dinero dentro, no mucho, pero si lo
necesario, y en el fondo de la mochila, la razón por la que había viajado hasta
aquí, un pequeño estuche, como una billetera pero mucho más grande, de color
verde obscuro y con un broche, mi pequeño Kit de primeros auxilios, lo tome
lentamente mientras la tensión a mi alrededor crecía, como si todos se hubieran
callado, Suspire profundamente antes de ver el interior, había puesto tanta fe
en este viaje que no sabría qué hacer, o bien, como hacer para volver con Anair
con las manos vacías. Lo abrí muy lentamente, un pequeño royo de gaza, una
latita de alcohol en spray, adhesivo médico y una jeringuilla con morfina… nada
más.
Pensé; “tal
vez con el dinero que encontré en mi billetera pueda comprar hilo para suturas
o algún hilo especial y pomadas”, y
de pronto, cual destello de luz, una cremallera en el kit de primero auxilio
brillo con el reflejo de las bombillas en el techo, lo abrí y aquí estaba, una pequeña
bolsa con un royo de hilo y un par de agujas.
— ¡SI! —Grite, todo el
mundo volteo a verme, habían confirmado lo que temían, yo estaba como una
cabra, me consumió tanto la vergüenza que rápidamente tome mi mochila, mi
chaqueta y me marche rápidamente.
No podía creerlo, simplemente no podía
creerlo, lo había conseguido, podía regresar al refugio y ayudar a Anair,
después de esto me amaría, estaba seguro, jamás me había sentido tan
entusiasmado y feliz. Guarde mi billetera en el bolsillo de mi bermuda, me puse
mi chaqueta y esta vez asegure bien mi mochila, estaba listo para partir de
regreso con Anair, pero obviamente, tenía que comer y beber algo antes de salir
de aquí y hacerme con una buena reserva de alimentos para el camino.
Al cabo de un rato conseguí una pequeña
tienda, compré una botella grande de agua y unos cuantos chocolates, estaba segura
de que me bastaría para el camino, di las gracias al vendedor y al darme la
vuelta para retirarme, tropecé con una chica, una linda chica, una chica que
conocía de hace bastante tiempo, era “aquella chica”. Un caso de enamoramiento
anterior a Anair, no la veía desde hace casi 2 años, y ahora estaba frente a
mí, viéndome a los ojos… Sabía que era yo, me reconoció casi tan rápido como yo
a ella.
— ¿Lucas?
—A… A… ¿Abbi?
¿No te ha pasado que desearían ser invisibles
por solo una vez en sus vidas? O simplemente; ¿desaparecer de la faz de la
tierra? Yo sí, y muchas veces…
Abbi era una chica bastante simpática, era de
corta estatura, tenía el pelo rojo y unos muy bonitos ojos color avellana, por
su perfil hacía creer que era francesa, algo curioso porque era de la misma
área que los demás y yo, era de ese tipo de chicas con las que te gustaría
compartir mucho tiempo, solo que en mi caso fue distinto, Mika mucho tiempo
antes de irse con Leo me la había presentado, y en ese momento Cupido hiso de
las suyas, quería pasar con ella todo el día, todos los días, le regalaba cosas
como munición, chocolates, flores, pero… bueno, podrán imaginar lo que paso, por
suerte yo tenía bien claro que ella no sentía lo mismo por mí, y me resigne
rápidamente, cosa que, por así decirlo, amortiguo el golpe al saber que ella
tenía un compañero desde hace un tiempo.
—Por dios, ¿Cómo has estado? —Pregunto
sonrojada, su voz dulce fue algo que siempre me gusto de ella —, O más bien… ¿Dónde has estado?, hehe
—Pues, ya sabes… por ahí, de aquí a allá, tu
sabes. —No hallaba que decir, en verdad me encontraba bastante incómodo y
asustado. ¿En verdad? Dios, siempre he sido patético, pero por suerte no era el
único que tartamudeaba al hablar, se notaba que ella también se encontraba
“tímida” en ese momento.
—He, si, oye, ¿y qué haces por acá?
—Yo, he… vine a
buscar mi mochila, estaba extraviada y al parecer aquí hay un lugar donde las
guardan.
—Oh, qué bien, me
alegra saber que la hallas encontrado.
—Sí...
…
…
…
…
—Oye, ¿qué harás ahora?
—Pues la verdad,
no tengo planes… pero… de echo sí, tengo que…
— ¿Me quisieras
acompañar al área de música? Bueno, no al área de música, a un patio de
reunión. Es un área sin techo cerca del área de música.
—S-seguro, vamos. —Su encanto al
hablar me había convencido, la forma tan tierna en la que hablaba y la
amabilidad con las que pedía las cosas, así fuese el más insignificante de los
favores, era algo a lo que siempre fui débil.
Caminamos por los pasillos y corredores del
bunker, ella delante guiándome hacia el área de música, la gente a nuestro
alrededor pareció volverse más alegre, literalmente, se les veía reír y
conversar muy animadamente, todo el bunker se llenó de una cálida serenidad,
sin prisa, sin problemas, sin remordimientos.
—Oye Lucas…—Pregunto Abbi al
cabo de unos minutos caminando con una voz algo nerviosa—. ¿Que has hecho todo este tiempo?
—Pues… la verdad, nada… un poco de esto y
aquello, nada en concreto. Ahora pues, me da algo de vergüenza decirlo pero,
estoy tratando de, —En ocasiones, cuando no sabes cómo decir algo, la mejor
forma de decirlo es de la manera más sencilla —, estoy enamorado de una chica. —Y esa ocasión, creo yo, no era la
excepción.
—Ah, está bien…eso
es, lindo.
—Eh… ¿y tú?
—Pues, nada, leer
libros y… más que nada leer libros…
—Oh, genial. Y,
¿Qué vas a hacer cerca del área de música?
—Me reuniré con
un amigo… Bueno, el compañero de mi mejor amiga
—vale, suena
bien, necesitaba algo de, distracción ¿sabes? He estado muy tenso últimamente.
—Sé a qué te
refieres. —Llegamos
a lo que parecía ser una plaza, esta era diferente, sus árboles eran verdes y
grandes, igual que el pasto, no como las de las ciudades, quemados y secos. No
tenía techo a diferencia del resto del bunker, en ella había un montón de
jóvenes, con instrumentos musicales, sentí nostalgia al recordar que en mis
tiempos, el área de música solo tenía un par de guitarras y varios tambores, era
extraño cuando se veía a alguien tocando una trompeta, un violín, o si quiera
un bajo, pero con tan escasos recursos pasábamos horas improvisando, ahora todo
se ve tan, moderno y nuevo.
Caminamos hacia un grupo de jóvenes que
estaban sentados en unas mesas, Abby se sentó y yo le seguí, uno de los
sujetos, tenía el cabello crespo, llevaba bufanda y una camisa un tanto
peculiar, no dejaba de verme, me hacía sentir un poco incómodo. Al lado de
este sujeto estaba otro un tanto más
“normal” una polera azul con jeans de campaña, y poco más allá de un par de
brazaletes.
—Lucas —Dijo Abby—. Te presento a Arnold… Arnold, Lucas.
Estreche La mano del sujeto de la bufanda y como ya era de costumbre, le dije; —
¿Qué onda? ¿Cómo estás?
El sujeto vio a Abbi de forma sarcástica y le
dijo con un tono burlesco: —Sí, yo a él
ya lo conozco…
—Si hehe. —Dije, jamás en
mi vida le había visto, o al menos eso pensaba, creí que era uno de estos
sujetos que veo a menudo pero nunca lo recuerdo, me suele pasar mucho.
El
sujeto me observo con una mirada de indiferencia y una sonrisa que me hiso
sentir por demás de incomodo, y como si estuviera por jugarme una broma añadió:
—Yo le conozco, es amigo de Anair.
Todo mi cuerpo se estremeció, ¿Conoce a Anair? ¿Cómo demonios me conoce?
¿CÓMO DIABLOS SABE QUE CONOSCO A ANAIR? el sujeto dejo de prestarme
atención alguna y empezó a hablar con quién le acompañaba en la mesa antes de
que llegáramos.
— ¿Conoces a
Anair? —me
pregunto Abbi en vos baja, como si de un secreto se tratase.
— Si, ¿Por qué?
¿Tú la conoces? — En verdad estaba algo… perturbado, ¿cómo es
que ellos conocían a Anair? Con un tono de apatía Abbi contesto.
—Ha, que si la
conozco. ¿De dónde la conoces tú?
—Bueno,
¿recuerdas que te hable que, bueno, estaba… tu sabes… enamorado?
—Si… —Respondió con los
ojos abiertos, sorprendida, adelantándose a la respuesta. Cada segundo que
pasaba sin saber de dónde conocían a Anair se me hiso eterno.
—Pues… yo me
refería a ella.
—NO TE LO PUEDO
CREER
—Exclamo en vos baja con sorpresa y un poco de decepción.
— ¿por qué? ¿Por
qué tan sorprendida?
—Bueno… ella,
Arnold…
—Con esas dos palabras la piel se me puso de gallina, la sangre me hirvió, y mi
corazón se detuvo y luego—, Fueron
compañeros…
~~~
—La expresión en tu rostro… puedo notarla
¿sabes? —Dijo
Anair mientras yo veía mi plato con el ceño fruncido.
—Eh, si… Lo siento, es que… recordé algo, no
es nada.
—Está bien…
Pasaron
un par de segundos hasta que decidí preguntar algo un tanto, al menos para mí,
incomodo —. Y este, amigo tuyo… ¿qué tan
bien lo conoces?
—Pues lo conozco
desde hace años… ¿Por qué lo pregunta? —Anair dejo ver en su cara una pisca de
incomodidad, y no me extrañaba en absoluto.
—Por nada… solo
tenía curiosidad. — “¿y
si es su compañero ya? ¿Qué hare? No creo que… dios no… ¿qué estoy pensando?”
—Está bien… pero
me molestare contigo si no me lo dices.
— ¿Es en serio?
—Tal vez
—Pues veraz, es
que… creo que ese “amigo” del que hablas y mencionabas, es, tu compañero…
—hahahaha,
¿compañero? ¿Yo? Lucas, no tengo compañero, dudo que lo quiera tener, de hecho,
dudo que lo tenga de nuevo algún día… —El semblante de Anair cambio bruscamente con
sus últimas oraciones, con la mirada al suelo y la vos baja.
— ¿Por qué lo
dices?
—Pregunte mientras tragaba el que creí la cucharada más seca y rasposa de comida
en toda mi vida.
—Pues… hace un
tiempo, un chico, solo digamos que, tengo una marca de por vida algo así como
la herida de tu pecho.
—No lo creo, la
mía, bueno, mi herida fue hecha por alguien hace mucho tiempo…
—Exacto…
~~~
Quiere decir que,
este sujeto, este maldito infeliz fue quien… El sujeto volteo los ojos para verme
con una mirada de soberbia, como si hubiese escuchado lo que Abbi acababa de
decir, y lo que antes era incomodidad se convirtió en una ira siega que me
levanto de mi silla, deje caer mi mochila y
salte sobre la mesa para caer encima de él, caímos con todo y silla al
rustico y frio suelo, él estaba en shock, pero no borraba esa estúpida sonrisa
de su rostro. Le apreté fuertemente la miza y parte del cuello con los dedos,
lo levante mientras que me hervía la sangre, solté mi mano derecha de su cuello
y concentre tanta fuerza en mi puño que escuchaba crujir los huesos de mis dedos,
la impotencia, la rabia, la furia me volvieron loco, este cretino, este infeliz
daño a Anair. Con una mano en su camisa y otra a punto de dislocar mis dedos de
la presión, él seguía viéndome a los ojos desafiante, estaba a punto de
asentarle un golpe en toda la cara, cuando de repente, un guardia salto de la
nada, alejo a Arnold empujándole del hombro y a mi sosteniéndome de la muñeca
con una gran facilidad.
— ¿Pasa algo
aquí?
—Pregunto el guardia, obviamente con sarcasmo, él sabía que yo estaba punto
departirle la cara al cretino.
—No… —Respondí con el
aliento entrecortado, tome una gran bocanada de aire y exhale con fuerza,
trataba de relajar —. No vale la pena.
—Sacudí el brazo del que me sostenía el guarida para que me soltara, note que
todo el mundo estaba callado, observando la escena, me di media vuelta y
tratando de mantener el control de mí mismo para no voltear y saltar encima del
infeliz de Arnold y reventarle a golpes, tome mi mochila y camine lejos del
lugar. Jamás en mi vida había sentido tanta ira, tanto odio, las manos me
temblaban y no sentía las piernas.
— ¡LUCAS, ESPERA! —Grito Abby —. Yo sé… sé lo que sientes, pero deberías
relajarte un poco… ¿No crees?
—
¿¡SABES LO QUE SIENTO¡? Si pudieras saber lo que siento hubieras notado hace
casi 2 años lo que sentía por ti, pero eso ya no importa ¿verdad? Hora soy
feliz, con Anair, no somos absolutamente nada más que amigos, lo sé, pero el
saber que ella es feliz, a mí me hace feliz, y yo sé que no es feliz con una
herida como la que le hiso ese maldito bastardo…
—Lucas, no hables
tan fuerte, cálmate por favor, estas temblando. —Me decía con un
tono muy tierno, ese mismo el cual me debilitaba y me hacía ser sumiso ante
ella.
—No Abby, esta
vez no te va a funcionar tu truco de hablar bonito… es más, me había alegrado
de verte de nuevo, me habías hecho el día, que digo el día, la semana entera,
pero ahora, me arruinaste todo el mes de regreso al refugio con Anair, adiós.
Lamente pensar que había cambiado, que ya no
solía usar su encanto y artimañas para convencerá la gente, para hacerme creer
cosas, tal vez algunas personas si cambian, sí, pero no todas, o bien no las
que yo conozco.
Abby quedo parada en ese lugar, junto a
aquella banca en la Plaza, con una cara de tristeza que jamás le había visto,
pero no me importo en absoluto, solo tenía algo en mente, regresar al refugio
con Anair, ayudarla, y de seguro me querría por ello, esa era mi única meta. Lo
único que quería hacer; ser, ser tan especial para Anair tanto como lo era ella
para mí, significar para lo mismo para ella que lo que significaba para mí, y
estaba dispuesto a hacer lo que fuera para conseguirlo.
Me dirigí al área comercial para distraerme un
poco, pero fue en vano, el lugar se tornó gris y triste, el ánimo de las
personas disminuyo bastante, todos parecían estar tristes, y para ser sincero,
me importaba un comino.
El área comercial estaba plagado de todo tipo
de puesto, baratijas, armas modificadas, munición, revistas, ropa, juegos y
consolas, este último me llamo la atención, me acerque y busque un cartucho de
juego para la consola que tenía Anair, pensé que llevarle uno sería un lindo
detalle así que busque uno que creí le gustaría, me quede sin un centavo por
esto, pero seguro valdría la pena.
El bunker se tornó algo hostil, las personas
guardaban silencio, ahorraban sus palabras al hablar y se mostraban nerviosas,
como preparada para algo, incluso los guardias doblaron su número. En mi camino
a la salida me topé con un centro de mensajería, envió y recibo de cartas y
paquetes, un nuevo sistema de rastreo permitía a las personas enviar casi
cualquier cosa a alguien en donde sea que se encontrara, no perdí la
oportunidad y escribí una carta para Alice, contándole todo lo que me había
pasado, desde el momento en el que llegue al refugio con Anair hasta el recién
encuentro con Arnold, no escatime en palabra, tome la carta de 7 hojas y las
envié con fe de que Alice la leería, el dependiente de la agencia postal me
aseguro de que así seria, no tuve otra opción que confiar en él.
Nada ni nadie me retenía en el bunker, por lo
cual decidí irme de una vez, para tal vez no regresar a uno a menos de que
fuera completamente necesario. Busque la salida, Un enorme estacionamiento,
camiones de carga y algunos jeeps, todos de uso militar, al otro lado del
lugar, una casilla de peaje y a su lado una especie de recepción, después de
eso un no tan largo túnel que terminaba en un gran portón metálico, con una
pequeña puerta para la salida y entrada exclusiva de personas, parecía un gran
mercado, lleno de personas, algunas de pie, y muchas otras en tiendas de
campaña con pequeñas hogueras en las que la gente se resguardaba del frio que
entraba al bunker por el túnel, y otras simplemente cocinando, todo el lugar
parecía una gran terminal, al llegar a la recepción al comienzo del túnel,
pregunte por mis cosas.
— ¿ya te vas? ¿Tan
pronto?
—Me pregunto el guarda encargado de la recepción.
—No tengo más
nada que hacer aquí.
—Bueno, por si no
lo has escuchado, y al parecer no lo has hecho, hay una tormenta afuera, por
eso estamos limitando la salida de las personas, pocos de los que han salido y
han anticipado su regreso, no han vuelto, así que te aconsejo que esperes hasta
mañana para salir.
—Creo que no
tengo opción, ¿Cuál es el precio del alquiles de una cama por una noche?
—25 créditos, si
es que quieres dormir en una cama
apestosa, las mejores camas se pagan con balas, son más valiosas que el mismo
dinero, por 8 balas puedes pagar una cama no tan apestosa, 13 por dormir en una
litera, y 20 por una habitación entera, el alquiler mensual de las habitaciones
ronda las 60 balas al mes, depende del tamaño de la misma habitación. También
la cantidad de balas apagar varia por su calibre
—La litera no
suena mal, ¿Cómo hago para conseguir balas?
—Bien
comprándolas en el mercado, o de tu misma reserva de munición, y antes de que
preguntes como recuperarla, puedes pedirla aquí o en cualquier taquilla
administrativa.
—Dame 13 balas —Después del
papeleo y la formalidad, pude ir al área de dormitorios y pagar por una
litera, el área de camas estaba casi
lleno, personas durmiendo, inmutables, en un profundo sueño, una pequeña hilera
de cristales en el techo dejaba entrar la luz de la luna mientras el chapoteo
de las gotas de lluvia perturbaban el silencio de la habitación. Litera 3-14
aquí estaba mi cama temporal, subí a la rechinante
colchoneta superior, pues la de abajo estaba ocupada, colgué mi mochila en la
cabecera de la cama y sobre ella mi chaqueta, la delgada manta que nos ofrecían
no era suficiente para huir del frio causado por la tormenta.
