Había elegido, tenía que saltar y
llevarla conmigo, la amaba demasiado como para dejarla morir allí.
Salte hacia ella, permaneció inerte,
sorprendida, le tome de la cintura y con todas las fuerzas que tenía la arroje
al otro lado de la habitación. Callo con fuerza en el suelo, pero no parecía
haberse lastimado pues volteo a verme muy rápidamente, Anair estaba a salvo.
Era mi turno.
La grieta que separaba las dos
partes del almacén se agrandaba, la estructura empezó a ceder, le techo me
caería encima, retrocedí para tomar impulso, y justo en el momento en el que
inicie la carrerilla para saltar, todo se vino abajo, no pude seguir corriendo
de la impresión, solo pude observar como Anair me veía a la cara desde la
salvedad del almacén, ojos llorosos y llenos de pensamientos, transmitiéndome
un sinfín de sentimientos, recuerdos, palabras, “Te amo”.
Lo último que escuche fue el sonido
del concreto golpeando mi cuerpo, y entonces, desperté una última vez.
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Lucas había terminado su relato,
perplejo de recordar con tanto detalle aquel largo y profundo sueño que había
tenido hace unas horas, no era raro en él, solía recordar sus sueños, pero
nunca ninguno como este, tal vez había sido efecto secundario de las pastillas
que se había auto recetado.
—Wow, amigo…
Wow…. —Dijo Leo, Sentado en la sala del departamento de Lucas -el cual
usaban como sala de ensayos- sorprendido. Estaba más que acostumbrado a que
Lucas le contara de vez en cuando los sueños que tenía, en más de una
oportunidad eran historias asombrosas, o relatos que servía de inspiración para
componer algunas de sus canciones —. Oficialmente
te volviste loco…
—jajá,
sí, creo que sí, pero, sabes que los sueños tienen una explicación, yo solo
digo que, debería hacer algo al respecto, ¿Sabes?
— ¡POR
FIN! —Exclamo leo con entusiasmo —. Llevas
más de tres años enamorados de Anair, ya deberías decírselo. Quién lo diría
jajaja, estar drogado y medio muerto por casi dos días seria lo que te haría
actuar de una vez, deberías hacerlo más seguido. Ve a ducharte, ya es hora de
irnos, de nuevo, gracias por el almuerzo.
Leo había ido a recoger a Lucas, ese
mismo día tenían un evento, tocarían en vivo en un gran festival de música de
la cuidad, y Anair estaría ahí.
Lucas
podía sentir como algo dentro de él se agitaba con fuerza, su cabeza interpreto
todas y cada una de las señales que su subconsciente le envió en aquel largo y
profundo sueño. El agua de la regadera le acariciaba mientras pensaba con
detenimiento cada palabra que le diría, por fin, a Anair. Estaba decidido.
Con
el tiempo había aprendido que los sueños no son solo sueños. Todo en la vida
tiene una razón de ser, de existir, nada sucede “porque si”. Las casualidades
no existían, todo tenía una explicación. ¿Suerte? ¿Destino? Todo formaba parte
de lo mismo, como bien había escuchado en una oportunidad “si es para ti, ni
que te apartes”.
Salió
de la ducha, se vistió y camino a la sala, Leo le esperaba con su bajo y
amplificador, el resto ya estaba en su auto, abrió la puerta de su departamento
y se dirigió al elevador, al cerrarse la puerta de este, sintió que ya no había
vuelta atrás, tocaría y hablaría con Anair.
Anair
y Lucas habían sido amigos durante años, se habían conocido en un evento igual
al de esa tarde hacia casi 5 años. Hablaban casi todo el tiempo por internet, y
se habrían visto un par de veces, en el centro comercial, en la academia a
donde solía ir Anair a tomar cursos de canto. Anair sabía muy bien que Lucas
sentía algo por ella, y a su vez, Lucas pensaba en que si no le habían mandado
al cuerno en tanto tiempo, seria por algo. Leo y Mika los habrían visto juntos,
sabía que había una chispa, peor Lucas siempre negó la idea por el simple hecho
de que Anair nunca había expresado nada al respecto.
El
paseo del departamento al salón de eventos se le hiso eterno. Leo alentaba a
Lucas de hacerlo, de hablar con Anair de una vez, este por su parte, en ya casi
cuatro años de enamoramiento, nunca se había sentido tan decidido. Lo haría,
pondría fin a su silencio y sepultaría su cobardía.