La luna asomándose de entre los
pequeños ventanales en el techo, mi cabeza sobre una bullida almohada, y el
triste rostro de Anair al recordar su herida y quien la causo, bailando en mi
memoria al repasar segundo a segundo lo ocurrido en el día, deseaba con todas
mis fuerzas que ya fuese de día, o bien ya estar de vuelta en Marquise City,
pues:
—Solo quiero,
estar con Anair.
III
Capítulo 5
El
piso estaba helado, aun de pie, podía sentirlo, y la obscuridad me rodeaba una
vez más, un leve presentimiento, como un corto déjá vu, me decía que ya había
estado aquí antes. Una pequeña y ya gastada vela iluminaba el marmolado piso
color rojo sangre sobre el cual se desgastaba poco a poco, se me erizo la piel,
sentía que algo malo pasaría. Observe la vela con detenimiento, su llama se
inclinaba a la izquierda, como si algo la soplase suave y delicadamente, ¿quizás
una señal? me obligó a voltear a la derecha para ver de dónde provenía la
brisa, pero no había nada más que penumbras, obscuridad infinita, como un pozo
sin fondo, pero, ¿Y si no la están soplando? ¿Y si está apuntando?
Inmediatamente volta a la izquierda, y allí estaba una puerta semiabierta, de
la cual provenía una apabullante neblina.
—Cuidado. —Me advierte un leve susurro que
parecía provenir de detrás de la puerta, un agresivo escalofrió me ataco la
espina sin piedad, sentí el cuerpo caliente y mis piernas perdieron fuerza
alguna, como si hubiese visto un fantasma, caí de espalda al piso, podía ver
cómo la neblina se hacía cada vez más densa y siniestra, la puerta se abría muy
lentamente, al otro lado de la puerta, una habitación se iluminaba y lo que
parecía ser una tenue silueta, termino siendo una especie persona arrodillada
dentro de aquella habitación. Me puse de pie lentamente para detallar mejor a
este “ser”, con pasos lentos he inseguros me acerque a la puerta, y allí
estaba, por su contextura deduje que se trataba de un hombre, uno joven,
sollozaba, se notaba por el movimientos de sus hombros, y, antes de que yo
pudiese dirigirle palabra alguna, callo de lado al suelo. Quise acercarme un
poco, algo en mi interior me empujaba hacia él, la suave luz, sin procedencia
aparente, que iluminaba la habitación, empezó a parpadear, y con un mal
presentimiento, no di ni un solo paso al interior de esa habitación. Notaba como
el joven seguía llorando en el frio piso, se colocó boca arriba tapándose la
cara, llevaba la misma ropa que yo.
Mi
respiración se complicó mientras que se me hacía un nudo en la garganta por la
absurda casualidad, o quizás por el llanto del cual temía que estaba a punto de
romper el joven. Destapó su rostro, y mi temor, mi mayor preocupación en ese
momento, se volvió realidad; Tenía mi rostro, era yo, llorando en el piso de
esa húmeda y fría habitación. Tan rápido pierdo el aliento un suspiro de terror
aparece. Una silueta femenina se alza frente a él con los ojos brillando cual
linternas apuntando a los míos.
Salí
corriendo despavorido con la sensación de que, “esa mujer” me seguía, y en el
fondo sabía que nada bueno me aguardaba si se hacía conmigo. El que antes me
pareció una terrorífica penumbra infinita, se había convertido en un pasillo
sin fin; corrí y corrí como nunca antes en mi vida, todo se hacía más y más
obscuro como si me cerraran los ojos. Antes podía ver pequeñas nubes blancas
rodear una especie de horizonte incluso podía ver mi propio cuerpo, ahora no
podía ver ni mi propia nariz. Todo lo que veía era un negro absoluto.
~°-
Mis
ojos se abrieron muy lentamente, estaba en un lugar… cálido, sobre una cama
bastante cómoda, y a mi alrededor, posters en las paredes, una estantería con
libros y cuadernos y un escritorio con un ordenador, una guitarra y unos
cuantos dibujos colgados de la pared, una habitación espaciosa y cómoda, me
siento como, en casa, me siento, extraño… —Este
lugar. No…
-°~
Desperté
en lo que recuerdo era, la noche anterior, una habitación llena de literas y
personas descansando, y ahora, era sólo un montón de escombros, del cual yo,
colgaba. ¿Cómo diablos pase de estar
acostado, a colgar del techo? Mi pierna y mis brazos estaban amordazados
con una sábana que se encontraba atrapada entre dos rocas. Algo salía de mi
frente y caía al piso, el cual solo estaba a unos escasos centímetros de mi
cabeza, era sangre, una fuerte jaqueca apareció, y todavía no entendía que
había pasado, era como si hubiesen metido el bunker en una caja y lo sacudieran
con fuerza.
Con
gran esfuerzo logre zafar una de mis manos de la apretada sábana en la que me
veía envuelto y colgando del techo. Me muevo un poco y siento como mi pierna,
que yacía apresada con las sábanas, se va liberando, dejándome caer en seco en
el suelo.
Al
cabo de unos segundos volví a sentirme capaz de moverme, me levante y detrás de
mí, mi mochila y mi rifle, bajo una roca la cual con dificultad logre levantar.
Ahora, ¿cómo salgo de aquí?, pensé, y
para mi suerte, la luz proveniente de una pequeña lámpara en el pasillo
atravesaba la puerta que daba con el dormitorio, la cual estaba cerrada con
rocas, lo suficientemente pesadas como para hacerme sudar al moverlas. Después
de un par de minutos apartando las rocas, logré salir al pasillo, el cual
estaba igual o incluso peor que el dormitorio, el comedor, incluso la plaza en
la que había estado el día anterior estaban hecho un desastre y como si no
fuera suficiente, todo el bunker estaba desierto, no se escuchaba nada más que
mis pasos y una que otra piedrita que caía del techo.
Me
encontraba desprotegido, el resto de mi munición seguía confiscada en el
almacén, y sabría dios en que condiciones estaba en ese momento. Era casi
imposible encontrar una salida en este lugar, llevaba minutos dando vueltas y
vueltas, y el lugar parecía ponerse más y más obscuro conforme caminaba. Las
lámparas de aceite iban perdiendo intensidad y las paredes parecían humedecerse
poco a poco, ¿me estoy volviendo loco? susurro
una vos en mi cabeza. Sucumbí al miedo, el pánico me atrapó, los pasillos se hicieron
más largos, las esquinas más obscuras, mi mochila más pesada y una tensión
enorme inundaba el ambiente. — ¿Dónde
diablos esta la salida? —Exclamé desesperado, y casi como una respuesta a
mis plegarias, escuche sonidos de explosiones y balas chocando contra la pared,
inmediatamente, como un reflejo ya programado, me tumbe en el piso, tome mi
rifle y mire a mí alrededor, no había absolutamente nada ni nadie. De golpe,
más balas empezaron a dar contra la pared, y un fuerte combate se oyó al otro
lado de ella. Me levanté y me fui guiando por el sonido, cual ratón encerrado
en una caja me arrastré por la esquina de la pared hasta que di con un pequeño
agujero, en el que podía ver como se rompía el piso, el cual, recién me di
cuenta de que era una especie de cerámica. La fui rompiendo con la culata de mi
rifle hasta llegar a la tierra, no se me ocurrió una mejor idea que cavar un
agujero por debajo del muro, me levanté del piso y regresé sobre mis pasos, debía
encontrar herramientas, en ese endemoniado lugar debía haber alguna especie de
equipo especial para picar o cavar, digo, era un jodido bunker casi bajo tierra.
En
mi busca de un deposito, tuve que rodear varias zonas, pues eran inaccesibles
por los escombros, en uno de esos rodeos pase por la salida del bunker, creo
era el único lugar en donde no pasó nada, estaba tal cual lo recordaba, solo
que completamente vacío, sin automóviles o camiones, sin gente ni tiendas de
campaña, como si nadie hubiese entrado a esta área del bunker. ¿Qué mejor lugar
para tener el tipo de herramientas que buscaba que cerca de la salida? Me
acerque rápidamente al despacho en donde la noche anterior me habían prevenido
de la tormenta, rompí la ventanilla de un golpe con la culata de mi rifle, y
salte al otro lado, debería haber una pala o algo así, en efecto, en la
habitación de suministros del despacho había todo un equipo de rescate, un costal
con pala, pico, hacha, palanca, algún que otro equipo de primeros auxilios y
poco más, era un equipo de rescate. Lo tome y volví al punto en el que había
quitado la cerámica, los sombríos y destruidos pasillos me helaban la espina,
como si de cualquier esquina fuese a saltar algo, mi cerebro estaba
hiperactivo.
Una
vez en el lugar donde había roto la cerámica, abrí el costal, saque el pico y
rompí aún más el suelo. Despedace la cerámica y bajo la desesperación y el
miedo por quedarme sin la suficiente iluminación, pues las lámparas de aceite
se apagaban conforme los minutos pasaba, tome la pala y empecé a cavar como si
no hubiera mañana mientras la guerra al otro lado del muro, seguía.
Perdí
la noción del tiempo. Era muy incómodo cavar con tantas herramientas y peso en
mi espalda, y mientras más profundo iba, más difícil era aventar la tierra
fuera del agujero. Bajé lo suficiente como para quedar bajo el nivel de la
pared y ya en este punto, cavé en dirección a ella. Podía sentir como si la pesada
pared se fuese a venir abajo, lo cual no me ayudaba a mantener la calma en lo
más mínimo. No sentía las manos, las tenía muy cansadas, Ya estaba cerca,
escuchaba el combate incrementaba su fuerza, su sonido. Habría cavado ya como 2
o 3 metros y comencé a cavar de forma ascendente y de entre la tierra sobre mí,
un trozo de concreto apareció, esto no puede ser posible. Regresé un poco para
darme cuenta de que todo el recorrido había estado bajo el muro.
— ¿¡Qué tan grueso es este maldito muro!?
No
podía ser posible, sentía como si hubiese pasado horas cavando y ni siquiera
había atravesado el muro, la fuerza de mis manos había desaparecido, pero, como
si ya fuese automático, seguí cavando, retirando cada vez menos tierra,
empapado en sudor y con más de 8 kilos a mis espaldas. El combate parecía no
querer acabar y yo no podía hacer nada más que cavar, raspando la parte superior de aquel improvisado túnel para guiarme
con la pared del bunker.
Pala,
Pala, golpe en el muro, pala, pala, golpe en el muro, pala, pala, golpe en el
muro, era mi técnica para mantener la cordura, pala, pala, golpe en el muro,
pala, pala, golpe en el muro, pala, pala… ¿Y el muro?
Como
una señal del cielo, cual milagro, el punto en el que había dejado de sentir el
muro estaba suave, y dejaba caer tierra mientras más introducía la pala, al
extraerla del “techo” note que estaba húmeda, gotas de agua empezaron a
filtrarse por la tierra hasta caer en mi cabeza. Guarde la pala en el costal,
contuve la respiración, cerré los ojos, y con ambas manos tomaba grandes
puñados de tierra y los hacia un lado, querría ascender, cerré los ojos, me
sentía como un topo, ciego y perdido mientras cavaba hacia arriba por su
libertad. La gran capa de tierra sobre mí se derrumbó. Sentí un ligero golpeteo
en mi abrigo y en mi cabeza, era lluvia, estaba lloviendo, había llegado a la
superficie.
La
lluvia, el aire, me había exaltado de tal forma que olvidé que un salvaje
combate se libraba en ese lugar hasta que una bala dio contra el muro y me
agaché. De hecho, recién me había dado cuenta de lo estúpida y absurda que era
la simple idea de ir en dirección a un brutal combate, pero entre la
desesperación y la necesidad de salir la elección correcta podría ser cualquiera.
Me
arrastré para salir del agujero, el costal con la pala y las demás herramientas,
junto a mi mochila, pasaron de pesar kilos a unos cuantos gramos, la adrenalina
corría por mis venas, el combate era feroz, no lo podía creer, no vivía esto
desde hace mucho, gente cayendo herida, metralla en todas partes y los
alrededores del bunker envueltos en llamas.
—Todo este maldito lugar, esta gente, se han
desquiciado.
Yo
seguía tumbado en el suelo, y, como si fuera poca tanta locura y odio en el
aire, con el rabillo del ojo divise a alguien, se me hiso muy familiar su
vestimenta, efectivamente, al voltear los ojos para ver de quien se trataba
pude ver que era Arnold, el ex compañero de Anair, corría jalando a otra chica
de la mano mientras lanzaba granadas como loco detrás de los árboles, hiriendo
a muchas personas, mientras que Abbi le seguía el paso con una enorme mochila, cubriéndolo
con una Magnum. La ira corría por mis venas una vez más, mientras que estos
malvados demonios llamados odio y venganza poseían mis manos, tome mi rifle,
posición de francotirador, a ras de suelo para mayor estabilidad, mi ojo veía a
través de la mirilla la cabeza de ese maldito bastardo, pero, de inmediato
reaccione y pensé; “Si hago esto… no hará
que Anair cambie su opinión sobre mí, de hecho, ni siquiera me convertirá en
mejor persona, no me haría mejor que él, caería a su mismo nivel y
probablemente más bajo.”
Abbi,
a la distancia, se percató de mi presencia, notó que yo me encontraba apuntando
a la cabeza de Arnold, ella se interpuso entre mi rifle y el, cubriéndolo,
mientras él seguía arrojando granadas a diestra y siniestra. Abbi empezó a
caminar hacia mí, mientras que yo alejaba mi dedo del gatillo
— ¿Crees que es lo correcto? —Me pregunto
Abby en voz alta a casi unos 7 metros de distancia, no con ira, ni con
decepción, si no con un tono de voz de duda bajo la fría y violenta lluvia que cubría
la zona de la batalla.
—No… no lo sé —Respondí —. Y la verdad, ya no me interesa.
—Lucas... —Se le notaba algo decepcionada,
se acercó y agachó para estar a la misma altura que yo, pues yo seguía en
posición de tirador—, Anair es solo una
niña… no sé, pero, no tiene idea de lo que está pasando, dudo que sienta “cosas”
por nadie, o siquiera sepa que es lo que quiere, o quiera hacer, solo… eso,
adiós Lucas, fue un placer volver a verte. —Abbi corrió de vuelta con
Arnold y después de unas cuantas palabras, sin ver atrás, se marcharon.
Me
levanté poco a poco del suelo y corrí para cubrirme detrás de un grupo de
escombros, la lluvia apagaba lentamente el fuego, el combate seguía y se
intensificaba más y más a la distancia, a gatas, me arrastré a un lugar seguro.
Parecía como si hubiera estado arrastrándome durante horas hasta llegar a un
punto en el que el combate se oía a kilómetros de distancia, me puse de pie,
las piernas me dolían y no sentía los brazos, pero ya seguro de que una bala no
me daría por la espalda camine en paz, mientras el sol disipaba la lluvia
conforme se asomaba de entre las montañas del horizonte. En pleno amanecer,
charcos de agua y lodo en donde el pasto no cubría el terreno, gotas de lluvia
errantes, acompañadas del agua que caía de entre las hojas de los árboles y el
típico frio matutino, eran la combinación perfecta para que el dolor que
abrazaba mi cuerpo, como si me hubiesen molido a golpes, me persiguiera hasta
en mis pensamientos.
Decidí
que ir a la cueva de Wolf, sería una buena idea, podría comer algo o simplemente
descansar hasta el día siguiente y partir de nuevo a la ciudad… al refugio…con
Anair... Era lo único en lo que pensaba mientras mis ojos se cerraban poco a
poco de forma involuntaria… y de golpe, dejé de pensar.
…
…
…
…
…
…
Me
encontraba recostado a una pared, mis parpados pesaban, y no sentía mis
piernas, los brazos no estaban en mejores condiciones, pero al menos estaba
consiente.
—Tranquilo Lucas, estarás bien. —Una voz,
muy parecida a la de Wolf.
—W… ¿Wolf? ¿Eres tú? ¿Dónde estoy? ¿Qué me
paso? —No podía abrir los ojos, los párpados parecían de plomo.
—Sólo relájate, estarás bien, aquí tienes
algo de agua.
—Wolf… ¿eres tú?
— ¿Si te digo que sí dejarás de preguntar?
—… ¿Si eres Wolf?
—Sí. Ahora… descansa un poco, y cuídate.
Adiós.
—Espera… Wolf… ¿A dónde vas? ¿Qué me paso? —Estaba
atontado, casi inconsciente. ¿Qué diablos
paso? Lo último que recordaba era estar caminando por el bosque después de
haber escapado de la zona del Bunker, y luego, sentado, recostado de una pared
frente a una intensa e incandescente luz blanca, viendo como la silueta de
quien creía era Wolf se aleja. No podía mantener los ojos abiertos por más de
algunos segundos, y me era casi imposible dejar de divagar en mi cabeza,
pensaba en todo y al mismo tiempo en nada, pero Anair estaba presente en primer
plano.
Con
la noción del tiempo atrofiada desde hace mucho, no pude estimar cuanto tiempo
estuve allí, pero por fin podía sentir mi cuerpo, y mis parpados ya no eran tan
pesados, me estrujaba los ojos con fuerza y sacudía la cabeza de un lado a
otro, y al abrir los ojos me percate de
mi ubicación. Observe con asombro la ciudad, esta ciudad con la que me tope por
casualidad hace un tiempo, esta ciudad donde está el lugar en el que conocí a
Anair, pero, esta vez era distinta. La ciudad lucia limpia y bien cuidada, como
si solo las personas se hubiesen esfumado minutos antes de que yo despertara,
pero estaba decolorada, como si alguien hubiese olvidado pintar los edificios y
las calles, incluso mi ropa lucia casi carente de color y bastante maltratada,
de donde sea que me allá rescatado Wolf, tuvo que haber sido horrible.
Podía
recordar este lugar más, diferente. Las calles agrietadas, los edificios como
si se fuesen a venir abajo en cualquier momento, los escombros, casquillos de
balas y demás basura esparcida por doquier, todo eso parecía ser solo una
jugarreta de mi imaginación. Más allá de este tenebroso lugar, el clima parecía
empeorar, el gris y triste nubarrón que abrazaba la ciudad había desaparecido,
dejando un obscuro y azul cielo que teñía de un tenebroso zafiro todo lugar
donde posases la mirada.
La
tranquilidad del lugar me incomodaba más allá del hecho de que no hubiese
nadie. Durante mi camino de regreso al refugio me topé con una curioso letrero
junto a una parada de autobús, no tenía nada más que una gran gota de agua
dibujada en él, me quede unos cuantos segundo observando, y al girar mi cabeza,
ya dispuesto a marcharme, note que al final de un callejón entre los edificio
cerca de la parada del bus, estaba dibujado la misma gota de agua, una corazonada
me llevo hasta la curiosa pintura, solo
para encontrarme con uno idéntico al doblar por el callejón—. ¿Una especie de camino? —Pensé, y como
si supiera lo que hacía camine tras el dibujo, unas cuantas gotas de agua más
adelante, me encontré con un conjunto de departamentos, poco más de 5 pisos por
bloque, frente a una especie de mirador y a un pequeño parque infantil, lo
examine detenidamente con los ojos, el paisaje después del medio muro que
delimitaba el mirador, se me hacía familiar, camine hasta la media pared, y me
asome al fondo del mirador, había un lago, “¿Era
este el acantilado en donde vine a buscar agua hace un tiempo?”, voltee a
ver rápidamente el lugar en donde estaba el grifo de agua, y en efecto, allí estaba.
Era extraño. Como si en mi ausencia hubieran reconstruido todo el lugar, pero
se hubieran olvidado de darle color. En mi busca por el grifo, me di cuenta
también de que había una hilera de bancos viendo al mirador, se veían cómodos a
decir verdad, pero, había uno en particular que se quedó con mí completa
atención, camine hacia el curioso banco de color cereza, sobre él un sobre rojo, extrañado, lo tome y abrí
lentamente, saqué la hoja de papel que
contenía. Una carta. Desdoblé el papel y… ¿qué
rayos? no podía sentir la hoja entre mis dedos. Déjá vu. El papel se veía difuso, forcé la vista para
lograr leer algo, pero solo conseguí entender frases absurdas e
incomprensibles, sin sentido. Me frustre, casi al mismo tiempo que una fuerte
jaqueca golpeo mi cabeza, cerré mis ojos mientras frotaba mis cienes, y tan
rápido como apareció, la jaqueca se fue, junto a la carta y el sobre que
estaban en mi mano, el lugar volvió a
las ruinas de antes, el acantilado, los despojos de los departamentos, y un
horizonte sombrío, devastado por la guerra.
— ¿Qué demonios acaba de pasar? —Me
pregunte a mí mismo con un susurro.
¿Estaba
alucinado? ¿Me estaba volviendo loco? No lo sabía, pero lo que sea que hubiera
sido, ya había pasado y podía dejar de perder tiempo e irme al refugio con
Anair.
Algo
rondaba en mi mente, una idea que quería obviar por completo; ¿y si Anair no es
para mí? ¿Y si simplemente todo esto va a terminar como con Abby? podría
olvidarme de eso y seguir adelante, tal como paso con Abby, sería muy difícil, sí,
pero, ¿y si no puedo? ¿Si simplemente estoy loco por ella, y será así por
siempre? Je, era algo tonto, era algo muy infantil incluso para mí, pero ese no
era el plan, ¡qué va!, como si yo tuviese un plan. Como si yo tuviese un plan
para ese tipo de cosas, tal vez por eso nunca pude estar con Abby…
La
idea regreso. ¿Qué voy a hacer si Anair me rechaza? Era lo más probable, no le
conocía bien, solo nos habíamos visto un par de veces, y cuando charlamos solo
parezco un idiota. ¿Podría soportar el rechazo… una vez más? Y creo que solo había
una forma de averiguarlo.
Llegue
al refugio, sentía como si no le había visto en años, cruce la verja y el
estacionamiento, y una vez dentro del edificio, Deje caer mi mochila y el bolso
de herramientas, Solté el rifle, me quite la chaqueta y me recosté en el frio
suelo, lo único que pude hacer fue tomar una gran bocanada de aire y rascar mi
cabeza.
—Dios santo, lo logre. —Suspire con una sonrisa
de alivio, estaba hecho polvo, tarde meses fuera, y pase por bastantes cosas,
todo solo por una persona, todo por Anair—. ¿¡Anair!?
—Exclame, las ansias que tenía de verla, ver su rostro, era algo que no podía
controlar y mucho menos posponer más. No recibí respuesta alguna al anunciar mi
llegada, por lo que me puse de pie y le llame una vez más —. ¿¡Anair!? —Seguía sin si quiera escuchar
nada. Una idea bastante incomoda paso rápidamente por mi cabeza; ¿Y si Anair se
había marchado? Me abrazo la inquietud, por lo que decidí hacer algo que nunca
había siquiera pensado en hacer, iba a entrar al refugio como tal, ver que hay
después de la puerta por la que Anair entra y sale siempre.
Tal vez Anair tomaba una siesta, o
simplemente no estaba, de igual forma estaba decidido a ver que había más allá esa
habitación en la que me encontraba siempre que la veía.
Camine por el pasillo que terminaba
en una vieja y maltratada puerta de madera, no sentía el pomo en mis manos, aun
así lo gire preparado para lo que sea, fue entonces cuando me di cuenta de que
había sido poco prudente internarme en un área desconocida sin mi mochila, o
sin mi rifle, pero al abrir la puerta y
dar varios pasos por otro pasillo, no pude dar crédito a mis ojos, perplejo,
sin aliento, pues me di cuenta de que la habitación en la que solía dormir, en
donde hablaba y estaba con Anair, no era más que un deposito en el Tercer piso
de un enorme centro comercial abandonado. Era extraño, ¿Qué clase de arquitecto
diseñaría un lugar como ese?, supuse que estaba ubicado en una pendiente, y por
eso la parte trasera del edificio quedaba a una altura mucho mayor que la
frontal, aun así el lugar era increíble, no veía un centro comercial en años.
Tiendas de todo tipo, y una gran vista a los pisos inferiores desde un barandal
que rodeaba el centro de cada piso, algo así como una dona, con escaleras
mecánicas en medio del barandal, era simplemente increíble más allá de lo
destrozado y oxidado que se encontraba todo, podría pasar todo el día caminando
en ese lugar y no lo habría visto por completo.
Avance
al interior del centro comercial para ver las vitrinas, Tiendas deportivas, de
ropa, tiendas de electrodomésticos y de computadores, Ese logar lo tenía todo,
tercer piso tenía un área con árcades y recreativas, bastante viejo, parecían
no funcionar, un gran cine al final del pasillo lateral, y nada del otro, el
techo se había venido abajo. Baje al segundo piso, tenía una gran área central,
la cual deduje, en su tiempo, fue una enorme feria de comida, y ahora no
quedaban más que sus despojos, igual que el piso superior, dos largos pasillos
a cada lado, uno terminaba en una gran boutique, y la otra en una pared de grandes
planchas de acero y escombros bastantes pesados, parte de lo que era el piso
superior, y muchos otros que simplemente no encajaban en la estructura del
edificio, como si lo hubiesen tomado de otra parte y dejado allí, y al lado una
curiosa librería, parecía ser el único local en todo el centro comercial que se
hubiese mantenido limpio y en orden, nunca he sido amante de los libros.
Baje
al primer piso para seguir con mi curiosa inspección, la entrada principal del
centro comercial, al pie de las escaleras eléctricas, estaba bloqueado, el
techo se había venido abajo junto a parte de los tres pisos superiores, era
imposible que alguien entrara por aquí, dejando hasta ahora, la habitación
donde estaban mis cosas, como la única entrada al centro comercial. No había
terminado de bajar las oxidadas y viejas escaleras mecánicas cuando un fuerte
hedor sacudió mi nariz.
— ¿Qué demonios huele tan mal aquí? —Dije
entre arcadas. Se podía distinguir el olor a carne podrida entre muchos otros,
cabello y papel quemado también, sin duda, un hermoso escenario apocalíptico
opacado por una insufrible peste. La curiosidad mato al gato. Quise seguir el
olor para saber de dónde provenía, de que se trataba, camine por el pasillo
derecho siguiendo la peste hasta llegar a una especie de fosa. Una caída de
cuatro metros tal vez, con vigas de hierro y cabillas oxidadas y bien afiladas,
botellas rotas, y demás objetos al fondo del agujero, la fosa se extendía uno
tres, cuatro metros de largo, y ocupaba todo el ancho del pasillo, al otro
lado, mas escombros obstruyendo con un pequeño agujero por el cual cabria una
persona a gatas. Sin duda alguna, quien entrase del otro lado caería directo a
la fosa con un destino nada compasivo. La fosa estaba limitada al ancho del
pasillo por dos locales y junto a uno de ellos, había un pasillo, el cual
anunciaba con un letrero, conducía a los baños, el hedor venia de ahí. La nariz
tapada con el antebrazo y preparado para ver el estropajo que causaba la peste,
avance hasta los baños, la puerta del baño de damas estaba boqueado, era
imposible de abrir, voltee al de caballeros, y al abrir la puerta, una escena
que parecía salida del mismísimo infierno, una pila chamuscada de cadáveres, no
se podía definir donde terminaba un cuerpo y terminaba el otro, huesos, cuerpos
a medio quemar, y otros en avanzado estado de descomposición, no podía con tal
deshumana muestra de carnicería. Mi estómago quedo vacío y mi garganta hecha
añicos después de vomitar hasta la bilis, jamás en mi vida había visto algo
como eso. El piso de alrededor estaba calcinado al igual que el techo, y en la
ventana del baño, en el rincón entre el techo y la pared, un improvisado extractor
de aire, asumí era utilizado para expulsar el humo cuando este lugar estuviese
en llamas.
— ¿Qué clase de, qué demonios, porque… quién
diablos haría esto? —Mi cabeza estaba llena de preguntas, y a todas, la respuesta
parecía ser una sola; Anair. Pero era imposible, ella no sería capaz de hacer
algo así, lo mejor que pude hacer fue cerrar la puerta del baño y marcharme de
una vez, hacer como si nunca hubiese visto nada.
La
imagen de esos cuerpos en esas condiciones no abandonaría mi cabeza. Subí las
escaleras hasta el tercer piso con mucha dificultad pues me temblaban las
piernas, mis manos no eran la excepción, temblaban como nunca, sentía como mi
sudor se congelaba, no me había visto en un espejo, pero sabía que estaba
pálido, como si hubiese visto un fantasma.
Volví
con mis cosas, me senté en el piso y, con la mirada perdida, repase el momento
una y otra vez contra mi voluntad, mi subconsciente me jugaba una broma al
poner ante mis ojos los cuerpos descompuesto y chamuscados. No podía hacer nada
por borrar la imagen de mi cabeza y mucho menos la idea en la que Anair había
hecho todo eso a sangre fría. ¿Cómo lo hizo? Era obvio, los mato uno a uno, o peor
todavía, es tan salvaje que el asesino todos al mismo tiempo durante el mismo
combate. ¿Sería en defensa propia? ¿O las razones para masacrar a tantas
personas iban más allá de mi lógica conservadora creada en base a mis
sentimientos? No sabía si quería respuestas a todas esas preguntas pues temía
que fueran peores que la pregunta en sí.
Decidí
consolarme con la idea de que lo había hecho en defensa propia, o que tal vez
fueran desafortunadas personas que cayeron en la trampa que obstruía el camino,
aquélla con las vigas de hierro, pero de aquí surgía otra pregunta: ¿Quién
coloco esa trampa allí?
Tal
vez fue su amigo. Ella mencionó que tenía un amigo, el que vivía en la parte
interna del refugio, tal vez fue él, un sistema que les mantenga a salvo. Pero
aún así, ¿ameritaba tanta brutalidad? Seguía con la idea de que Anair no podría
haber hecho tal cosa, intentando callar con eso la voz en mi cabeza que
aseguraba con mucha certeza que ella había sido la responsable. Tenía que
distraerme con lo que fuera, tome mi mochila para escudriñarla una vez más.
Sacar y analizar cada objeto seguro me haría pensar en otra cosa.
El
pequeño botiquín; una especie de billetera que contenía todo lo necesario para
sobrevivir un par de días sin asistencia médica profesional, muy útil, la
utilicé un par de veces para curar rasguños y cortadas superficiales que me
hacía en los brazos y piernas accidentalmente cuando exploraba los bosques, y
una que otras veces daños en combates, normalmente no solían ser muy graves.
Mi
vieja libreta de dibujo; aquí dibujaba cualquier cosa, desde lugares que visitaba,
hasta personas al azar que se paseaba por los pasillos del viejo bunker, nunca
olvidaré los dibujos que hice para Alice, los cuales aún conservaba, bueno,
algunos de ellos. Cuántos recuerdos, cuántos momentos.
Un
viejo diario; en él solía escribir cualquier tipo de cosas, poemas, ideas,
frases que se me ocurrían y anotaba, con la idea de que algún día se me
recordaría por ellas, incluso algunas anotaciones del día a día.
Mi
billetera; en ella tenía varios papeles, cosas sin mucha importancia, notas,
direcciones, no mucho.
Una
linterna sin baterías, los cartuchos para la consola de Anair, más papeles, y
un pequeño sobre de papel color blanco un tanto abultado que rezaba “no abrir
hasta estar listo”.
¿A
qué se referirá? ¿Listo en qué sentido? Hace mucho tiempo creía que se refería
a la edad, pero actualmente lo relaciono con una preparación más mental, más
psicológica. Aun así, no sé ni de lejos a que se refería, ni mucho menos que es
lo que contenía, y es entonces cuando otra interrogante surgió: ¿Cuándo la
curiosidad podrá más que mi voluntad? Deje el sobre junto a las demás cosas que
saque de mi mochila, y eche un vistazo a la gran bolsa de herramientas que
rescaté del bunker.
El
pico bastante maltratado. La pala un poco oxidada pero bastante resistente, un
hacha, parecida a la que usan los rescatistas ¿Cómo es que no la note antes? En
el fondo de la bolsa encontré un casco con linterna como los que vi usar una
vez a los mineros, algunas bengalas, paquetes de primeros auxilios y una
poderosa linterna, y ya tenía en mente algunos usos útiles para todas estas
cosas. Puse todo de vuelta en la bolsa al igual que las cosas de mi mochila.
Mientras
me disponía a colocar mi diario de vuelta en la mochila, de entre sus páginas,
cayó una hoja doblada a la mitad. Me extrañe muchísimo, no recordaba haber
puesto ningún papel de esa forma en mi diario, pero a todas estas, ¿cuánto
tiempo hace que siquiera escribo algo el diario?
Desplegué el
papel, y se trataba de una especie de carta:
“Lucas, lamento decirte que tengo que partir
con Mika, las razones por las cuales nos vamos son muy tentadoras como para
seguir en este lugar, en esta absurda y constante batalla. Me han hecho jurar
que nunca hablaría ni diría nada sobre esto pero, eres mi mejor amigo, y
quisiera que formaras parte de esto. Mika me contó acerca de un sobre que ella
posee, y al parecer yo también, me dijo que esta guerra, esta batalla, la razón
por las cuales estamos peleando van más allá de nuestro entendimiento. También
dijo que su carta daba coordenadas exactas a las que se tenía que dirigir, la
carta dentro del sobre que yo tengo también las tiene, y según me dijo, se
trata de un lugar, una especie de refugio, como una gran ciudad en la que
estaremos a salvo, pero ambas cartas dicen lo mismo. No podemos ir solos,
debemos ir exclusivamente con un compañero. Y Mika me escogió a mí para hacerlo
después de tanto tiempo juntos, espero y pronto encuentres la forma de llegar a
nosotros, te esperaremos con los brazos más que abiertos; te queremos Lucas, yo
te quiero Lucas, te esperamos.
—Leo.”
“Leo… El escribió todo eso, las interrogantes
en mi cabeza se hicieron casi infinitas, ¿un lugar seguro? Un lugar alejado de
esta absurda batalla sin sentido, desearía ir pero… ¿Qué? El y Mika tenían una
carta dentro de un sobre con coordenadas, tal vez mi sobre contenga lo mismo.
Podría ir a ese lugar y, no, no puedo dejar a Anair sola, pero, Leo también
mencionó que no dejarían ir a nadie solo… pero ¿por qué? ¿Qué clase de lugar
es?”
Mi imaginación volaba de aquí a allá, ya me veía en ese refugio, toda una
ciudad, llena de gente, felices, sin armas, sin muertes, sin tener que pasar
noches enteras en vela por miedo a morir, sin pelear por comida, en mi mente
ese desconocido lugar era un paraíso.
— ¡VOLVISTE! —Dijo una chica y salto sobre
mí a abrazarme, era Anair.
—S…Sí. Ya volví. —Dije con el
corazón a punto de salirse de mi pecho. Traté de abrazarla pero se levantó,
alejándose rápidamente, el tenerla sobre mi fue algo que sin duda me hiso
extremadamente feliz por un segundo.
— ¿Dónde estuviste? —Me preguntó mientras
se sentaba frente a mí, se veía hermosa, su cabello, su sonrisa, sus ojos, sus
delicadas manos, toda ella era hermosa.
—Pues yo, estuve buscando un par de cosas,
como mi mochila, mi mochila perdida y…
—
¡Vaya! ¿Tardaste tanto buscando esa
tonta mochila?
—Pues si… —No quise mencionar el hilo y
el ungüento, quería que fuera sorpresa o algo así —. También. Te compre esto, unos cartuchos para tu consola.
— ¡Wooow!
Lucas, no debiste, en serio. ¡Gracias! —Los tomó mientras examinaba los cartuchos
con emoción, y no puedo negar que la expresión en su rostro me emociono
también, pero también se le notaba apenada, como si no hubiese querido que le
diera nada, apenada.
— ¿Dónde estabas cuando llegue?
— ¿A qué te refieres? —Me respondió
extrañada.
—Bueno, llegue hace un rato, y no… no te vi.
—Ah, sí. Es que buscaba un par de cosas
adentro del refugio. ¿Cómo has estado? ¿Qué tal tu viaje?
—Bastante agradable, bueno, al comienzo,
después se tornó un poco, pesado. Me topé con unas personas y pues, digamos que
me arruinaron el viaje Jeje, pero ya paso.