Habían
llegado, ese era el lugar en el que todo cambiaria.
— Hola
muchachos, por fin llegan —Saludo Mika desde la entrada, indico a donde se
estacionarían, y al bajarse del auto, dio un fuerte abrazo a ambos —. ¿Dónde te habías metido Lucas? ¿Por qué no
contestabas mis mensajes? Me tenías preocupada.
—Es una
larga historia. ¿Dónde nos instalamos?
—Por
allá, empezaran a tocar en una hora, prueben sonido y estará todo listo. Leo,
¿Puedo hablar contigo? —Mika llevo a Leo al otro extremo del auto, Lucas
tomo su Bajo del maletero y camino hasta el escenario, el público había
empezado a llegar.
Después
de probar sonido, se les informo a Lucas, Leo y los otros dos integrantes de su
agrupación –El vocalista y baterista- que serían la penúltima banda en
presentarse, la sexta en subir al escenario, debían dar un buen espectáculo,
pues darían paso a la última banda, la más popular de la ciudad, la favorita de
muchos.
Lucas
llevaba tiempo presentándose en vivo con Leo, solían sustituir con aburrida
frecuencia a los integrantes de su banda por motivos diversos, por lo cual ya
no sentía el mismo pánico escénico que las primeras tres veces en subir a un
escenario. Ya era algo casi de rutina. Y como una tradición no escrita, bebió
con su banda antes de su presentación, cerveza, vodka, ron, cualquier cosa que
pudieran, lo que importaba era pasarla bien, y transmitir su diversión al
público.
Las
8:45 p.m. había llegado su momento, subió al escenario, tomo su bajo, el
cantante de la agrupación los presento y empezaron a tocas. Las palmadas al
ritmo de sus canciones no se hicieron esperar. Ya estarían tocando su última
canción, luces por todas partes, iluminando al público, y entre la muchedumbre,
Lucas reconoció a una persona, una chica, cabello castaño con luces color miel,
grandes y hermosos ojos café, con un suéter azul eléctrico casi destacando
entre las demás personas a su alrededor. Esta chica estaba unto a Mika,
viéndole fijamente, era Anair.
Lucas
sentía como su bajo sonaba con fuerza, sus notas eran claras y precisas,
acompañaba el solo de guitarra al ritmo de la batería, saltaba junto al
vocalista, era su momento, sentía que brillaba cual estrella de rock en un
estadio de baseball desbordado de personas. La adrenalina y euforia había
abandonado su cuerpo, la canción había terminado, saludaron al público por
última vez, y con un último repicar de tambores e improvisados acordes,
cerraron su espectáculo.
Saltaron
a tras escenario. Exaltados, cansados, y con ganas de más. El concierto seguía,
pero pasarían un par de minutos antes de
eso. Mika se acercó a felicitar a los agotados muchachos, les ofreció ir a
beber algo a la barra del lugar, no se hicieron de rogar y fueron.
—Leo,
¿Le dijiste a Lucas? —le pregunto Mika a Leo, tratando de que Lucas no
escuchara, pero era tarde, lo había oído.
— ¿Decirme
que? —Pregunto un nervioso y todavía exaltado Lucas. Leo lo tomo del hombro
y lo aparto del grupo, lo cual no le calmo para nada.
—Cuando
llegamos, Mika me dijo que, había hablado con un amigo de Anair que vendría con
ella, le conto que Anair se iría, se mudaría a la capital, Mika me pidió que te
lo dijera, yo no quería hacerlo, no quería arruinarte… nada.
Lucas sintió un nudo en la garganta, y
tenía miedo a saber más, pero no pudo evitar preguntar al respecto.
—Y…
¿Cuándo se ira?
—A
finales de mes… Lo siento amigo…
¿Así terminaría todo? ¿Anair se iría
sin más? No, no podía ser el final. Tanto tiempo esperando el momento indicado,
tantos regalos, tantas horas hablando, tanto tiempo conociéndose el uno al
otro, no podría ser el fin, no podía acabar así.
Lucas
aparto a Leo de su camino, y fue en busca de Anair, ignorando los saludos de
varios conocidos atravesó la muchedumbre tratando de divisar el cabello y
suéter de Anair, debía estar en algún lado. Al cabo de un tortuoso minuto, la
encontró, estaba de espalda, hablando con un par de amigos.