— ¿Te arruinaron el viaje? Han de ser personas
muy malas…
—En verdad quería decirle lo que pasó, algo dentro de mí necesitaba desahogarse
con respecto al asunto, pero mi yo consciente sabía que no era el momento. No
quería arruinar tan cálida bienvenida, así que decidí esperar un tiempo para
hacerlo. Pero tenía que pensar algo pronto, para que la conversación no
muriera, en verdad amaba hablar con ella.
—Sí, pero no pasa nada, lo importante es que
estoy vivo… supongo.
—Claro, Sí… —Puso una gran cara de alivio mientras se
reclinaba hacia atrás, sentada en el piso.
— ¿Y tú? —Pregunté —, ¿Qué has hecho en mi ausencia?
—Pues, no mucho. Revisar el refugio, leer un
poco; salí por algo de agua y comida.
Le interrumpí
abruptamente, bastante extrañado de lo que dijo —.
¿Saliste?
—Pregunté. Me angustie un poco, se podría decir que sobreactué mi preocupación
por ella, pues a decir verdad no me gustó el hecho de que ella saliera del
refugio, me imaginé que algo podría pasarle.
— ¿Qué te pasa?
—Nada, es que, podría pasarte algo allá
afuera. ¿No lo crees?
—Sé cuidarme sola ¿sabes? Además, no es la
primera vez que lo hago.
—Sí, sí, es que, a veces olvido que, bueno, tu
sabes, llevas mucho tiempo aquí sola…
—
¿A qué te refieres? —Me preguntó con
el ceño fruncido y una ceja arqueada.
“Lo arruine”, me dije en mi
cabeza. “¡Piensa rápido!” —. Me
refería a que… llevas tanto tiempo aquí, apuesto y no es la primera vez que
sales…
—En eso tienes razón, ¿cómo crees que
sobrevivo?
—Sí, disculpa si sonó algo… si te molesto.
—Tranquilo. No pasa nada.
—Y… ¿Qué hacías afuera? —Obviamente
estaba curioso, quería saber con detalle lo que había hecho, pero obviamente no
se lo iba a demostrar.
—Lo normal, buscar agua, un poco de comida,
ah, y mi amigo necesitaba algo de ayuda para reconectar la electricidad a éste
lugar; se quemaron un par de fusibles.
—Tu, amigo, ¿Cómo habías dicho que se llamaba?
—Nunca te lo dije. — Soltó una amena
risa —.
César, se llama César.
—Ah, Vale. Y a éste César, —Tragué saliva
pesadamente —. ¿Qué tan bien lo conoces?
—Le conozco desde hace años, —Suspiró
mientras inclinaba la cabeza sin dejar de verme a los ojos —, Él… me ha ayudado mucho a estar aquí.
—Eso es lindo, tener alguien que se preocupe
por ti. Que te ayude.
—Sí.
Tienes razón. Aunque hay momentos en la que me
gusta estar completamente sola.
—Todos tenemos esos momentos…
—Supongo.
Ése
era el momento. Me propuse a darle el ungüento y el hilo quirúrgico por el cual
emprendí mi viaje —. Hablando de
personas que se preocupen por ti. —Le dije tratando de usar una voz cálida —. Mira lo que fui a buscar.
No
pronuncio ni una palabra, con ojos húmedos y perplejos se quedó observando
detalladamente el pequeño rollo de hilo dentro de la bolsa y el ungüento —. Lucas… ¿tú…? —Dijo ella en una pérdida
de aliento. Me sentí confundido, entre la gran cantidad de reacciones que pude
imaginar haría al mostrarle lo que le había ido a buscar, ésa no formaba parte
de ellas. Así que rompí el incómodo silencio.
—Fui a buscar esto, para ti, para curar tu
herida.
—Lucas, tú… —Dijo muy despacio, mientras
levantaba la mirada hacia mi rostro.
—Porque me importas Anair, porque yo, creo que,
no, yo… te quiero.
Cerró
los ojos rápidamente, mientras sentí como sollozaba en silencio muy
disimuladamente.
—Anair, ¿Ocurre algo? —Me asuste. ¿Qué había hecho mal? Esto no debería haber
pasado… ¿o sí?, sentía que la situación podría tornarse terrible si no
hacía algo. Bruscamente abrió sus húmedos ojos y junto a un pesado suspiro
intentó pronunciar palabra alguna.
—No… tranquilo, es que… —Limpió sus ojos
con la manga de su suéter —. No
tenías por qué hacerlo.
—Me pareció lo correcto, creo que en cierta
forma, quería demostrarte, bueno, todo…
—Lucas, yo… iré a dormir, Nos vemos luego. —No entendía que
había pasado, pero con entrecortadas palabras y ocultando su rostro, se marchó,
justo por la puerta que me prometí no volver a abrir.
¿Qué
había pasado? no entendía nada, mi cabeza se había vuelto una enredadera. ¿Por
qué se habría puesto así? ¿Hice algo mal? Mis preguntas no hacían más que
cobrar más fuerza y empeorar con cada repasada que le hacía al momento en que
mostré el hilo y el ungüento. Era difícil de entender, y más aun con la
palpitante jaqueca que empezaba a sufrir, me dolía, estrujaba mi cara con
fuerza, tratando de soportar el punzante dolor, mientras más apretujaba mis
parpados y mi cara, más cansado me sentía, a tal punto que, como si me hubiesen
sedado, entre puntadas de dolor y frotadas en la frente, caí al suelo mientras
me quedaba dormido,
---
Estaba
en un lugar obscuro y frío, agua hasta la pantorrilla, como si estuviese en una
playa, estaba helada y mi cuerpo se empezaba a percatar de ello, no se me
ocurrió otra cosa más que caminar en línea recta por el lúgubre escenario: una
espesa neblina dificultaba el observar cualquier especie de horizonte, lo cual
daba a entender que el lugar estaba frío. Extraño, pues lo sentía bastante
cálido ignorando mis piernas en el agua helada, esto me confundía. Es entonces
cuando una especie de haz de luz se empieza a asomar a lo lejos, un pequeño
destello, y entre pesados y dificultados pasos, me dirigí a él. El agua en mis
pies parecía no responder a mis movimientos, por más que me moviese ésta se encontraba
estática, reflejándome a mí y a la espesa neblina que me rodeaba. La luz que
hace un momento parecía distante ahora estaba mucho más cerca. Notaba cómo el
lugar en el que estaba se volvía cada vez más estrecho, como si estuviese
entrando en una especie de embudo, hasta quedar en lo que diría era una especie
de túnel, la luz se hacía mucho más intensa conforme progresaba. Se me
dificultaba caminar, pues unas especies de protuberancias salían del piso, el
cual no podía observar bien por el agua. Estas protuberancias eran mucho más
definidas con cada paso, eran como un par de vigas en paralelo a lo largo de
este túnel.
—
¡Hey, Lucas!
— ¿Eh? —Respondí a tan escalofriante llamado
salido de la nada.
— ¡Ven! ¡Corre! —Una voz femenina, nadie que
yo reconociera.
— ¿Quién dijo eso?
—Ya viene, solo esquívalo. ¡AHORA!
— ¿Quién? ¿Quién viene? —Pregunté ya
angustiado. Giré la cabeza a mi derecha; una figura como una sombra, una
persona con una larga túnica señalando a lo lejos del túnel. Seguí su señal y
allí estaba la luz que hace unos momentos trataba de alcanzar, se acercaba a
toda prisa hacia mí, rechinando sobre las vigas en las que yo me encontraba
parado y recién me di cuenta de que eran vías de tren. Presa del pánico, no
pude moverme, mientras esta luz, el faro del tren, se acercaba a toda
velocidad, separando y salpicando el agua que cubría las vías. Ya tenía el
destello de luz en la cara, y lo último que pude oír junto a la bocina del tren
fue un crepitar de huesos.
---
Capítulo 6
¿Nunca
te ha pasado que sienten algo indescriptible por alguien sin razón alguna, y
que, de paso, sueñan con que esa persona llegue a sentir eso mismo por ti, así
tengas que sacrificarlo todo? A mí sí, por primera vez en mi vida. Dicen que
siempre hay una primera vez para todo, desearía tener un manual de vida, porque
las primeras veces suelen ser las más tortuosas.
Un
nuevo día, tan de prisa. ¿En qué momento las horas se volvieron minutos, los
días horas, y los meses semanas? Cada vez sé menos acerca de todo. ¿En qué
momento Anair se volvió tan esencial e importante para mí? Tal vez sea este
sentimiento, o tal vez solo una ilusión. Sea lo que sea, quiero averiguarlo, y
espero que sea lo primero.
Aquel
extraño sueño, no es la primera vez que sueño con una red de metro inundada,
pero si la primera vez que alguien, en este caso, una misteriosa figura, me
advierte del peligro, como si conociese a la persona debajo de la túnica. Pero
así son los sueños. En los sueños conoces a todo el mundo, en los sueños todos
son tus amigos, en los sueños nada puede hacerte daño.
Decidí
que era momento de levantarme. Me senté y recosté a la pared. No había nadie en
el lugar, como de costumbre. En cierta forma extrañaba despertar en el refugio
pues sólo era cuestión de tiempo para que Anair se apersonara en la habitación,
cosa que después de varios minutos no pasó. “Ha
de estar ocupada” pensé, así que reste importancia al asunto, aun así
estaba impaciente por verle.
Tic,
tic. Sonó la pequeña ventana que se encontraba en el refugio. Era Mesi, el ave
mensajera de Alice. Habrían pasado meses desde su última visita. Tomé al ave y
desenrollé la hoja, ansioso de leer lo que sea que Alice me había escrito:
“Lucas, espero y leas esto a tiempo. Primero
que nada quisiera darte un muy afectuoso saludo, espero que te encuentres de
maravilla; yo por mi parte lo estoy. Me encuentro en un bunker al oeste del
país, aquí todo es tranquilo, nada como el viejo bunker donde nos conocimos.
¡Jajá!, pero en fin.
Te escribo esta carta no solo para saludarte,
si no para decirte un par de cosas de las que se rumorean. Hace un par de días
llegaron al bunker unas ocho o nueve personas, sobrevivientes del ataque a un
bunker ubicado en el mismo lugar del que nos conocimos, raro. Un par de
personas comentaban sobre una pelea que hubo en una plaza o algo así, en la que
describieron a alguien que se asemejaba mucho a ti. Presté más atención y
dijeron que éste sujeto, el del conflicto, se llamaba Lucas, y creí que eras
tú. Se dice que te estás refugiando en una pequeña ciudad llamada “Marquise
City”. No sé si sea eso cierto. Espero que me respondas pronto, necesito saber
que estás bien. Muchos rumores hay sobre esa ciudad, o bien hasta donde yo he
escuchado. Se dice que [texto incomprensible] pero sé que no te pasara nada.
Responde pronto.
Te mando un enorme abrazo, adiós. OOXOO”
Me
quedé perplejo. ¿Cómo es que alguien siquiera pudo averiguar tanto, o al menos
que yo estaba en este lugar? ¿Qué importancia tendría saber nada sobre mí? lo
más probable es que haya sido aquél desagradable sujeto. Tan sólo pensar en él
hace que se caliente la sangre, por lo que trate de no hacerlo. Tomé lápiz y
papel de mi mochila y respondí inmediatamente.
“Alice, no sabes cómo me siento de tan solo
recibir tu carta. Yo estoy muy bien. Te quiero contar algo: hace un par de
meses quizás, llegue a esta ciudad. Sí, Marquise City. Estaba vagando sin rumbo
y como de la nada aparecí aquí, encontré un refugio, y…
No
sabía si debía continuar escribiendo, pues me puse algo nervioso, tenía en
mente contarle sobre Anair, cosa que creí ya haberle contado en la carta que le
escribí en el bunker antes del ataque.
…y en este refugio conocí a alguien, una
chica, llamada Anair. Y creo que… no sé cómo paso, pero sin darme cuenta, estoy
enamorado de ella. Es extraño, es ilógico, y hasta tonto, pero es así. En
cuanto al conflicto en el bunker, sí, sí pasó; tuve que regresar a ese lugar a
probar suerte para recuperar mi mochila pero me encontré con que rehicieron el
lugar entero, no se parece en nada a como solía ser. Ahora parece una pequeña
ciudadela, y me encontré con este sujeto, un tal Arnold. Me enteré que él le
hizo cosas horribles a Anair y estuve a punto de darle una paliza, si es que
hubiera tenido la oportunidad. Al final nos separó un guardia y me fui. Al día
siguiente hubo una guerra afuera, con suerte logré escapar y regresar al
refugio de Marquise City con Anair, aquí me encuentro, y creo que… le pediré
que sea mi compañera, estoy perdidamente enamorado de ella, cuesta admitirlo,
pero sí.
Por cierto, hay una parte de tu carta que no
pude leer, es antes de que te despidieras, después de que dijiste que corren
rumores sobre la ciudad. Me siento muy feliz de saber sobre ti.
Espero y te vaya muy bien, te quiero Alice.
Abrazos.”
Me
sentía nervioso de contarle lo que me pasaba y lo que sentía a Alice. Tomé a
Mesi y antes de siquiera poder colocarle el mensaje en el pequeño
compartimiento en su espalda, un fuerte estruendo dentro del refugio sacudió
todo el lugar. Guardé la carta en mi bolsillo y puse a Mesi en el suelo. Me
aseguré de que todo en la habitación estuviese cerrado para que no se fuera a
ningún lado. Tomé mi rifle y cegado por el temor decidí entrar una vez más, a
lo más profundo del refugio, al centro comercial.
Cauteloso,
abrí la puerta al final del pasillo poco a poco hasta pasar al otro lado. Corrí
y me cubrí con una columna que hacia soporte al techo, me asome a todas partes.
¿Dónde está Anair? ¿Qué fue ese gran
estruendo? Me asome por el barandal y conseguí ver algo de luz entrando a
través de una puerta en el primer piso, uno de los accesos principales del
centro comercial. Creía que todas las entradas estaban selladas. Y, junto a esa
entrada, algo de humo saliendo de una pequeña tienda. Lo peor vino a mi mente,
alguien entro al refugio, y tiene a Anair.
Rápidamente
abandono él barandal y con mis ojos en todas partes y el dedo en el gatillo,
baje rápidamente las escaleras. Sin perder de vista la tienda, y con el rabillo
de los ojos atentos a cualquier movimiento. Ya en el primer piso; corrí a la
tienda. El humo se elevaba hasta el techo y escapa por los tragaluces rotos; el
humo provenía de una extraña tienda de ropa.
— A… ¿Anair? —Pregunte en voz alta,
pero lo suficientemente discreta para que no sea escuchada más allá de los
alrededores de la tienda —.
¡Anair!
La
puerta del centro comercial al final del pasillo lateral, abierta de par en par
me daba muy mala espina, pero aun así me enfoque en el interior de la tienda, no
veía más que una pequeña pila de ropa quemándose, y una silueta en el piso
junto a ella, alguien tirado en el suelo, Anair. Corrí al interior de la
tienda, colgué mi rifle de mi hombro, me agache rápidamente para auxiliarle. El
humo era insoportable, pero tenía que ayudarla—. ¡ANAIR! —Le tomo de los hombros, y mi sorpresa es inmensa al notar
que no era más que un maniquí.
—Pero qué dia…
Un
golpe en la cabeza me sacudió, caí al suelo, aturdido, casi inconsciente. Mi
vista se obscureció, como si el humo en la tienda no fuese suficiente, alcance
a ver una silueta dibujada por la poca luz que proporcionaba el fuego de los
vestidos ardiendo. Esta silueta se acercó a mí, me tomo de las piernas y con
muchísimo esfuerzo me arrastro a las afueras de la tienda. Si el golpe hubiese
sido más fuerte me habría matado, tal vez era la intención. No podía pensar con
claridad, la rareza del evento solo me inquietaba más, ¿Dónde estaba Anair?
Consigo
ver como esta extraña figura, la misma que me arrastró afuera de la tienda,
corre hacia la puerta abierta del centro comercial. La cierra y la asegura con
un montón de objetos, cocinas, neveras, muebles y demás. Corre hacia una
esquina, toma lo que parecía ser un balde y vuelve a entrar a la tienda. Se
puede escuchar cómo el fuego es apagado con agua; el sujeto sale de la tienda
corriendo y se acerca a mí, diciendo —.
Lo siento, lo siento, lo siento —Decía esta persona con una voz suave, casi
angelical, era la voz de Anair. Me ayuda a levantarme mientras poco a poco
vuelvo en mí.
—Que… ¿Qué acaba de pasar? —Pregunté.
—Lucas, lo siento, en verdad lo siento. —Repetía
Anair angustiada.
— ¿Qué? ¿Por qué hiciste eso?
—Es que yo, lo siento, me asuste; creí que
eras un invasor o algo así.
—Escuche una explosión y vine a ver si
estabas bien.
—Había olvidado que habías vuelto, lo siento
Lucas. —Anair se oía cada vez más alterada. Tomo mi brazo izquierdo, del
cual colgaba mi rife, y trastabillando, me llevo hasta las escaleras en medio
del centro comercial.
— ¿Crees que puedas subirlas? —Pregunto Anair.
—Cre… creo que sí. —Subimos hasta el
segundo piso. Me recuesta al barandal que da vista al primer piso, y levanta una
de las tantas sillas que quedaban de la destruida feria de comida. Se acercó
rápidamente y me ayudo a sentar.
— ¿Qué acaba de pasar? —Le pregunté aún
adolorido y confuso.
—Es que, creí que eras un invasor. —Se le
escuchaba más calmada, pero aun así la preocupación se sentía en su trémula
voz.
—La… la puerta estaba abierta, ¿por qué?
—Eh, yo, estaba afuera, había salido un
momento, y cuando regrese encontré el fuego y creí que habría sido otro ladrón.
—Hablaba con cierta rapidez, algo para nada característico de ella.
—Yo había escuchado la explosión y me
preocupe, tú estabas aquí adentro y vine a ver si estabas bien Y, y me encontré
con el fuego en esa tienda. —Anair se veía muy agitada, asustada más que
nada.
—No tengo idea de cómo pudo haber pasado,
pero me alegra que no te haya ocurrido nada.
—Tú… ¿Tú estás bien? ¿Te pasó algo?
—No, tranquilo, me sé cuidar sola Lucas. Ven,
déjame ayudarte con la herida.
Me
levanté de la silla mientras ella me sostenía de un brazo. Me llevó a lo más
profundo del largo corredor del segundo piso; a la pared de escombros con las
planchas de acero, me condujo al interior de la pequeña librería junto a los
escombros y una vez junto al mostrador de la tienda, abrió una especie de
alacena debajo de este —. Entra. —Dijo ella.
— ¿A dónde?
—Entra al mostrador y arrástrate hasta el
final, luego en el fondo empuja la tabla de madera. —Sonaba muy segura así
que decidí hacerle caso. Entré al interior del mostrador y me arrastré sobre
mis rodillas como me indicó, al llegar al final sentí una tabla de madera y la
empujé con cuidado. Al caer, Anair dijo.
—Pasa.
Al
salir de dentro del mostrador me encontré con algo de ensueños. Lo que
obstruían las planchas de acero y los escombros no era el resto del pasillo, sino
una tienda. Una tienda considerablemente amplia que una vez fue una tienda de
música, y ahora es la habitación de Anair. Una mesa, algunas sillas, hasta una
suave y mullida cama; muchos instrumentos musicales ordenados y recostados
contra un rincón haciendo espacio a un escritorio, algunos estantes con libros
y un par de locker´s, todo un departamento de soltero, algunos posters de
películas antiguas, y uno que otro de artistas y músicos, una cocina un poco
vieja, junto a una mesa con platos, cubiertos y utensilios de cocina y al lado,
un gran refrigerador, cajas y más cajas apiladas. Esto era un paraíso,
iluminado por un par de bombillas que colgaban improvisadamente del techo. La
pared del fondo tenía una ventana, la cual a simple vista denotaba que era casi
imposible de observar al interior del lugar desde afuera.
—Bienvenido a mi hogar Lucas. —Dijo Anair
al entrar después de mí.
—Tu… ¿Vives aquí? Dios… —Estaba
sorprendido, un poco triste de solo pensar lo deprimente y solitaria que se ha
de sentir ella en ese lugar.
—Sí, ponte cómodo
mientras busco algo para tratar tu herida. —Bloqueó la pequeña trampilla por la
que habíamos entramos con la tabla de madera, y se digirió a el baño que tenía
la tienda. Estaba asombrado, sin palabras, tantas cosas, todas de y sólo para
ella. La ventana dejaba ver un irónicamente hermoso panorama de la destruida y
lúgubre ciudad, bajo la ventana un sofá, y recostado en él una vieja y
maltratada viola. Me pareció extraño, Anair no parecía la clase de chicas a la
que les gusta tocar un instrumento musical, y menos uno tan difícil como este;
nunca dejó de sorprenderme.
Me
acerqué al escritorio y vi hojas de papel sobre él, llenas de dibujos, hermosos
dibujos de animales, personas, pude reconocer algunos personajes que había
dibujado por los posters que tenía en la pared. Nunca había visto dibujos como
éstos, eran simplemente hermosos.
— ¿Estás de curioso, eh? —Había vuelto con
un frasco de alcohol y algunos algodones.
— ¿Tú dibujaste todo eso? —Pregunté
mientras seguía sus señas para que me sentara en el borde de la cama.
— ¿Crees que alguien
más haya podido entrar aquí? —Respondió al sentarse detrás de mí.
—Sí, Jeje, tienes
razón.
—Empezó a empapar los algodones con alcohol y a limpiar la herida de mi cabeza —. Son ¡áuch! Hermosos, me encantan, eso arde.
—Cuando tienes tanto tiempo libre tienes que
matar el tiempo con algo. Listo. Creo que ya se pondrá mejor, déjame cubrirla
con algo.
—
¿Cómo es que, llegaste a este lugar?
—Es una larga historia. No quisiera,
molestarte con ella. —Respondió mientras cubría mí herida con un poco de
algodón y cinta.
—Tranquila, tengo tiempo. —Se levantó y suspiró muy profundamente.
— ¿Te gusta el té?
—Eh… seguro. —Puse mi rifle,
el cual seguía colgando en mi hombro, recostado a la cama, y me senté en la
silla junto a la mesa cerca de la cocina. Anair Encendió la cocina y puso a
hervir una abollada y brillante tetera, acto seguido, se sentó en la silla al
otro lado de la pequeña mesa.
—Creo que… —Ella me veía a los ojos con
una mirada un poco triste, mirada que entro a lo más profundo de mí ser —. Creo que si te quedaras en el refugio
tendrás que saber, Saber más sobre mí.
IV
Capítulo 7
Anair
me había contado la que consideraba la más tristes de las historias, el
cómo llego a este lugar, su pasado, y
mientras yo intentaba disimular la humedad de mis ojos, y lidiar con el
creciente nudo en mi garganta, trataba de entender cómo es posible que alguien
como ella, alguien tan joven, allá pasado por tanto, que si bien no se alejaba
mucho de lo que he vivido, ¿cómo es posible que el desino le hubiese preparado
un giro tan terrible a una niña?, simplemente no cabía en mi entenderlo, solo
me quedaba asimilarlo.
—Y
creo que eso es todo… —Dijo Anair para concluir su relato
—C-como…
¿Hace cuánto paso todo eso?
—Pregunte con gran esfuerzo en no sonar
sollozo.
—Pues… —Anair
bajo la mirada a la mesa, esforzando su mente en recordarlo—, Cuando
llegue aquí habrían pasado unos cinco o seis meses después de haber abandonado
mi hogar.
—Es
decir que… ¿llevas casi 10 años aquí?
—Sí.
—Y…
¿Por qué no te has ido?
—Escucha
Lucas, se bien porque estamos en esta, “batalla”… no me arriesgare a salir de
este lugar, si me trajeron aquí es por una razón.
—Lo
sé, pero… no has llegado a pensar que ¿Cometieron un error al traerte aquí?
Anair cambio su triste y melancólica
expresión a una de seriedad y firmeza.
—Lucas,
mis padres saben muy bien lo que hacen, y sin duda yo también sé lo que hago, y
se bien lo que hare, y no saldré de este lugar hasta que yo lo crea oportuno…
¿sí?
—Comprendo. —Respondí
con la guardia baja. La tetera empezó a silbar, Anair se levantó y sirvió agua
en partes iguales en un par de tazas de aluminio, coloco bolsas de té en cada
una y me ofreció el humeante brebaje, el cual no me supo a nada, era como beber
aire, si bien el humo que emanaba era señal de estar caliente, en mi boca no
sentía absolutamente nada. Al terminarme mi Té estire mis brazos y me levante
de la mesa—. Creo
que, me iré, volveré con mis cosas. —Dije al cabo de unos minutos, Anair me veía
de reojo—, Tal vez tengas algo que hacer.
—No,
digo… Está bien, si, si te tienes que ir, déjame ir al baño antes. —Anair
tomo las tazas y las coloco en la mesa junto a la vieja y maltratada cocina
para luego ir al baño.
Observe con detalle la “habitación”
de Anair, mientras que mi instinto como superviviente, desarrollado desde hace
tanto tiempo, me empujaba a registrar hasta el más mínimo rincón, yo no quería
hacerlo por respeto, pero sin duda la curiosidad me llevo a mover uno que otro
libro y abrir una que otra caja, no había mucho misterio, utensilios,
provisiones, todo lo necesario para sobrevivir, bajo unas sábanas encontré un
par de grandes frigoríficos llenos de carne y varios alimentos congelados, sin
duda todo un paraíso, al menos para alguien como yo acostumbrado a vagar.
En una de las esquinas de la
habitación habían un par de locker´s grandes, al abrirlos había un poco de
ropa, un pequeño abrigo como para un niño junto a zapatos y botas, un abrigo más
grande, y una caja un tanto pequeña junto a él, la intriga me hiso abrirla,
pero tan pronto como la tome y asome la mirada la cerré y la volví a colocar en
su sitio, era su ropa interior.
Cerré el Lockers y me aleje, pero aún
quedaba uno por investigar, lo abrí lentamente, estaba algo empolvado, contenía
un largo costal y una mochila. Palpe el costal para tratar de adivinar que
había dentro, sin duda eran armas de alto calibre, Anair estaba bien equipada.
La mochila era un tanto misteriosa, un verde obscuro, muy maltratada y
percudida. Yo y mi maldita curiosidad. La abrí con cuidado, la cremallera
estaba bastante maltratada papeles, documentos, carpetas, cuadernos y sobres,
me recordó mucho a mi mochila, había un cuaderno que llamo fuertemente mi
atención, recubierto en una especie de cuero negro, y como perro por su casa lo
tome y empecé a leer.
“20 de agosto…”
Ya… Eso era todo. O mejor dicho, todo lo que pude leer, el resto del diario
estaba lleno de páginas y páginas de textos incomprensibles al punto de parecer
garabatos, apenas y se lograban distinguir los números, que parecían señalar
fechas y una que otra palabra sin sentido.
—
¿¡PERO
QUE DEMONIOSESTAS HACIENDO!?
—Exclamo Anair enfadada, furia, había
salido del baño, sin su chaleco, solo con su suéter, con una bermuda que
llegaba hasta sus rodillas y sin ningún tipo de calzado.
—Yo,
solo, yo, estaba… había visto que.
—No pude inventar ningún tipo de excusa
que pareciera coherente, pues simplemente mi curiosidad me llevo a registrar
sus cosas. Anair estaba histérica, se acercó a mí y me arrebato el diario de las manos.
— ¿Por
qué diablos estas revisando mis cosas? ¿Quién te dio ese derecho?
—Lo
siento, yo… tenía curiosidad de que había en el Locker, y me encontré con esa
mochila…
—
¿Abriste la mochila de mi padre?
—La ira afloro en
sus ojos, esta descontrolada.
—Sí,
yo creí que… no habría problema, yo solo quería…
—
¡CALLATE! ¡FUERA DE AQUI!
—Fue a la trampilla que comunicaba su
habitación con la tienda de al lado y aparto la tabla de madera que funcionaba
como puerta—,
¡NO
QUIERO VERTE AQUI!
—Anair,
yo… lo siento…
—
¡DIJE QUE TE FUERAS! —Grito afónica con los ojos húmedos y tomando
el diario con un tembloroso puño.
Tome mi rifle y me acerque a la
trampilla, Anair no quería ni verme a la cara, mantuvo la cabeza gacha
esperando a que yo abandonara la habitación—. Perdón. —le dije. Me arrodille y gatee por el interior del
mostrador de regreso a la tienda de libros que comunicaba la habitación de
Anair con el resto del centro comercial.
Jamás había
visto a Anair así, tan molesta, tan llena de ira, me arrepentía de lo que había
hecho, pero no podía hacer más que disculparme.
Al salir de la tienda note como el
centro comercial había cambiado, ya no era el lugar abandonado, destrozado y
hasta oxidado que era cuando había entrado a la habitación de Anair, ahora
estaba calcinado y mojado, todo parecía madera quemada, como si hubiese ardido
en llamas durante días y luego le hubiesen apagado con un enorme balde de agua,
algunos retoños de plantas se asomaban entre las esquinas de las paredes, y
algunas enredaderas entraban al centro comercial a través de los tragaluces
rotos, inclusive los materos y aéreas verdes del centro comercial habían crecido
y desbordado sus cimiento, apoderándose también de sus alrededores. Camine
hacia el barandal que daba con el primer piso, y vi cómo se mantenían inertes
los mismos escombros de antes que bloqueaban la entrada principal y las
laterales, solo que estas vez, una espesa capa de vegetación los cubría.
Subí las escaleras mecánicas al
tercer piso, el cual se encontraba peor que los anteriores, una tienda llamo poderosamente
mi atención, no tenía mucho que hacer y me acerque a ella, el suelo estaba roto
y habían muchas cosas tiradas a lo largo de todo el centro comercial, máquinas
expendedoras, restos de escombros, un terrible desorden. Al llegar a la tienda
me di cuenta de que las ventanas estaban cubiertas de polvo, limpie un poco y
coloque mis dedos sobre mis cejas para asomarme al interior, era una tienda de
ropa—. Creo que no vendría mal
algo de ropa nueva. —Me dije en voz baja y ronca, el nudo en la
garganta se hacía latente no solo por la historia de Anair, sino también por lo
que vino después.
La puerta de la tienda estaba
cerrada, estaría bloqueada con algo desde dentro, forcejee un poco hasta que el
objeto que obstruía la puerta cayó al suelo. Se oía pesado. Empuje la puerta,
esta se abrió solo un poco, el objeto seguía bloqueándola, así que la empuje
con fuerza para arrastrar esa cosa lejos hasta poder entrar.
Polvorienta, sucia y llena de
telarañas, la tienda estaba casi totalmente a obscuras, algunos rayos de luz
entraban por una pequeña ventana casi a la altura del techo. Había ropa
suficiente para vestir a un ejército, estaba dispuesto solo a tomar lo que me
fuese a poner en ese momento para no ensuciar mi ropa, tampoco quería llenar un
closet. Descolgué mi rifle, me quite el abrigo y me coloque una remera gris, y
sobre ella una camisa de jean que me gustó mucho. Con mi atuendo listo y mi
abrigo en mano, me dispuse a buscar pantalones, los cuales no fueron difíciles
escoger, me coloque unos vaqueros
bastante cómodos, un par botas también me venían bien en ese momento, así que tome
un par, me sentía un tanto más cómodo con mi nuevo conjunto, hace cuanto que no
me quitaba estos condenados arrapos. Con ropa nueva y rifle en hombro, Salí de
la tienda listo para volver con mis cosas, tal vez a meditar que le diría a
Anair para disculparme.
Llegue al pasillo que comunicaba el centro
comercial con la entrada trasera del tercer piso , estaba a punto de abrir la
puerta hasta que un sonido llamo mi atención, voltee rápidamente y me quede
observando el pasillo y el barandal del 3er piso más allá de este, al cabo de
unos segundos decidí olvidarlo, habrá sido el aire o algo parecido, al abrir la
puerta no encontré nada, como si el almacén fuese un cuarto obscuro, no se veía
absolutamente nada, hasta que este sonido apareció de nuevo, el lugar se
estremeció un poco y pude escuchar como este ruido que parecía distante, se
repitió una vez más, esta vez con más claridad, diciendo algo, diciendo mi
nombre; “Lucas”, cerré la puerta rápida pero silenciosamente, tome mi rifle y
apunte agachado hacia el final del pasillo, espere unos segundos a que se
repitiera, pero nada paso. No podría ser mucha casualidad que hubiera escuchado
un extraño ruido dos veces diciendo mi nombre, avance lentamente hasta el otro
extremo del pasillo, observe de reojo todo el lugar pero no percibía movimiento
alguno, me puse de pie lentamente y me incline un poco para tratar de ver a los
finales de los corredores del 3er piso, pero seguía sin ver nada. Camine despacio
a las escaleras sin bajar la guardia,
pude observar como algo se movía en el segundo piso, me agache y cubrí
como pude—.
¿Cómo
pudo entrar alguien aquí?
Era grande, como una rápida sombra
deslizándose sobre las gastadas cerámicas del centro comercial. Se me
dificultaba seguirlo de forma clara con la mirada, corría de aquí para allá, hasta
que se dirigió a la librería que daba
paso a la habitación de Anair, me altere, le apunte con mi rifle como pude,
listo para disparar en caso de que hiciera algo sospechoso. Este ser, este
ente, se quedó de pie frente a la pila de escombros que bloqueaba el paso a la
tienda de música que hacía de refugio a Anair, y con lentos pero firmes pasos,
se acercó a los escombros. Con el dedo en el gatillo, y la mira de mi rifle
apuntando al lugar donde deduje debería estar la cabeza se extrañó ser, observe
como se desvaneció en el aire conforme su cuerpo tocaba la pila de concreto y
escombros, un perturbador silencio se hiso presente.
El miedo y pavor recorrió mi espina
en forma de escalofrió, erizando mi piel, nunca antes en mi vida había visto
algo así, rápidamente me puse de pie, y con cautela baje las escaleras al
segundo piso, quemándome la cabeza, pensando en cómo lo que acababa de ver
siquiera era posible.
Una vez en el segundo piso me
posicione en medio del largo y ancho pasillo frente a la pila de escombros,
observando el punto exacto en donde la extraña presencia desapareció, di un
paso al frente, pisando una de las muchas hojas secas que estaban esparcidas
por el piso por los árboles que irrumpieron la estructura, el crujir de la seca
planta resonó por el tétrico pasillo, y como si me dispararan en la cara, este
ser salió volando de improvisto desde la pila de escombros, abalanzándome sobre
mí y empujándome no solo hacia atrás, si no también fuera del andén que
separaba el fin del segundo piso y daba vista a las oxidadas escaleras mecánica
y parte del primer piso, una caída de más de 6 metros, la sombra me rodeo
mientras caía, solo podía pensar en que moriría, y cuando no quedaban más de
unos centímetros para estrellar mi espalda contra el quebrado suelo, la
obscuridad me encontró de nuevo.
---
— ¿Lucas? ¡Lucas!
Otra vez estas divagando, céntrate por favor. —Me exigía Leo.
—Sí, sí, ya, lo
siento —Sacudí
mi cabeza para despejarme un poco. Estábamos en el bosque, agachados detrás de
una pila de troncos, cubriéndonos con ellos, unos metros más adelante una clase
de almacén abandonado, Mika nos acompañaba también. Tenían sus armas listas
para atacar.
—Perdón por tardar, ya estoy lista —Dijo Anair, mientras
se cubría con el tronco junto a mí se le veía tranquila y hasta un poco
entusiasmada, pero no era la primera vez que salía por provisiones conmigo—. ¿Bien? ¿Cuáles el plan?
Leo saco un trozo de papel de su
bolsillo, y en él estaba dibujada una vista aérea de la zona—. ¿Lucas? —Dijo él.
—Bueno, verán, el
lugar posee tres accesos, una principal y dos laterales, obviamente la
principal está bloqueada, así que usan las laterales como delantera y trasera —Explicaba yo
mientras que con el dedo trazaba líneas imaginarias sobre el trozo de papel—, Leo, Mika, ustedes podrán subir al techo
por las escaleras de emergencia en la parte trasera del almacén, nos cubrirán
desde allá, mientras Anair entra por la puerta trasera y yo por la delantera,
traten recuerden no herir a nadie, solo inmovilizarlos o noquearlos, no
gastemos munición.