—Anair
—Saludo Lucas, de pie, inmutable, sentía como su estómago se revolvía. Como sus
manos parecían arder en fuego —. Hola…
Anair volteo de inmediato, reconoció
la voz, y con una enorme sonrisa, respondió.
— ¡Lucas!
Hola, ¿Cómo estás? Tocaron bi…
—
¿Me permites un minuto? Necesito contarte algo. —No había tiempo
que perder, era ahora o nunca. Lucas alejo a Anair de la multitud hasta casi la
salida del lugar. Estaba listo —. Anair,
tengo que decirte algo, seguramente ya lo sabes, pero creo que es momento de
que me exprese como… como se debe —Respiro muy profundamente, las palabras
que había ensayado durante todo el día se anudaron en su garganta, no hallaban
orden para salir, Anair pro su parte, le observaba critica directo a los ojos,
sabia casi con exactitud lo que pasaría, ya en una ocasión Lucas había
intentado decláresele, peor en un golpe de nervios, no pudo decir nada más que
“te quiero” por lo que vio este momento como una segunda oportunidad. La banda
de turno empezó a tocar—, Nos conocemos
desde hace mucho tiempo, desde que te vi por primera vez, me pareces alguien
súper excepcional, eres creativa, talentosa, hermosa, amo hablar contigo, casi
todos los día espero el momento en el que hablemos, me gusta salir contigo,
cuando estamos juntos me siento en las nubes, me siento especial, me siento
único, y sinceramente, me gustaría sentirme así siempre, pero es algo que solo
consigo estando a tu lado. Y, me gustas mucho, desde el primer día, y te
quiero, quisiera estar contigo, a tu lado.
Lo había dicho por fin, Lucas sintió
como si le hubieran amputado la mitad del cuerpo, se había quitado un gran peso
de encima. Lo había dicho. Anair pensó por un momento, para luego decidir a
donde irían a parar todos estos años de amistad.
— Tu
también me gustas Lucas, desde hace tiempo, esperaba con ansias que algún día
dijeras todo lo que acabas de decirme, pero, has cometidos tantos errores, que
no sé, yo quisiera estar contigo, pero, más allá de perdonar todas tus metidas
de pata y darnos una oportunidad, no sé si funcione. Me mudare a otra ciudad.
—Lo se…
—Si
— ¿Y
qué? —Pregunto Lucas con los ojos húmedos. Anair se sorprendió, no tenía
respuesta a esa pregunta —Quiero hacer
algo que nunca he hecho por pensar en mi pasado, en mi futuro, ¿y si solo
vivimos el momento?
— ¿Vivir
el momento? —Dijo Anair en una risa nerviosa.
—
Si, ¿Y que si te vas? Démonos una oportunidad, de cualquier forma…
Anair agacho la cabeza, rio una vez
más, e intercambio una profunda mirada con Lucas.
— ¿Y
qué?
Lentamente tomaron sus manos y
entrelazaron sus dedos, momento que Lucas había anhelado por mucho tiempo, mano
que Lucas desearía no soltar nunca más. ¿El destino habría hecho su trabajo?
Quien sabe, pero su momento había llegado, y estaban dispuestos a vivirlo y
disfrutarlo como si fuera una eternidad. Vivir un sueño. Vivir sus sueños.
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Y
allí estaba yo, en una vieja estación de tren a mitad del bosque. Ya me había
acostumbrado al lugar. A veces hacia tanto frio que debía meter mis brazos
dentro de mi chaqueta. A veces hacia tanto calor que la única prenda que
llegaba a usar era mi pantalón.
Si
me aburría tomaba mi diario y dibujaba, limpiaba mi viejo rifle, o simplemente
cantaba en voz alta. Si me cansaba de estar sentado, caminaba alrededor de las
vías del tren. Si me daba sueño, Tendía una manta en el taburete y dormía un
poco. Pero la mayor parte del tiempo me la pasaba pensando, acariciando y
rascando mi poblada barba, pensando; ¿Cuándo volvería aquel tren que hace tanto
tiempo me dejo en esta estación? ¿Cuándo volvería aquel tren que hacia tantos años
llevo a Anair de vuelta con su madre? ¿Cuándo aquel tren volvería por mí?