Todos asintieron con la cabeza, y al
cabo de una cuenta regresiva nos dirigimos a la abandonada pero habitada
estructura.
Mika
subió las escaleras hasta el techo del almacén, echo un vistazo y dio señal de
que no había nadie en los alrededores, acto seguido Leo subió las escaleras,
Anair empezó a caminar lenta y silenciosamente hacia el lateral del edificio,
lista para entrar, antes de que se alejara, le tome del brazo, haciéndola
voltear hacia mí.
—Anair, ten… ten
cuidado, ¿Si?
—No era la primera vez que íbamos en una misión como esta, pero aun así,
siempre me preocupaba por ella, en el fondo me reprochaba a mí mismo el
cuidarle más a ella que a los demás, incluso más que a mí, tratarla como una
hermana pequeña, como una hija, era algo que no podía controlar en mí, que
hacia sin darme cuenta.
—Se cuidarme sola ¿sabes?, tranquilo —Al
soltarle se dio media vuelta y se fue a su posición. Ya era hora.
Una vez en mi posición, tome mi
rifle y lo amarre a un costado de mi mochila, en verdad no tenía intenciones de
gastar munición, y menos de un calibre tan escaso, así que solo usaría, en caso
extremo, mi vieja y confiable glock 17. Abrí la puerta lentamente, no parecía
haber nadie más que un par de sujetos conversando en el fondo del almacén y
otro comiendo unas frituras en un andén sobre la puerta trasera, por la que
entraría Anair. El lugar estaba lleno de basura, camiones y tráileres algunos
viejos y oxidados, subí la mirada al techo el cual había perdido varias
planchas de acero, y en uno de eso estaba leo con su rifle, preparado, y junto
a Mika, quien a través de señales me indico que habían dos sujetos conversando,
los cuales ya había visto, uno junto a un barandal y otros tres jugando cartas
en el otro extremo del edificio.
Estábamos listos.
Me adentre en el almacén, era
difícil no hacer ruido con tantos escombros y plantas por el suelo, pero me
abrí paso hasta estar cerca de los sujetos conversando, tenían un par de
refrigeradores junto a ellos en los cuales guardaban cervezas. Anair ya se
encontraba en el nivel superior, a unos metros del sujeto comiendo, y con la
culata de su arma, dio un golpe seco en la cabeza de aquel tipo, haciéndole
caer como un saco de papas, Anair corrió y se escondió rápidamente. La charla
entre los sujetos a metros de mi seso al percatarse del sonido que provoco la
victima de Anair, y justo en el momento en el que voltearon a ver de dónde
provino el ruido salte y tome a uno del cuello, apuntándole en la frente, el
otro, por instinto quiso sacar su arma, pero antes de que pudiese siquiera
tomarla de su cinturón le apunte a la cara.
—No hagas nada estúpido ¿Dónde está la
comida? —Le dije, tratando de sonar amenazante, nunca me gusto tener que amenazar
a alguien con un arma, y menos ver la expresión en su rostro al tener que
hacerlo.
—Está en el camión. —Respondió muy
rápidamente mientras intercambiaba miradas con su cautivo amigo, note en el
movimiento de sus ojos que trataba de comunicarse, pero el mudo mensaje de
alerta no fue lo suficientemente rápido pues Anair ya había golpeado su cabeza
antes de voltearse. Estrangule al que quedaba, no fue muy difícil, el ver a su
amigo noqueado en el suelo le dejo bastante impresionado.
—A veces eres muy blando —Dijo Anair—. Pudiste haber noqueado a uno y así solo te
encargarías del otro.
—A veces eres muy radical Ani, sin un
incentivo, habría tardado más en sacarle información.
—
¿Que más incentivo que una bala en la
cabeza? — No fue difícil encontrar el chiste en sus palabras, pero aun así,
me inquietaba que Anair pensara de esa forma.
Se escuchó un fuerte golpe del otro
lado del almacén, fuimos lo más rápido y discretamente posible, eran Leo y
Mika, habían reducido a los tres sujetos restantes.
—La comida está en...
—El camión —Interrumpí a Leo—. Listo, vamos. —Nos dirigimos al único
camión que lucía funcional del lugar, las puertas del contenedor estaban abiertas
y una extrañísima oscuridad envolvía el interior. Busque en mi mochila mi
linterna y subí a la parte trasera del camión, estaba frio, y por más que
intentara mi linterna no conseguía iluminar más allá de unos centímetros
delante de sí.
Sentía un enorme vacío en el
estómago, como si algo anduviera mal. Un fuerte sonido metálico me hiso
voltear, las puertas del contenedor se habían cerrado de golpe a mis espaldas, Voltee
rápidamente y para mi sorpresa estaba Anair de pie, aun con tan poca luz podía
definir su silueta, su rostro.
— ¿Anair? ¿Qué
sucede? ¿Qué haces aquí? —No decía nada, ni siquiera se movía, parecía
un maniquí, y llegue a pensarlo hasta que con una voz tenue y apagada dijo algo
que me helaría la espina.
— ¿En serio
sigues aquí? El frio… Lucas… ¿Por qué?
Intente acercarme y tomarla del
hombro, y tan rápido pose mi mano sobre su cuerpo, la punzada en mi estómago,
se sentía cálido e incómodo, agache la cabeza para corroborar mi miedo, una vez
más había recibió el frio beso del hierro en mi cuerpo, una apuñalada. El acto
reflejo fue empujar a Anair lo más lejos de mi posible, pero; ¿Cómo empujar
algo que ni siquiera existe? Al levantar la mirada solo estaba la puerta del
contendor, Anair había desaparecido, fue una ilusión, no como la herida en mi
estómago, brotaba sangre de ella, ¿Cómo demonios?
Caí de rodillas tratando de hacer
precio con ambas manos pero empezaba a marearme, a perder el sentido. Podía
escuchar como Leo me llamaba desde fuera, golpeaba la puerta con fuerza, yo
trataba de gritar pero mi voz se había ido, no tenía fuerzas.
Una blanca luz cegó mis ojos, y de
ella, emanaron dos figuras, eran Mika y leo, preguntaban constantemente si me
encontraba bien, pero la sangre en mi abdomen les respondió antes de que
siquiera pudiera decir nada. Con las pocas fuerzas que tenía intente observar
el interior del camión, quería echar un último vistazo a mi amada ejecutora,
pero estaba vacío, no había nadie. Leo me arrastro fuera del contenedor del camión,
una vez en el suelo, con sus manos haciendo precio en mi estómago y Mika
rebuscando en su mochila, el mismo resplandor de antes se posó sobre mí,
llamándome, me extendía su mano, la tome, era suave y delicada, me ayudaba a
ponerme de pie, y en el último segundo me di cuenta de que este resplandor
tenia rostro, un rostro muy familiar. Y entonces, desperté una vez más.
---
Estaba echado en suelo, con la
mirada perdida al casi infinito techo del centro comercial. Me levante como
buenamente pude, mis piernas temblaban, el dolor de cabeza era insufrible —. ¿Cuánto tiempo ha pasado? —Me pregunte frotando
mi palpitante cabeza luego de detallar mí alrededor, las hojas y plantas en el
centro comercial estaban secas y muertas, incluso el lugar en donde yacía mi inconsciente
cuerpo parecía desgastado.
Estaba más que seguro de que al
menos, uno o dos meses ya habrían pasado, era la única explicación que tenía
para aceptar que el otoño ya había llegado.
El hecho de haber pasado cualquier
cantidad de tiempo inconsciente en el suelo me pareció irrelevante comparada
con la simple idea de que en todo este tiempo, Anair, en caso de que hubiera
salido de su “habitación” ni siquiera se acercó a verificar si al menos seguía
vivo, pero, ¿Que podía yo saber sobre nada en ese momento?.
Una vez de pie contemplando el
triste panorama, tome mi rifle del suelo, y subí las escaleras. El lugar
parecía mucho más claro e iluminado que antes, tal vez porque las hojas de los árboles y plantan ya
no estaban, dando paso a mucha más luz. En el segundo piso, veía el extremo del
pasillo con recelos, tras esa pila de basura estaba Anair, y no podía hacer
nada para verle, al menos eso pensaba, subí las escaleras de nuevo sin quitarle
la mirada de encima —. Anair…
Ya en el tercer piso, el enorme y
sucio ventanal al contrario del pasillo que daba con el pequeño almacén en
donde yo descansaba, filtraba la luz del exterior. La curiosidad mato al gato.
Me acerque a él, y con una mano, trate de limpiar cuanta mugre y polvo pude con
saliva y un trapo viejo que estaba en el suelo. Afuera del centro comercial
había un enorme estacionamiento, algunos autos destruidos, otros solo
abandonado, y más allá de este, el resto de la ciudad. El día Soleado y el
cielo despejado hacia que cada rincón de esta se iluminase. Veía como las copas
secas de os arboles de las calles se perdían en el horizonte, Marquise City
nunca fue ciudad de edificios o
departamentos, espacio para casas normales había de sobra. Varios locales
comerciales, puestos abandonados de comida rápida, y más autos abandonados, la
ciudad se veía hermosamente solitaria, me causaba un vacío en el estómago y al
mismo tiempo paz y tranquilidad.
Iba observando de izquierda a
derecha, lenta y tontamente, detallando cada centímetro del lúgubre paisaje,
hasta que, una figura posada a la salida de una estación de metro al final de
la calle. Un escalofrío recorrió mi espina, yacía inerte, devolviéndome la
mirada. Pude notar que era humano, al menos eso me pareció tras unos segundos
de forzar la vista, llevaba una túnica de color oscuro con capucha. Esta
persona, si se le podía llamar así, observo a su alrededor muy lentamente para
después descender por las escaleras hacia la estación.
Tantas preguntas golpearon mi
cabeza, y una sola forma de responderlas. Di media vuelta, fui al almacén, tome
mi mochila y salí una vez más del centro comercial.
La ciudad jamás había lucido más
calmada, incluso la brisa se sentía fresca y no pesada y húmeda como en otras
ocasiones. Teniendo en cuenta de todo lo que había pasado, me sentía relajado y
calmo, incluso Anair no era un pensamiento si quiera casual, estaba enfocado en alejarme del refugio,
más sin embargo, mientras lo rodeaba, veía esperanzado las ventanas de la
“habitación” de Anair, como si en algún momento se fuese a asomar gritando
“vuelve”.
Una vez en la calle frontal del centro comercial camine a pasos
largos hacia la estación de metro, como si una gran sorpresa me aguardara allí.
Mi mente divagaba; ¿quién era esa
extraña “persona” descendiendo a la estación?? ¿Tendría alguna relación este
ser con el que me tiro del segundo piso? ¿Cuánto tiempo pase echado
inconsciente? ¿Habrá Anair pensado en mí? La caminata se había echo corta, pues
ya me encontraba de pie frente a las escaleras. Lucían infinitas y tétricas,
como si descendieran a una pesadilla. Me arme de valor ignorando la voz de
alerta en mi cabeza, saque mi linterna de la mochila y descendí con cuidado, mi
rifle siempre apuntando al punto en el que el rayo de luz de la linterna se
volvía penumbra hasta llegar a una especie de pasillo curvo que terminaba en
unas planchas de hierro, una puerta improvisada, las aparte y un tenue
resplandor proveniente del interior de la estación me invito a seguir adelante.
Al llegar a la estación me encontré con un mundo totalmente nuevo.
Aquel lugar parecía un pequeño
mercado, había muchísima gente, al igual que en los bunkers, en su mayoría
chicas y chicos jóvenes, todos lucían sucios, con sus respectivas armas
colgando de sus hombros, algunos parecían andar en grupo de aquí para allá,
como si montaran vigilancia. Había puestos de todo tipo, comida, bebida, ropa,
municiones y armas. Contra las paredes de la estación yacían débilmente grandes
cubículos improvisados con planchas de hierro, madera y lonas, que hacían de
habitación tanto para residentes y comerciantes como para forasteros
Anchos y pesados tablones de madera
eran empleados como puentes sobre las vías del metro comunicando un lado de la
estación con otro. Fogatas en las vías, reflectores en las esquinas, y en
ocasiones lámparas de queroseno. Un
submundo bastante curioso, me resultaba familiar y particularmente acogedor.
El griterío de la muchedumbre no me
dejaba concentrarme en un solo pensamiento, solo veía los puestos de los comerciantes
mientras palpaba mis bolsillos vacíos y trataba de recordar cuantas balas tenía
en el cargador y en la mochila. Aun con tanto ruido a mí alrededor logre escuchar
dos palabras a uno de los costados de la estación.
—Hey! Lucas, — voltee a ver —, hacía tiempo que no te veía por aquí, ¿cómo
has estado? — Era un hombre, algo mayor, cabello largo y canoso sujeto con
una cola de caballo, de piel grasienta, bastante delgado y con aspecto de
soldado, su chaqueta de cuero lucia pesada. Pulía un fusil de alto calibre
sentado sobre una caja de cerveza.
—Hola. — respondí desconfiado al saludo,
parecía conocerme, su penetrante mirada calaba en mi piel, como si viera a
través de mí.
—
¿Qué ocurre? Parece como si no me
recordaras —Hablaba con un palillo entre sus dientes. Aclare apenado que en
efecto, no le conocía, o al menos no le reconocía, siempre fui malo para
recordar a las personas —. Oh, ya veo,
bueno, tampoco es como si mi persona fuera algo relevante ¿no es así? Solo
digamos que, soy un guía, si viniste por tus cosas deberían estar en los
casilleros, aquí tienes tus llaves. Me imagino que debes estar más confundido
jajaja, típico de ti. A veces me pregunto si recordar quien eres cuando
despiertas. De cualquier forma, es raro que hallas vuelto… creí que odiabas
este lugar. Cuídate Lucas, y buena suerte.
El hombre tomo un bolso junto a él, lo
colgó en su hombro y se despidió haciendo un gesto con la cabeza. Me inspiraba
confianza en cierto modo, no le reconocí en ningún momento, pero por lo que
había dicho parecía conocerme.
Me había entregado un par de llaves,
una con una etiqueta que ponía en rojo “5344” y la otra apenas y podía leer un
seis, parecía como si se hubiesen esforzado mucho en borrar los dígitos. Tal
vez debía dirigirme a los casilleros que el misterioso hombre había mencionado.
Tras preguntar a un par de personas y cruzar el improvisado puente sobre las
vías del metro di con un pasillo que, según varios, daba con los casilleros, y
así fue.
Era una habitación enorme, muchísimo
más que el almacén en el bunker, parecía no tener fin, varias personas en él
poniendo y sacaban cosas de los casilleros, algunos lloraban, otros se
limitaban a ver y recorrer los casi infinitos y laberinticos pasillos. Del
techo colgaban oxidados letreros que señalaban las secciones que iban desde el
1 hasta el 6. Y por lo que intuí, el 5 debería ser mi pasillo. 5340, 5341,
5342, 5343 y 5344, mi casillero, era alargado, poco ms de un metro y destacaba
más que los demás, la puerta lucia forcejeada y maltratada. Tome la llave y
abrí con cautela, no sabía lo que podría encontrar dentro, una parte de mi
sentía tanto miedo como curiosidad.
El casillero contenía un rifle de
caza, una caja de munición un muy familiar sobre rojo. Tome el sobre, y saque
la carta en su interior, estaba en blanco. El lugar empezó a temblar y un
insufrible dolor de cabeza me golpeo y ajito casi tirándome al suelo, sentía
que la cabeza me iba a estallar en mil pedazos. El temblor seso junto al dolor
de cabeza, lentamente abrí los ojos y, para mi sorpresa, el sobre rojo y la
carta habían desaparecido. Mire a mí alrededor, todo lucia sucio y destrozado
incluyendo los casilleros, el temblor había causado estragos, o al menos eso
creía. El rifle de caza seguía erguido frente a mí, lo tome y me agache para
guardar la caja de munición en mi mochila.
Al cerrar el casillero note como la
puerta de este ahora era de un desgastado color rojo. Me marche.
La antes vivaz estación se había
silenciado y congelado, la mayoría de las personas lucían reservados y
discretos, rayando en lo antipático. No se oía mucho más allá de murmullos y
cuchicheos, alguna que otra carraspeada que desentonaba el frio escenario. El
techo lucia remendado en varios puntos, lucia agrietado igual o peor que las
paredes, incluso se podía ver algo de neblina entrar por las grietas del techo.
Las fogatas comunes en las vías del metro eran la única fuente de luz y calor, las
personas en la estación trataban de estar lo más cerca posible de ellas.
—
¿te extraviaste? —Una voz familiar,
de nuevo el hombre mayor que me recibió en la estación —, Tienes cara de extraviado, yo que tú la quito, o alguien se podría
aprovechar.
—Si… no lo sé… ¿Qué le paso a este lugar? —Pregunte
un poco más confiado que en nuestro encuentro anterior, pues sea quien sea este
sujeto, no solo me conocía bien, también me había regalado un rifle.
—Un bombardeo,
últimamente están bombardeando la ciudad, no sé por qué, pero estar afuera es
un peligro, yo digo que el metro es el único lugar seguro.
Bombardear la ciudad, ¡ANAIR!
—tranquilo, no han bombardeado nada más allá
del sur, el centro comercial está intacto. —El hombre me tomo del hombro
para tratar de tranquilizarme, ¿Cómo pudo saber sobre el centro comercial? —, Confía en mí, todo saldrá bien, ven, vanos a
la hoguera, cuéntame, ¿Por qué regresaste?
Llegamos a la hoguera, las personas
parecían carentes de expresiones, caras de póker por todas partes. Nos sentamos
frente a la hoguera para continuar con la conversación —. A decir verdad, ni tengo idea —Conteste —, había despertado de un muy extraño y largo sueño en el centro
comercial, me asome por una ventana y… vi una figura extraña bajar a la
estación y...
—
¿Figura extraña? ¿Cómo era? —
Pregunto el buen hombre mientras, con una tetera que tomo de su pesada y
voluminosa mochila, hervía agua en la fogata, iba a preparar te.
—Sí, lucia como alguien encapuchado con una
larga túnica, no pude detallar muy bien, estaba muy lejos, me dio curiosidad y
algo me hiso venir hasta acá, una corazonada.
—A veces las corazonadas nos llevan al
peligro inminente, otras suelen ser muy convenientes, yo siempre actuó por
instinto, digamos que usar la cabeza no es lo mío —El agua estaba lista, la
vació en unas pequeñas tazas de aluminio y coloco una carga de té en cada una
—. Creo que deberías ir a ver al
escritor, tal vez cepa algo sobre esa “misteriosa figura”, a parte, recibe y
reparte la correspondencia en este lugar, quien sabe y tienes una carta.
— ¿El escritor?
¿Quién es ese?
—El escritor es de las únicas personas que
sale de aquí cuando quiere, mucha gente viene para quedarse, se sienten seguras
en el metro, hay otras, muy pocas, que deciden salir, viajar, explorar, cada
tanto se les antoja, El Escritor es una de esas personas. No le entiendo.
— ¿Y dónde esta
esté “Escritor”?
—Suele estar en su oficina, en antaño, el
cuarto de seguridad, en… aquella dirección, imposible no encontrarla. Si vas
ahora es posible que le encuentres.
Devolví la taza, agradecí por todo y
con un fuerte estrechón de manos me puse en marcha a la oficina de “El
Escritor”, no quise preguntar su nombre al sujeto que tan amablemente me había
atendido en la estación, quise ser cortes y fingir que ya recordaba quien era
aunque no fuese así, me pareció que se sentiría muy incómodo si en medio de la
conversación le interrumpiera con un “¿y
cómo te llamas?”, patético.
Una curiosidad ciega me guiaba, en
el fondo buscaba respuestas a una pregunta por demás de absurda, era ilógico,
nada propio de mí, pero ya estaba en el metro, y si aquel hombre me hiso
conseguir un rifle y munición, quien sabe que podría tener el Escritor para mí.
La oficina estaba muy cerca de las escaleras, no entiendo como no la note al
bajar a la estación. La puerta de esta no era más que una mesa de madera puesta
a manera de despacho, la golpee un par de veces sin asómame al interior,
esperando el permiso para entrar, pero no parecía haber alguien allí. Apoye mis
brazos sobre la mesa y me incline hacia adentro, estaba lleno de libros,
papeles y cuadernos, desordenados en estanterías, apilado en el piso. En una
esquina, una túnica oscura colgando de un perchero, y en la otra, una chica, de
espaldas sentada al pie de una mesa.
—Disculpe, busco al “Escritor” —Le dije
desde la puerta, tratando de llamar su atención. Se veía bastante distraído en
su escritorio, en una máquina de escribir, reconocía el sólido del tecleo.
—“…El joven se acercó y pregunto con timidez,
ni siquiera él sabía que hacia allí” —El lugar se estremeció enmudecido,
solo se escuchó el crujir de las paredes y un par de objetos cayendo al suelo—,
Escritora, yo soy la Escritora, pasa si
quieres. — Dijo desde la comodidad de su silla para luego ponerse de pie y
voltear a verme. Una chica no mucho mayor que yo, labios carnosos y ojos
rasgados. Lucía un maltratado cabello rubio y un vestido largo y blanco que
terminaba en unas grandes botas negras. Se acercó a mí y movió la mesa que
obstruía el paso al interior de la
oficina —. ¿Desecas algo? —Pregunto
con una mirada picara.
—Yo, vine a ver si tenía correo, una carta o
algo —Sonaba estúpido, así que decidí ir al grano —, Escucha, sonara loco pero no sé muy bien que hago aquí, vi una figura,
como una persona, bajar hacia acá y, quería saber que era, no tengo idea, me
llamo mucho la atención. ¿Por qué vive gente aquí? ¿Por qué no sale?
La Escritora me observo con una ceja
arqueada y una sonrisa que parecía más una mueca, al cabo de unos segundos
pareció entenderlo todo y me ofreció sentarme.
—Esto no es un bunker, en el cual poder ir y
venir cuando quieres, mucho menos un refugio, aún lejos de las balas nadie está
del todo seguro aquí, esto es el metro, aquí no hay ley más que “vive y deja
vivir” Probablemente lo que viste fue un espejismo o algo parecido —Mientras
ella hablaba, note que de su delgado y pálido cuello colgaba un collar con un
dije muy curioso, me parecía haberlo visto antes, pero ¿dónde? Era una figura
triangular con una especie de serpiente al medio —. Muchos deciden quedarse y hacer sus vidas aquí porque se sienten
seguros, y realmente no entiendo. Al salir se arriesgan a que les disparen o
algo peor, tal vez piensan que nadie nunca pensaría en buscar en un lugar tan
frio y desolado como una estación de metro. Nadie más allá de quienes viven
aquí saben que casi todas las estaciones están habitadas, poca gente sale a
decírselo a alguien más, suelen perderse o morir, lo ignoro.
—
¿Y qué haces tú aquí?
—Es... Un lugar bastante tranquilo, aquí
puedo relajarme y no preocuparme por nada que no sea escribir la historia.
Quería parecer educado, y hacer que la
conversación fluyera
—
¿Qué historia? ¿De qué trata lo que
escribes?
—Trata sobre una chica, no te va a gustar, es
sobre una chica que viaja a otra ciudad para alejarse de su pasado, pero allí
se da cuenta de que su pasado era feliz, trata de emularlo de alguna forma y
cuando lo está logrando aparece un sujeto a molestarla, a fastidiarlo todo. La
historia transcurre en ese punto, ella tratando de ser feliz como lo era antes
mientras lidia con este tipo. Una historia para chicas, te dije, no te va a
gustar.
—
¿Y que nombres tienen tus personajes?
—Pregunte curioso.
—Se llaman Samanta y Henry, ¿Viniste por algo
concreto o solo a hacerme preguntas? —Dijo con un tono sarcástico, pero al
mismo tiempo tratando de no parecer una amargada.
—Perdón. Sí, me dijeron que probablemente
tendría una carta aquí o algo.
La Escritora pidió mi nombre, y
atravesó una puerta junto a la mesa en donde escribía. Al entrar, el lugar se
sacudió nuevamente, esta vez con más fuerza, me agache y trate de cubrirme bajo
la mesa. Al cabo de unos segundos, el “sismo” acabo y la chica volvió conmigo a
la habitación con una bolsa.
—
¿Sentiste eso? —Pregunte.
—Sí, están bombardeando, creo que planean
destruir la ciudad entera y rehacerla, o al menos eso escuche, creo que no
conocen una forma más efectiva de hacerlo.
—
¿Pero que pasara con todos los que viven
aquí en el metro? —Me sentía alterado, debía de avisarle a Anair cuanto
antes.
—
Tomara varias semanas, dudo que la
piensen destruir con un arma atómica o nuclear, sería más peligroso vivir aquí
luego con la radiación, además, si fuera la opción más rápida, ya lo habrían
hecho. En fin. Solo esto estaba aquí a tu nombre.
Una bolsa oscura y abultada, al
abrirla encontré una túnica negra, bastante cuidada y pulcra, parecía echa a
mano.
—
Espero eso sea todo, por que debo seguir
escribiendo, esta historia no se va a escribir sola, y solo queda un capitulo —Dijo
La Escritora
—Creo que sí, muchas gracias por todo. Creo
que ya debería irme, no me siento muy a gusto en la estación. — Examinaba
la túnica con detalle, parecía un poncho impermeable, estaba dispuesto a
usarlo, por las noches suele haber mucho
frio, lo guarde en mi mochila.
—Mucha suerte, adiós.
No podía seguir en la estación, quería
salir y volver con Anair, algo en mi cabeza susurraba que todo estaría bien,
que al volver, podría explicarle todo a Anair, tal vez podría perdonarme por
hurgar sus cosas, o tal vez, querría ir conmigo a algún refugio con tal de no
morir en el bombardeo.
Una muchedumbre me recibió afuera de
la oficina, estaban reunidas viendo como el techo se había venido abajo,
bloqueando las escaleras, la salida. Una enorme mano tomo mi hombro acompañado
de una fuerte y gruesa voz, era el sujeto que me había estado ayudando.
—Se vino abajo hace unos momentos, estaba seguro de que caria y mataría a alguien, pero no de que bloqueara la salida, triste, ya muchos planeaban irse antes de que bombardearan la zona.
—Se vino abajo hace unos momentos, estaba seguro de que caria y mataría a alguien, pero no de que bloqueara la salida, triste, ya muchos planeaban irse antes de que bombardearan la zona.
—
¿Y qué piensan haces? Debe haber otra
salida, Tengo que irme de aquí.
—
Tranquilo, lo haremos, hay un viejo metro
con 2 vagones unos metros más allá de la estación, lo tomaremos e iremos a la
estación vecina, seguro ahí podremos salir. Ven, vamos a buscarlo, seguro
cabremos todos, o gran parte de la estación.
Los comerciantes desarmabas y
empacaban sus puestos, los residentes con maleta en mano se reunían al pie de
las vías listos para partir, la estación cada vez quedaba más sola, Apagaron
las fogatas y casi todos encendieron sus linternas, dejando así un escenario
bastante perturbador y tétrico.
Un hombre bastante alto empezó a
guiarnos a través del túnel. La muchedumbre permaneció callada hasta llegar a
los vagones, en donde empezaron a subir de uno a uno.
—Lucas, ven, iremos al frente junto al
maquinista. —Exclamo mi “amigo”, no sabía cómo llamarle o referirme a él,
por lo que evitaba hacerlo. Me extendió su mano para ayudarme a subir y una vez
dentro de la cabina me recosté a la puerta que daba paso al resto de vagones.
Quien llevaría el metro era un
sujeto delgado y andrajoso, con una barba blanca y abundante, una chaqueta de
soldado, parecía un uniforme, lo acompañaban otros 3 como él. Tenía una
enredadera de cabes en el suelo que iban del panel de control a una pila de
batirás de autos. Nos pidió que nos sujetáramos y dio marcha al metro.
Nunca había estado en uno, supuse
que en pasado debió ser una forma cómoda y rápida de viajar pues en pocos segundos habíamos recorrido
casi 3 minutos de caminata.
—Demonios —Exclamo el conductor. Uno de
los hombres junto a él pregunto qué ocurría y este explico —Hay agua en el túnel, está inundado... y a
unos pocos metros de la salida Tendré que acelerar más o el agua terminara por
detenernos, sujétense bien.
Estaba aterrado, creo que jamás había
ido tan rápido, las ruedas del vagón rechinaban aun estando bajo agua, y el
túnel parecía agrandarse conforme avanzábamos.
—
¿Qué rayos es eso? —Grito el
conductor, todos en la cabina nos acercamos a la ventana para observar, una
figura a lo lejos, inerte en medio del túnel —. Sea lo que sea, lo destruiremos a esta velocidad… AHÍ VIENE.
El conductor grito con sadismo, todo
paso en un abrir y cerrar de ojos —. ¡LUCAS!
—Grito alguien en el túnel, aun con el ruido y todo pude escucharlo solo para
segundos después escuchar un golpe seco frente al vagón, voltee del susto, y al
costado del túnel, de forma fugaz, vi una figura oscura de pie bajo uno de los
pocos faros de emergencia funcionales del túnel, la reconocí enseguida, era la
escritora y llevaba la misma túnica que colgaba del perchero en su despacho.
Como si hubieran disparado un fotograma a mis ojos, paso enseguida, estaba
frente a una puerta de emergencias, tal vez había encontrado una forma de salir
del túnel.
—
¿Vieron eso? Lo hizo pedazos, hacía años
que no veía una gota de sangre —Los restos de lo que habría sido hace unos
segundos un animal se escurrían por las ventanas, era horrible, sentí nauseas.
Ya estábamos por salir del túnel, lo había dicho el conductor, dijo que la
siguiente estación estaba en mitad del bosque, cerca de una gasolinera junto a
una parada de autobús, de ahí podría seguir la calle hasta la ciudad. También
dijo que en antaño la línea seguía hasta la zona industrial, se quedarían ahí y
seguirían a pie a otra parte, quizás a un bunker.
—Muy bien compañero, aquí se separan nuestros
caminos una vez más —Me dijo el hombre que me “acompaño” por decirlo de una
manera, desde el primer momento en el que llegue a la estación del metro—. Espero y volvamos a toparnos prontos.
—Yo también espero que así sea — Respondí
al cariñoso y fraternal estrecho de mano que el amable hombre me ofreció. Baje
del vagón, era de madrugada, se notaba por la tétrica claridad pre-matutina, lo
cual no ayudaba a que la estación que parecía de tren, se viera mejor. Incluso
el roció matutino parecía una llovizna, lo cual me llevo a colocarme el poncho
que me había entregado la Escritora, cubría todo mi cuerpo, incluso mi mochila y
mis armas, hacia frio.
—Si caminas recto en esta dirección llegaras
directo a la autopista que da a la ciudad. Pero cuidado, el bosque es
peligroso, y más a estas horas, aunque esta por amanecer, de cualquier forma,
cuídate mucho. ¡ADIOS! —Exclamó desde la puerta del vagón que lentamente
avanzaba hacia su incierto destino.
Me encontraba completamente solo una
vez más, solo yo y mis erráticos pensamientos, debía volver al centro
comercial, me puse en marcha por el sendero en el bosque mientras los tenues
rayos de luz que anticipaban el día me propiciaban algo de tranquilidad.
Algo de humo se filtraba entre los
arboles hacia el cielo. Una fogata al pie de un lago, apagada recientemente,
quien quiera que el hizo acababa de irse.
Camine poco más de 5 minutos hasta
dar con la autopista, ya la había visitado en una oportunidad, sabía
exactamente qué camino tomar.
Una vez más me encontraba en la
solitaria calle principal de la gris y abandonada ciudad, como si hubiera
pasado una eternidad detalle sus calles con nostalgia, hasta que a lo lejos vi
una figura, una persona, parecía más un hombre que una mujer, caminaba a mitad
de la calle con bastante dificultad, lucia herido. Quise llamar su atención,
podría ayudarle, pero apenas tome aire para gritarle un fuerte estruendo
sacudió la tierra, caí al suelo de inmediato, habían bombardeado. Me levante
tan rápido pude y el moribundo sujeto había desaparecido, o eso pensé,
rápidamente una figura corrió hacia un callejón entre edificios, sabía a donde
podría dirigirse, al mirador del conjunto de departamentos. Así que le seguí.
Quien quiera que fuera necesitaba
ayuda, y si tenía planes de quedarse en la ciudad seguro moriría en el
bombardeo, asumí la responsabilidad de ayudarle.
Una vez en el mirador no pude ver a
nadie, solo el que una vez fue un acantilado y yo. Me sentía observado, muy
incómodo, mire a mi alrededor pero no había ni un alma, algo en mi interior
gritaba “desde los departamentos”,
tenía razón, una figura inerte e inmutable a cualquier señal que le hiciera me
observaba desde una de las ventanas.
Me miraba fija y fríamente, yo por
mi parte no podía detallarle bien por más que intentase, solo definía su
silueta, ¿Seria este el hombre herido que caminaba a mitad de la calle? Salude
en voz alta sacudiendo el brazo, pero seguía sin moverse. Solo se me ocurría
una forma de advertirle por el inminente peligro que se acercaba a la ciudad.
Rebusque en mi mochila algo con que
dejar una nota y encontré el sobre rojo del casillero de la estación. Saque la
carta blanca de su interior y escribí con el gastado lápiz de mi diario;
“Bombardearan la ciudad, nadie está seguro en ella, hay que huir”.
Coloque la carta en el banco del
mirador y me aparte sin quitarle los ojos de encima al misterioso sujeto de la
ventana, el cual a su vez, me seguía con la mirada, tétrico, más que
intimidado, estaba asustado, pero, allá él si se quedaba, me sentía satisfecho
con tratar de ayudarle. Ya podía regresar al centro comercial.
La llovizna tomo más fuerza, por lo
que me di prisa en llegar al refugio. Ya podía verlo, la entrada al almacén
estaba a mitad de la calle. La tormenta llego, las gotas de lluvia eran
pesadas, corrí con todas mis fuerzas, parecía que con cada paso, la lluvia
tomara más fuerza. Llegue a la verja, cruce el pequeño estacionamiento y abrí
la puerta, había llegado.
Reí en voz baja, estaba de vuelta.
Me deshice del poncho con cuidado,
descolgué mi fusil y mi rifle de mis cansados hombros, los puse junto a mi
pesada mochila en el suelo, estire mis brazos y suspire con fuerza, estaba muy
cansado.
—Lucas
—Una voz dulce y familiar, era Anair, en la puerta que daba al centro
comercial, estaba de pie acariciando sus manos, mirándome a los ojos, sentí un
retorcijón en mi pecho, ese sentimiento de nuevo —. Quiero hablar contigo.
Mi estómago se prendió fuego, mis
piernas perdieron fuerza y un eléctrico escalofrío sacudió mi cuerpo. Le
respondí —; Yo también quiero hablar contigo.
CAPITULO 8
Me atrevería a decir que, desde que
había vuelto al refugio después de la visita a la estación de metro, habían
sido los mejores días de mi vida.
Al volver al refugio, Anair me
recibió, quería hablar conmigo, me conto que nunca nadie se había preocupado
tanto por ella, que nadie antes había demostrado tenerle tanto cariño, tanto afecto
como yo. Todo lo que yo había hecho por ella no podía ser opacado por un error
que haba cometido, yo no tenía idea de que la mochila en su habitación era de
su padre, y ella lo atesoraba con tanto amor. Que por solo eso no podía dejar
de hablarme, o siquiera guardarme rencor, y menos con todo lo que yo había
pasado por ayudarle a sanar su herida, por darle lo que nadie antes le había
dado, más que su padre, cariño.
Yo por mi parte le pedí perdón de
todas las formas que conocía, prometí no volver a meter mis narices en donde no
debía, y cuando lo vi oportuno le exprese todo lo que sentía por ella.
Reacciono con naturalidad, con la cabeza gacha y una sonrisa, dio fin a la
conversación y se marchó.
Al día siguiente desperté y ella se
encontraba en el almacén, leyendo, el saludo de buenos días se convirtió en una
charla, la chala en chiste, y los chistes en risas, la pasamos muy bien y así
fueron todos los días, nos teníamos mucha confianza, hablábamos seguidos, no
pasaba un día sin que habláramos cobre cualquier cosa, descubrimos que teníamos
mucho en común, casi todo, desde colores favoritos, hasta donde nos gustaría
vivir. Simplemente, no pasábamos hora del día sin hablar hasta que íbamos a
dormir, ella en su cama y yo en un colchón de un local de muebles que lleve
hasta el almacén, había llegado para quedarme. Hasta que un día.
—Lucas, ¿Te gustaría comer conmigo? —Pregunto
Anair algo insegura.
—Seguro, ¿Por qué
no? Si quieres hasta podría cocinar yo.
Fuimos a su habitación, seguía justo
como la recordaba. Hablamos por un largo rato mientras cocinábamos, no era
mucho, ella preparaba arroz mientras yo freía algo de pescado.
—Me
alegra que hallas vuelto —Dijo Anair —. A
decir verdad, me gusta mucho tu compañía Lucas, todo este tiempo, sola, y de
repentes llegas tú con tus mejores intenciones, es extrajo que algo así pase,
es curioso cómo pueden suceden las cosas.
—Gracias, a mí también me gusta mucho tu
compañía Anair, a decir verdad, desearía que fuera así siempre, hablar contigo
es algo que me relaja, como si hablar contigo me protegiera del exterior, y
estar contigo es como encontrar la paz, eres la única persona que me hace
sentir seguro, como si todo el mal de la tierra desapareciera…
—…Y solo estuviésemos nosotros dos… es
gracioso, porque así es, solo estamos tu y yo aquí. —Anair termino mis
palabras si bien no con malicia, si con algo de sarcasmo.
—Sí, pero, eso tiene sus ventajas ¿No crees?
—Quedamos en silencio por un rato. La comida estaba lista y nos sentamos a
comer, Anair expresó su agradecimiento y su gusto por la comida, yo por mi
parte ni siquiera sentía la comida en la boca.
—Anair, quisiera preguntarte algo. —Me
pareció el momento indicado para hablar muy seriamente con ella, ¿tantas cosas
buenas pasándome a mí? Me parecía muy extraño el comportamiento de Anair desde
que regrese al refugio, solo quería ignorarlo y vivir el momento, pero tenía
una astilla en el dedo y quería
deshacerme de ella. — ¿Por qué has sido
tan linda conmigo los últimos días? No me tomes a mal, lo aprecio mucho y lo sabes
pero… ¿por qué?
Anair demostró vergüenza, se incomodó
bastante con su comentario, no era en absoluto la chica independiente y
caradura que había visto antes.
—No lo sé, Me agradas mucho, ¿Cómo no
hacerlo? Eres tan bueno conmigo…
—
¿Ese es el único motivo? —No podría
ser solo ese, debía haber algo más, yo lo sabía, lo presentía.
—Es que…. Yo… dios… —Ella coloco su car
contra la mesa, nada propio de la chica que me recibió por primera vez en el
almacén —, Esto es difícil.
Mi cabeza daba vueltas, una parte de
mí se hacía mil y un teorías, otra parte mucho más impaciente quería hacer más
preguntas, quería respuestas, y otra parte de mí, muchísimo más alejada de mi
conciencia, solo pensaba en que sería el momento justo para robarle un beso —. ¿Pasa algo Anair?
—
Me gustas. —Anair se puso de pie y se
marchó a su baño.
Sentado, mirando al infinito vacío
de una pared sucia y vieja, rodeada de instrumentos musicales cubiertos por una
pesada y gruesa lona, mi mente había quedado en blanco.
Fue en ese momento cuando todo
pareció tener sentido, empezando por el hecho de que mi cadáver no estuviera
apilado y calcinado en el baño del primer piso. Eso explicaría muchas cosas.
Anair salió del baño y volvió a la
mesa, no pudimos vernos a la cara, recordé que por muy independiente, madura y
fuerte que Anair fuera, era una chica, y mucho menor que yo.
—Y… ¿Desde cuándo? —Pregunte,
contemplando muy detalladamente la mesa frente a mí, Anair seguía con la cara
contra la mesa, no parecía tener intención de mirarme, estaría apenada. La
habitación se tornó algo fría.
—No lo sé, pero todo este tiempo solo, desde
que te eche de aquí, estuve pensando, y me di cuenta de que es así, te has
convertido en alguien muy especial para mí, en retrospectiva me doy cuenta de
que eres la única persona que ha hecho tanto por mí y… no lo sé… tengo frio.
—
¿Anair?
—
¿Si?
—
¿Quieres… —Una helada brisa entro por el agujero que hacía de puerta a la
habitación de Anair, sacudiendo hojas, sabanas, incluso las pesadas cortinas de
la ventana.
—
¿Qué fue eso? —Pregunto Anair, pero
yo estaba igual o incluso más confundido que ella. Se puso de pie y observo por
la ventana —. Dios mío, no puedo creerlo.
—Exclamo, salió corriendo y salió de la habitación. Salte de mí silla tratando
de ver por la ventana pero no conseguí ver nada así que seguí a Anair.
Al salir de la habitación y luego de
la librería, vi como Anair corría por el pasillo, se detuvo un segundo en el
barandal que dejaba ver el primer piso, viendo hacia donde una vez estuvo la
puerta principal del centro comercial, demostró sorpresa con un suspiro y
siguió corriendo al tercer piso. Trate de seguirla pero el correr se me hacía
difícil, mis piernas pesaban. Trate de observar los escombros en la puerta
principal, pero de nuevo no pude ver que había emocionado tanto a Anair. Subí
al tercer piso. Ella se encontraba en el enorme ventanal por el que hace un
tiempo divise la entrada a la estación del metro, dio media vuelta y con una
enorme sonrisa, rodeo el barandal del tercer piso, pasó por mi lado, y siguió
por el pasillo que daba al almacén. Voltee a ver el ventanal, pero no había
nada fuera de lo común, así que me dirigí al almacén. Una vez allí, la puerta
que daba al exterior estaba abierta, la luz que entraba tanto del portal como
de la pequeña ventana a ras de techo, eran enceguecedoras, Anair había salido
del refugio.
Era increíble, jamás había visto
algo así, o al menos eso creí, estaba nevando. Anair giraba sobre si viendo al
cielo como los copos de nieve caían con delicadeza. Me agache para tomar un
puñado de nieve, se sentía como humo en mis manos, no la podía sentir, pero si
ver como se escurría entre mis dedos. Jamás había visto a Anair tan contenta,
tan feliz, viviendo solo el momento, sabía que así era, yo me sentía igual,
pude haber tratado de ir y jugar con ella, pero el solo verla desde la puerta
me era suficiente.
Si Anair en verdad gustaba de mí, me
era suficiente, estaba dispuesto a tratar de hacer lo que fuera para que ese
simple gusto se convirtiera en algo más. Es curioso como las cosas suelen
suceder, como el corazón hace su trabajo, silencioso y constante. Tal vez aquel
día en el que llegue al refugio no fue solo casualidad, en el momento en el que
nuestros ojos se vieron por primera vez supe que algo pasaba, no podía ser solo
casualidad que yo hubiera recuperado la conciencia vagando de nuevo en esta
ciudad, o para ir más lejos ella tenía agujas, y yo en alguna parte, tenía el
hijo, para cerrar nuestras heridas. Estábamos juntos desde hace mucho tiempo,
¿el destino ya estaba escrito? Quizás, solo era cuestión de tiempo para que
nuestros caminos se cruzaran.
—Que frio —Dijo Anair —, iré por mi abrigo.
Se dirigió hacia la puerta, yo estaba
recostado del marco, hipnotizado por su presencia, pero, tan pronto llego a mi
lado, extendí mi brazo costándole el paso, quería terminar de hacer la pregunta
que había empezado en su habitación.
La detuve tomándola suavemente del
estómago, ella se dio vuelta hacia mí, nuestros ojos se cruzaron una vez más, y
ahora yo la sostenía de la espalda, el silencio se apodero de nosotros.
Nuestros ojos lo dijeron todo, y en un acto reflejo, más rápido que el de mi
brazo cortándole la entrada al almacén, nuestros labios se unieron.
El tiempo dejo de ser tiempo,
convirtiendo los segundos en una eternidad. Mi pasado, mis penas,
desaparecieron. El mundo entero desapareció, dejándonos en un infinito vacío, a
Anair y a mí en el marco de esa puerta. Sus labios, suaves y delicados, dulces
y algo carnosos, se alejaron de los míos, abrimos nuestros ojos, y con un
intercambio de miradas, aparte mis manos de ella, y antes de que pudiera decir
nada, se marchó, entro nuevamente al almacén y luego al centro comercial.
Pensé que iría a buscar su abrigo,
así que me senté en el colchón que tenía el almacén, a esperar. El mundo entero
se fue al diablo, mis pensamientos eran inexistentes, en ese momento, para mí,
solo existía Anair.
~~~
—Lucas —Una voz dulce y familiar, era
Anair, en la puerta que daba al centro comercial, estaba de pie acariciando sus
manos, mirándome a los ojos, sentí un retorcijón en mi pecho, ese sentimiento
de nuevo —. Quiero hablar contigo.
Mi estómago se prendió fuego, mis
piernas perdieron fuerza y un eléctrico escalofrío sacudió mi cuerpo. Le
respondí —; Yo también quiero hablar
contigo.
—Escucha, sé que no debí tratarte así, en
ningún momento. Sé que solo queras ayudarme, y a decir verdad yo… Lo siento
Lucas, perdón por echarte así. —Sabia cuando a alguien se le hacía difícil
hablar, decir las cosas, yo había estado en la mima situación muchas veces.
—No Anair, soy yo quien debe pedir perdón, lo
arruine, no debí hurgar en tus cosas, sé que he hecho cosas estúpidas, en serio
lo siento.
—No es tu culpa, no sabías lo que hacías, yo
solo, lo que trato de decir es que… —Anair tomo un profundo respiro —, nunca nadie, en el tiempo que llevo aquí, me
había tratado como tú, nunca nadie había hecho tanto por mí, y yo lo aprecio muchísimo,
créeme pero, no quería involucrarme, trataba de evadirte, creí que serias como
los demás, que terminaría como siempre…
—
¿A qué te refieres? —Pregunte
confundido, ¿Qué terminaría como los demás? ¿Calcinado en un baño del primer
piso en una pila de putrefactos cadáveres?
—El caso es que, en las semanas que estuviste
fuera después de echarte, me di cuenta que, me gusta tu compañía, eres
distinto, lo sé, me agradas mucho y… no sé, desde el primer día supe que no
eras como los demás, gracias por todo Lucas.
—Te quiero Anair… a mí también me gusta mucho
tu compañía. Perdón por todo, y por cada momento en el que te hic sentir mal, o
incomoda. —Me acerque a Anair, quise intentar algo, ella respondió de
inmediato en forma de un abrazo, el más cálido y afectuoso que me habían dado.
Todo cambiario a partir de ese momento, estaba seguro.
~~~
Una fuerte explosión me despertó,
nada me pareció tener sentido, ¿Qué había pasado? ¿Me había quedado dormido
esperando a Anair? Si, así fue, era de noche, lo pude ver por la ventana.
Anair no había vuelto, y entonces lo
recordé; el bombardeo, la ciudad seria destruida, ¿Cómo demonios pude
olvidarlo? Todos estos días había estado tan despreocupado, tan feliz con Anair
que la destrucción de la ciudad había desaparecido completamente de mi cabeza.
Recapitulando rápida y feroz mente, las palabras de la Escritora vinieron a mi
cabeza; “Destruir la ciudad tomara varias
semanas” Pero, ¿Cuánto tiempo había pasado desde que la Escritora me había
dicho eso? Tenía que advertirle a Anair y rápido.
Mientras bajaba las escaleras del
tercer al segundo piso, pensaba en todo lo que había pasado entre Anair y yo
los últimos días, ese beso, ese beso fue lo dijo todo, podíamos estar juntos,
podríamos salir de aquí, ir y vivir juntos, en paz, en la ciudadela a la que
Leo y Mika se habían marchado hacía varios años, era el plan perfecto, era mi
nuevo sueño, mi nueva y única meta.
—
¡ANAIR! —Grite frente a los escombros
que daban a su habitación. Parecía no haber nadie. Una explosión se escuchó a
lo lejos, lo nervios me invadieron, así que me di el derecho de entrar.
Anair estaba sentada en su sofá,
Anair vestía un pijama, se preparaba para dormir. Hojeaba un viejo cuaderno.
—Anair, debemos salir de aquí.
— ¿Qué? ¿A qué te refieres?
—
¿Acaso no escuchaste? Van a bombardear la
ciudad entera, debemos salir de aquí —Me veía directo a los ojos con una
anormal serenidad —, Moriremos si nos
quedamos aquí.
—Lucas, yo no me iré del refugio. —Sus
palabras me parecieron insensatas, absurdas y estúpidas, ¿quedarse en una
ciudad que sería destruida? ¿Por qué?
—
¿Qué dices? ¿Por qué? —Una explosión
se hiso sentir sacudiendo el lugar, se acercaban, podía sentirlo
—Te lo conté hace un tiempo ¿Lo olvidaste?
Mi padre me ordeno quedarme aquí, no me
pienso ir por nada del mundo.
En verdad planeaba hacerlo, quedarse
aquí en el centro comercial, en la ciudad, por las instrucciones de su difunto
padre —. ¿Es en serio? Ya ha pasado mucho
tiempo desde eso, todo ha cambiado, morirás si te quedas. — Las bombas
empezaron a llegar, se escuchaban y sentían cada vez más cerca
—Mi padre seguro tenía un plan, seguro, mi madre viene en camino, a sacare
de aquí, a llevarme con ella, tal vez ella sea quien destruyendo la ciudad. —Me
pareció una locura, nada de lo que decía tenía sentido para mí, debía sacarla
de allí, o moriría.
—No, no te dejare aquí. —Sabía que la
pared que separaba su habitación con la librería estaba débil, así que rebusque
en el lugar, entre al baño y la tubería de la ducha sobresalía de la pared, la
tome y despegue por una de las oxidadas uniones, el resto de ella era bastante
maciza y resistente. Anair se puso de pie al escuchar el desastre, y se quedó
observando como quien ve a un psicópata —. Toma
tus cosas, nos largamos de aquí.
Empecé a asentar fuertes y precisos
golpes con la punta del tubo a la pared, buscando quebrarla, Anair gritaba,
preguntaba que hacía, peor mantenía distancia, sabía que podía hacerle daño. La
pared empezó a ceder, creándose de a poco, lo había logrado. Unos golpes
después, logré romper la pared en un punto sobre la trampilla que hacía de
puerta a la habitación, agrandando el agujero del tamaño de medio hombre. Las
bombas golpearon la ciudad, y venían más hacia nosotros.
—
¡Lucas! ¿Te volviste loco? ¿Qué demonios
has hecho? —Anair lucia asustada, pero no tenía otra opción.
—
Te amo Anair, no te dejare morir aquí por
una promesa que le hiciste a tu padre. —Tome su mochila de su cama, sacudí
varias caja, tome sus zapatos y ropa y los puse dentro de la mochila, me la
colgué del hombro y en un forcejeo, la alce a ella también. Pataleaba quería
que la soltara, pero yo no la dejaría, la arrastre por el agujero al pasillo
del segundo piso. Me gritaba y golpeaba, empezaría a llorar en breve, lo sabía,
pero el sonido de las bombas acercándose me preocupaba más que sus sollozos
quejidos.
—
Suéltame, Suéltame, suéltame —Repetía
constantemente mientras golpeaba mis hombros. Subía las escaleras al tercer
piso con bastante dificultad, cuando de pronto. Una explosión fuera del centro
comercial hiso que perdiera el equilibrio y callera en los metálicos escalones,
Anair no se lastimo por suerte, pero mientras trataba de levantarme, otra
explosión, muchísimo más fuerte impacto en un costado del centro comercial, en
la habitación de Anair —. ¡NO! —Grito
ella, desgarrando su garganta seguido por un fuerte llanto, me golpeaba para
regresar, pero no pude dejarla, habían roto la pared, su habitación se había venido
abajo, La alce nuevamente, esta vez con más facilidad, se había debilitado, no
podía dejar de llorar. Trate de consolarla pero fue inútil.
Ya en el tercer piso, corrí tan
rápido como pude mientras nuevamente, una bomba, golpeaba el centro comercial
esta vez en la entrada, las escaleras mecánicas del segundo y tercer piso se
vinieron abajo, pude escuchar el metálico sonido golpeando con el hormigón,
entre al almacén, y Anair en una fuerte sacudida, se zafo de mis brazos,
cayendo al suelo, se levantó lentamente acercándose al pasillo de done veníamos.
—
¿Por qué haces esto? —Pregunto en llanto —, Yo debía estar ahí, déjame en paz, si no
hubieras vuelto nada de esto había pasado. —No era mi culpa, solo quería
salvarla.
—
No es mi culpa, pudiste haber muerto
allí, tenemos que irnos, conozco un lugar en donde podríamos vivir en paz,
felices, juntos, sin armas, sin peligros, solos tu y yo. Solo, debemos salir de
aquí.
—
¿Tu que sabes? No hay lugar seguro, de
igual forma moriremos, y si he de morir, no quiero que sea afuera, mi madre
vendrá, y me iré lejos, lejos de todo esto, y estaré a salvo.
—Pero, en caso de que te vayas, no podríamos
estar juntos — Una última bomba golpeo el lugar, partiendo el almacén a la
mitad, dejando una caída bastante profunda a las entrañas del edificio. Una
parte del almacén, la que comunicaba con el resto del centro comercial, se inclinó,
sedería y caería, ahí estaba Anair. La otra mitad, en la que yo me encontraba,
daba a la calle, a la salida.
Anair no respondió, me veía desde
allí con los ojos empapados en lágrimas, me di cuenta de que le daría igual si
se marchaba, si no volvía a verme, partiéndome en pedazos el corazón. Tenía que
hacer algo al respecto, o dejarla allí, y salir o tratar de salvarla. El tiempo
se paralizo, tenía solo tres opciones.
La primera; Saltar hacia ella, y tratar sacarla conmigo de allí. La segunda; Saltarcon ella y quedarme a su lado. O la tercera; Quedarme ahí, observando,dejándola cumplir su plan de esperar a su madre para marcharse.
Debía elegir rápido, cada segundo
contaba, ¿Qué haría?
